La educación: ¿para qué?

Luis Carlos Avendaño

Luis Carlos Avendaño

Salen los pelaos a vacaciones, comienza el dolor de cabeza para muchos padres, que se sienten sencillamente: “encartados” y no saben qué hacer con sus hijos.

La educación, en un país de locos, también es igualmente chueca. Tengo más de un conocido quien decidió dejar la labor docente al ingresar a colegios privados pensando que iba a cambiar al mundo y, por citar un solo ejemplo de casos curiosos: se dio cuenta que tenía que regalarle el año al hijo del teniente, o al nieto del gerente de no sé cuál famosa empresa o si no, le daban el ácido: “ha sido un placer trabajar con usted aquí”. Estoy hablando de estudiantes vagos, algunos de ellos más malos que Caín, pero con severa palanca. No todos, pero muchos de este tipo de estudiantes saben que con lo de su pensión le pagan una quincena a un docente y eso a veces se lo recuerdan al profe de turno. Eso sí, en las aulas hay muchos, muchísimos chicos y chicas educados, quienes valoran al docente, colaboradores, con objetivos claros para su vida, así como los hay bien altaneros, sabedores de sus derechos pero desconocedores sus deberes. Hay quienes saben que hasta la madre se la pueden echar a uno en el salón pero que si usted les alza la voz o se le sale una mala palabra –un profesor es humano- se mete en la grande, de una vez le dicen que eso le queda mal, que como se le ocurre, que un profe debe ser un ejemplo, para la sociedad, un santo y que lo van a sacar por la emisora la Cariñosa pa´ que aprenda.

Pero, la educación también anda pailas por motivos de nuestra idiosincrasia. Si un maestro va a hacer algo diferente y/o creativo en el aula, ¡la lleva! Es posible que los mismos alumnos se quejen y otros lo hagan por medio de sus papás. Como la educación sigue siendo muy tradicional, el maestro quien ose salirse de lo convencional lo tildan de loco y lo peor: un alto número de sus colegas comenzarán a sacarle el rabo disimuladamente y a pelarlo por su actuar. Hasta llegan a calificarlo como ‘mal elemento’. Como si fuera poco, es probable que el coordinador de turno piense que ese profe ‘raro’ le quiere mover la butaca y entonces comienza el “otro matoneo” del cual casi no se habla. Hay coordinadores de esta clase que hasta brindan asesorías gratis a los padres de familia para que se escriban cartas a la rectoría –con copia a la Secretaría de Educación- con tal de que saquen a ese profe del plantel, pues ese circunstanfláutico maestro e un verdadero peligro pa´ la sociedad; ¡hasta puede que sea un infiltrado de un grupo al margen de la ley!

A propósito de coordinadores, hay muchísimos quienes se quiebran la espalda por el mejoramiento de la calidad educativa, pero por otro lado, los hay quienes fomentan murmuraciones y forman en los colegios “redes de cooperantes” para recolectar chismes de pasillo y mantenerse bien informados. Lo triste es que hay profes -¡que los hay los hay!- que se prestan para esos juegos y se la pasan, cual guarichas, llevando comentarios a sus jefes para asegurar el contratico del año entrante, vestidos siempre con el disfraz de la hipocresía. Este grupo de profes “lleva y trae” no necesitan innovar en clase, ni actualizarse, ni dar lo mejor de sí, y siempre resultan premiados como los mejores de los mejores al final del año escolar. Son ellos quienes más ayudan a que naveguemos en medio de la mediocridad en la cual sucumbe la educación en los actuales momentos.

Otra joda que se inventaron dizque para mejorar la educación fue el sistema de gestión de la calidad (SGC), que tiene cosas buenas, pero que hace que el maestro sea cada vez más robot y menos humano. Un profe de los colegios donde se implementan esos sistemas, o sea, todos, se la pasa llenando papeles y manejando no sé cuántas plataformas en la web y no le queda tiempo en la casa ni para rascarse las….piernas. Hay colegios que pagan unos muy buenos salarios pero no compensa por el hecho de que se pierdan cosas esenciales en la vida de un hombre como el compartir en familia un domingo, por ejemplo. Un rector de un plantel educativo no tiene la culpa de meterse con esos SGC, es una imposición que viene de arriba y toca obedecer o lo sacan y luego salen con el cuento chimbo de que “él se sacó solito; nadie lo sacó, fue el SGC quien lo sacó”.

El SGC tiene que mostrar positivos –a veces produce falsos positivos- por lo cual, por ejemplo, un coordinador debe buscar el profe más buena gente o el que le caiga mal para detectarle una falla, incluirlo en un plan de mejora y mostrar que el SGC sirve pa´ algo. Las planillas del docente deben ser impecables aunque el alma de más de un integrante del SGC este más negra que la noche.

En Colombia sólo se prepara al estudiante para una cosa: el Icfes, eso lo sabe todo el mundo, pero no para que sea un buen ser humano, aunque hay muchos planteles que intentan llevar de la mano la razón con los valores y la espiritualidad. En medio de esta locura, en la noche, mientras chatea, guasapea, come, se saca un moco, ve el reality de moda y mata no sé cuántos vampiros en un juego de consola, el hijo de un educador le dice a su papito que le ayude con una tarea que le dejaron acerca de qué es el SGC, pues al colegio donde estudia pronto lo van a “certificar”, y el profe-papá está tan mamado de intentar dar cumplimiento a ese SGC en su en el cole donde trabaja que su respuesta es zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.

Por: Luis Carlos Avendaño López, profesor, caricaturista.