“La carta y la contestación”

Miguel Salavarrieta

En este país de curiosidades, semana tras semana algo asombroso llama nuestra atención, pero ya estamos tan acostumbrados que estos hechos no solo indignan al público por lo inconcebibles sino que queda espacio para los mensajes de rechazo, mordaces, pícaros, irónicos y de un fino humor negro.

Pasamos de una semana donde la noticia fue el irracional asesinato de 21 cadetes de la policía para llegar a este septenario con la revelación de que luego de esperar tres meses a que los gringos enviaran a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) las pruebas que tienen contra Jesús Santrich han descubierto que la solicitud del expediente nunca llegó al país del norte porque se encuentra extraviada en Panamá.

Sin lugar a dudas este bochornoso capítulo difícilmente, por su dimensión, tendrá una razonable explicación final. Es que no se trata de una epístola cualquiera, pero en fin, no ha pasado nada, eso sí muchos indignados y otro tanto de creativos “sacándole jugo” a este caso.

Es que el caso es muy particular, tan singular como “la carta y la contestación” picaresco y exitoso tema musical del maestro Álvaro Dalmar, referente a la misiva que envió en diciembre 12 de 1956 a New York pidiendo la mano de su enamorada, con tan buena suerte que su mensaje no se embolató en Panamá, pero tan de malas que lo que se le embolató fue la propuesta de matrimonio al responder su suegra “que mi hija que en verdad es muy bonita no se la doy a cualquiera menos sin platica” .

“Bogotá diciembre 12 del año 56. Señora Elisa Rodríguez calle 10 número 3. Estimada doña Elisa le deseo de corazón que al recibo de carta se halle en buena condición“.

Sé que soy feo pero gracioso, gordo y chiquito pero sabroso, que soy más pobre que san Antonio pero con ganas de matrimonio… “, reza el encabezado de la carta de Álvaro Dalmar.

Y hablando de cartas sentidas, no perdidas, esta esa hermosa composición “la carta que no envié”, de autor anónimo, que hizo célebre Gonzalo Ayala, cuyo primer poema dice: “No sé dónde estás y esta carta la escribo no por ti, no por lo que eres, tal vez por el pasado….”.

Claro que esta misiva se ajusta más a las condiciones del exguerrillero Iván Márquez, cuyo paradero es incierto.

Mientras todo este alboroto sigue la “trazabilidad”, en la Picota Jesús Santrich al tiempo que se pregunta “cuándo, cómo y dónde” se extravió la carta “pasa los días” más tranquilo porque “quizás, quizás, quizás” no lo extraditarán.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, periodista independiente.

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