La cultura de Ibagué en 2014

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Tomada de Internet

Yo trabajo es con la plata de los demás”, me dice un ‘escritor’ de Ibagué al que me presentaron y que en 2013 publicó varios de sus libelos, que por supuesto nadie leyó, pero que sí fueron reseñados por la prensa local, como la nueva faceta de la poesía tolimense. Cuando el escribidor me explica la ecuación (cual gerente de banco o contador) en la que interviene una editorial con impresos sobrevendidos, la secretaría de Cultura de Ibagué, y otras yerbas, es que caigo en la cuenta del poderoso negocio en que se ha convertido la cultura de la capital tolimense.

Hablémoslo claro: la cultura de Ibagué, se volvió un redituable negociado para unos pocos. No solo con la edición de libros, como el ejemplo anterior: los cientos de títulos que publica la Universidad del Tolima, a sus profesores, y que se apilan en su librería de lujo de la calle Décima, y que por supuesto nadie cita, lee, o referencia, a no ser por el comité de aduladores de turno.

Tan desmeritada resulta la producción de libros, que la muestra literaria de escritores del Tolima llevada a la Feria del Libro de 2013, fue contratada con un comerciante radial de Ibagué, que al no tener ni idea de eso, subcontrató a un personaje de Líbano que mostró libros de superación personal, egotecas en vez de bibliotecas, y demás títulos que no merecen ni una reseña. En la Feria del año pasado, también ocurrió algo raro, pues no se llevó la muestra conjunta entre la Gobernación del Tolima y la Alcaldía de Ibagué, lo que sí se hizo en el año 2012. En 2013, solo la Gobernación, y su secretario de Cultura Mauricio Troncoso, hicieron posible la presencia del Tolima en la capital de Colombia.

A ese tenor, resultó más interesante y colorida la feria de don Carlos Rojas, ‘Kar Has’, que dice haber escrito más libros que Vallejo, pero que por lo menos les paga a los escritores que dan sus charlas y conversatorios, algunos venidos allende de nuestras fronteras. La feria de Rojas, fue instalada en unas carpas multicolores, en la plazoleta Darío Echandía de Ibagué, que antaño iba a ser convertida en un ominoso café de paso, estilo Juan Valdés.

El concurso literario Ibagué en Flor, que se realiza año tras año, y que no deja más que unos carteles exhibidos por la carrera Tercera, con los poemas ya repetidos de algunos conocidos y otros ilustres famosos. Los organizadores, perciben millonarios ingresos por patrocinio de entidades públicas y privadas, y hasta subvenciones del Ministerio de Cultura, pero poco les gusta aplicar lo que en economía se denomina como “la redistribución del ingreso”: en 2012, el escritor Jesús Alberto Sepúlveda, denunció el impago de uno de los premios que se había ganado. En respuesta, Edgar Varón, directivo de Ibagué en Flor, contestó con un comunicado público en el que informaba que así estaba ajustando cuentas con Sepúlveda por un cuadro que se le perdió, de una sociedad ‘cultural’ que ambos tuvieron en el pasado.

Mientras tanto, unos pocos siguen luchando por la cultura, sin recursos y casi en solitario. Sobrevive uno que otro cine club, como el de la Universidad del Tolima, el del Museo del Arte, o hasta el del “doctor Pantalla” en el hotel Casa Morales, donde el año pasado disfrutamos de ciclos de Kurosawa, Hitchcock, o del espagueti western; mientras que Cinemark se empeñó por llevarnos a cintas comerciales o de “cine hamburguesa”, como lo denominan algunos críticos, que te llenan pero no te alimentan. En diciembre y fin de año, anunciaron por todo lado El Paseo III, un machete de Dago García, que se volvió recurrente y al que una reseña de la revista Semana comparó con Woody Allen, que “porque escribía y dirigía una película al año”. Habrase visto mayor impudicia.

En 2013, realizadores locales presentaron documentales como Por el lecho del mohán, de Yamyle Ramírez; La Estación, de Edgar Aya; Lola y la Patasola, de Harold Feria; y uno del colectivo Cine lápiz. También se produjeron cortometrajes: Por el sendero, con guión de Carolina Triana; El Jardín, de Betty Alba y Mauricio Romero; y Corderos del mal, de Mauricio Bejarano. Todos, emprendimientos en solitario, y que se vieron en concursos o proyecciones privadas, sin contar con la difusión en masa de otros productos comerciales.

De ponderar, las muestras que han traído el Museo de Arte del Tolima, y la sección cultural del Banco de la República. Esta última, exhibió a finales de 2013 una selección de grabado del maestro Roda. Planes que en Ibagué, no cuestan un peso, y solo requieren de disposición y atención.

Ojalá en 2014 las cosas cambien y la oferta cultural mejore. Se anuncia que cumple veinte años el grupo de teatro Juete, que nació en la Universidad del Tolima, dirigido por Nanky Castro, el cual proyecta la presentación de varias obras interesantes. También regresaría la librería y tertuliadero Cuatro Palabras, de Orlando Ávila, a quien muchos todavía recriminan por haber cerrado ‘La Guacharaca’, imperdible centro cultural de los años noventa en Ibagué.

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Feria del libro en la plazoleta Darío Echandía

Este año, será de poca edición de libros, por lo menos en el primer semestre, porque estamos en ley de garantías, y los gobiernos no podrán desvarar a los autores que se habituaron a “vivir de la segura mula del presupuesto”. La atención cultural y editorial, se desviará hacia la denuncia penal que elevó el pintor Alejandro Viana, contra un académico de la historia del Tolima, por presunto plagio de una de las obras del padre del artista; libelo que fue realizado con un presupuesto millonario (estatal, por supuesto), y que está dedicado al alcalde de Ibagué Luis H. Rodríguez.

En un diálogo que sostuve con el secretario de Cultura del Tolima, Mauricio Troncoso, me dijo que en este año pensaba sacar adelante el proyecto de convertir la cafetería del Teatro Tolima, en una librería o centro cultural donde los autores pudiesen presentar y comercializar sus obras, o charlar y tomarse un café. Mientras en la Gobernación, apoyan estas iniciativas, la Feria del Libro, y otros eventos culturales, nos deja pensando la entrevista que concede la secretaria de Cultura de Ibagué, Ángela Viviana Gómez, al diario El Nuevo Día, donde la funcionaria sale en ropa de cama, y contando ciertas intimidades, lejos de lo que debería ser su trabajo por la cultura local.

Quizá nos hayamos vuelto banales, intrascendentes o triviales, pero lo cierto es que en Ibagué sí se mueve la cultura: al ritmo de los negocios o de los que prefieren la dignidad antes que venderse, según sea el postor u oferente de turno.

 

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