Imaginarios

Luis Carlos Rojas García

Recuerdo que cuando llegué a este país del norte, un amigo muy querido me contó la historia de la maleta. La maleta que traemos los viajeros que no solo está atiborrada de ropa sino también de todas esas cosas que en su momento nos dañan o nos ayudan a salir adelante. Una verdadera metáfora llena de sentimiento y de realidad.

Pues bien, con el paso del tiempo esta metáfora se ha convertido en una realidad para mi perspectiva de foráneo y no es para menos. En el último año he conocido todo tipo de historias y eso incluye mi propia historia. Así es, cientos de personas viajan o, viajamos, con la ilusión de encontrar una nueva vida, un nuevo camino o simplemente una manera de salir adelante y de sacar adelante a los nuestros.

Sí, muchos llegan buscando esa oportunidad que les cambie la vida, otros solo quieren aprender el idioma o estudiar, otros llegan huyendo de sus países de origen, otros simplemente por gusto, algunos con mentiras y otros tantos porque se metieron en la burbuja del sueño americano y creen que todo en sus países de origen es mera y física mierda.

No obstante, la realidad cambia abruptamente cuando las personas tienen que enfrentar la cotidianidad, el día a día o diario vivir. Cambia cuando tienen que enfrentar el idioma, el racismo, el rechazo; cambia cuando tienen que buscar trabajo, cuando tienen que trabajar las 40 horas semanales que a veces parecieran mucho más o cuando tienen que doblarse para poder pagar lo que el sistema exige. Cambia cuando tienen que ver a sus familias destruidas o cuando tienen que tragar entero para no tener que regresar.

Imaginarios, muchos viven de esos imaginarios creyendo que todo lo pueden, que aquí o allá se van a llenar los bolsillos, pero, no es así. Por supuesto, se pueden alcanzar ciertas comodidades, pero, para el extranjero siempre habrá un porcentaje más alto que para el local.

Por esta razón, no dejo de sentir cierta hilaridad cuando, por casualidad, observo algún vídeo de esos YouTubers que viven por estas tierras y que se la pasan hablando de una serie de cosas que lo único que hacen es alimentar una ensoñación en la gente de afuera que no es cierta.

Hablan de todo y cada cosa, pero a la vez no dicen nada. Por supuesto, es entendible, no pueden morder la mano que les da comer. Pero, deberían decir cosas como, por ejemplo, que un proceso bien hecho, cuesta dinero, tiempo y esfuerzo. Cosas como por ejemplo que, depende al sitio que se llegue sí o sí se necesita un idioma y a veces hasta dos porque así lo exige el sistema. Cosas como por ejemplo de la necesidad de fortalecer los lazos familiares para no caer en la locura, en la depresión o en el mismo suicidio, tan común en países como estos, es más que una necesidad.

Lamentablemente, muchas de estas personas solo hablan de ayudas, de dólares, de paisajes, de las grandes oportunidades y convierten la realidad del extranjero en una fantasía que se derrumba y que causa todo tipo de frustraciones cuando no se tienen los pies sobre tierra. Sobre todo, en aquellos que se metieron en la burbuja antes de llegar.

Por todo esto y mucho, mucho más, no dejaré de criticar a todos aquellos que no paran de desinformar a la gente que está pensando en irse a otro lugar. Lo hacen en su afán mezquino de ganar algunos likes o algunos centavos para poder seguir viviendo su sueño o, en muchas ocasiones, su pesadilla maquillada.

En resumidas cuentas, debo decir que no es fácil, no importa por dónde se mire, no es fácil, no importa la estrategia, no importa las condiciones, cambiar de país no es y nunca será fácil. Todo lo demás son pajazos mentales que llaman o imaginarios para poder soportar la realidad.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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