La educación y filosofía tributaria

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La Constitución Política indica el deber de contribuir a financiar gastos e inversiones públicas de forma equitativa y justa. Este deber constitucional se encuentra sustentado en la aportación solidaria en beneficio de la colectividad social. De ahí que la dimensión social de los tributos es evidente. Por ello, el deber de contribuir equivale a un deber social. De manera que quien incumple el deber de contribuir está incumpliendo un deber social.

Pero desafortunadamente en nuestro país se frecuenta una cultura en la que la práctica de la evasión tributaria se concibe como uno de los mecanismos legitimados para no cumplir con el deber de contribuir. Es más, se ha identificado, como un paradigma que ha venido ganando terreno día a día, que al ciudadano incumplidor se le considera como un ejemplo a seguir por el resto de la colectividad. En otras palabras, “si José evade el pago de impuestos, yo también puedo y lo haré”.

Fortalecer este odioso paradigma dificultará al Estado obtener recursos necesarios para cubrir el gasto público, así como el cumplimiento adecuado de los fines esenciales del Estado. Además, da lugar a que pierda o reduzca la concientización tributaria. Hay que combatir entonces este paradigma. Conviene señalar que la ausencia de concientización tributaria está muy ligada al modo característico de cada país y bastante relacionada con la intensidad (mayor o menor) de insatisfacción de los ciudadanos.

La falta de conciencia tributaria tiene su origen entre otros factores en la ausencia de educación tributaria. Por eso en nuestro país se debe difundir y aplicar con frecuencia la educación tributaria por cuanto es el punto de partida de la concientización tributaria. La educación tributaria es la filosofía tributaria que necesitamos.

Esta es la mejor filosofía porque busca establecer de manera racional los principios más generales que orientan el conocimiento de la realidad frente al rol del Estado en el cumplimiento de los fines estatales. Con ella contribuye, además, a entender la razón de ser del tributo respecto del financiamiento del gasto público (social). Desde luego, la educación no es solamente enseñar a los ciudadanos que el Estado requiere de recursos necesarios para cubrir el gasto público sino también difundir la ética (tributaria). La ética como parámetro de conducta obliga o invita al ciudadano a reflexionar que el deber de tributar es un deber constitucional, que también es un deber social.

Resulta entonces conveniente y necesario que en las reformas tributarias incluyan un articulado acerca de la implementación de educación tributaria en las instituciones educativas; en la educación superior, por ejemplo. Con esta propuesta contribuye a que la sociedad tome conciencia sobre el deber de contribuir como un deber social, que entienda la filosofía o razón de ser del tributo, logrando con ello la aceptación de que el tributo hace parte de la convivencia social.

Por: Carlos F. Forero Hernández

Abogado tributarista y contador público.

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