La corrupción política… ¿razón de química o de historia?

790_10151286450163654_412769748_n

Habrán escuchado que este continuo fenómeno en nuestros dignatarios representantes políticos se trate de los trágicos resultados de una herencia por parte de nuestros antepasados precolombinos, si habláramos del “avivato”, que parece venir en nuestro código genético y por ende, en nuestra sangre; un capricho y a veces una cualidad inherente a la naturaleza del colombiano. Sin embargo, creo que gracias a lo que me quedó de mis clases de química en mi edad escolar, hallé una razón más lógica y ‘remasterizada’ a la cual pueden empezar a echarle la culpa, como siempre lo hacemos, sólo que ésta vez no se trata en lo absoluto de la vaca.

Si hablamos de química, que por cierto, para más de uno fue un dolor de cabeza cuando estaba en el colegio y me incluyo, tendremos que aplicar simples matemáticas para llegar a la raíz de este descabellado problema que nos ha venido restando desarrollo a los colombianos durante tantos años. Pudieron haber llegado al poder grandes personajes que hicieron de la política un sueño para alcanzar el progreso del pueblo, dejando al lado por un momento los amargos capítulos y a los malhechores que lentamente querían apoderarse de esos sueños y abastecer su placer individual, como si a una historia bíblica se sumara, ya que no ha cesado ese enfrentamiento tanto intelectual como bélico entre el bien y el mal jodiéndonos a los colombianos y fraccionando nuestro espíritu, que a pesar de tener todas las oportunidades para ser un país potencia, tanto en recursos humanos como en recursos naturales, en éste, nuestro caso, la línea del tiempo tiene una naturaleza especial y llega a dividirse en un punto que parte en varios caminos, paradójicos, por cierto; nos hemos encerrado en la cueva, como cuenta el mito de Platón, eso sí, todavía en una época prehistórica. Como diría aquel filósofo y periodista Daniel Samper Pizano en su libro Lecciones de Histeria de Colombia: “los colombianos, aunque conozcan su historia, están condenados a repetirla…”.

¿Seríamos tan desgraciados como para estar condenados a semejante viacrucis? ¿Ni siquiera la Curia Romana aposentada en el Vaticano y de índole universal por medio de sus oraciones y liturgias podría salvarnos? ¿Será bebernos o fumarnos éstas penas entre amigos, continuar y olvidarlo todo?

Creo firmemente que la decisión de nuestro futuro está solamente en las manos del pueblo colombiano, único con el poder de darle una nueva imagen a la política, no sólo de la fe católica que nos caracteriza. ¡Los niños!, ¡los jóvenes! Tienen las herramientas y la osadía para darle un rumbo más próspero a ese Titánic que anda perdido en el Atlántico, en medio de tantos icebergs.

Así, por fin dejaremos de desvelarnos días y noches pensando en qué será de nosotros y conversándolo con el vecino. Si tenemos el talante para unas tantas cosas que nos han mantenido donde estamos, dichosos y a veces tristes ¿por qué no usarlo para avanzar a la sociedad que tanto hemos soñado y con más razón, para la cual los caminos del desarrollo ya están más que dados?

Por: Sergio Alejandro Riveros 
Egresado del Conservatorio de Ibagué. Especializado y Técnico en Música,
Periodista Juvenil,
Integrante del Consejo Municipal de la Juventud 2012-2015.
@SergioRiveros_

Deja un comentario