La evolución del audiovisual de terror

Luis Carlos Rojas García

Sé que el tema de hoy en día es la política y solo la política y pareciera que no hay nada más de qué hablar o escribir. Por esta razón, he decidido refrescar el asunto con un tema que a lo mejor solo le interese a unos pocos, aunque prometo no dejar de lado algunos asuntos de interés general. Por otro lado, debo escribir que hubiese preferido tener como título en este artículo algo así como: La evolución del cine de terror; sin embargo, la palabra audiovisual encierra tanto al cine, cortometraje o filminuto, así como a las series televisivas que hoy por hoy han tomado tanta fuerza; de hecho, se podría decir que dichas series no tienen nada que envidiarle al cine en cuanto a tecnología, efectos, personajes, historias, guiones, puestas en escena, entre otras cosas que han creado un nuevo escenario de entretenimiento y que es difícil sacar de nuestras vidas.

No obstante, atrás quedó el miedo con las historias cuya narrativa sobre vampiros, hombres lobos, momias, demonios, exorcismos y por supuesto zombis, causaban escalofríos y no dejaban dormir a grandes y chicos. Y no es por falta de producción de dichas historias, no, lo que sucede es que ya no causan terror; y no lo causan a lo mejor porque las produjeron tanto que nos acostumbraron a verlas o porque hemos visto tanto horror en la vida real que un vampiro chupa sangre es gracioso o un ataque zombi una fantasía casi sexual.

Entonces, ¿A qué le podemos llegar a tener miedo en materia audiovisual de terror en estos tiempos de política de espanto, asesinos dentro de las familias, violadores igual de familiares, abuso policial, corrupción y en general? Pues bien, aunque parezca difícil de creer, el terror actual se relaciona con la tecnología. Así es, las series de televisión, el cine e incluso, las nuevas leyendas urbanas o narrativas populares, hablan de redes sociales que obligan a las personas a cometer todo tipo de atrocidades, así como sembrar el terror entre la población con campañas publicitarias que solo buscan enriquecer a unos y otros o mejor, a los mismos de siempre quienes como el cine y la televisión de terror, han evolucionado en su manera de contar las historias que causan miedo y que ya sea por ignorancia o por estar tan acostumbrados al terror, la gente termina creyendo y aceptando.

Ahora bien, uno de los ejemplos más claros sobre esta evolución es una serie original de Netflix llamada Black Mirror: https://www.youtube.com/watch?v=qFPK5ISGOSw, en donde cada capítulo es diferente, aunque sus historias están relacionadas con el terror que causa la tecnología en la humanidad. La serie cuenta con la participación de diferentes directores, actores reconocidos, bandas sonoras clásicas y modernas con arreglos musicales que se ajustan a la narrativa tecnológica. Por otro lado, los capítulos cuentan historias sobre abejas robot, perros mecánicos asesinos que funcionan con sistemas electrónicos modernos, personas ligadas a un celular o a recibir likes para ser aceptados en sociedades de consumo aterradores, mucho más aterradoras que la de ahora, nanotecnología en implantes que sustituyen parte del cuerpo o que ayudan a recordar o a grabar información de la vida diaria, entre otras cosas que por más que parezcan salidas de la cabeza de un grupo de ingenieros o aficionados de la tecnología, hacen parte de nuestra realidad y de lo que vivimos en el denominado: ¡Siglo de las tecnologías! Un siglo que en realidad parece apocalíptico, en donde la realidad supera la ficción y la ficción se nutre de la grotesca realidad para crear productos de entretenimiento que nos pone a pensar a unos y a consumir a otros.

En resumidas cuentas, el audiovisual de terror ha evolucionado a la par con la dudosa evolución humana. Narra historias que, aunque no causan el pánico de antaño, si nos pone a reflexionar sobre los alcances que tenemos con nuestros avances y hasta dónde vamos a llegar. Aunque creo que hoy por hoy ya tenemos claro que el ser humano está dispuesto a todo, incluso a autodestruirse por un minuto de fama o por querer controlarlo todo, absolutamente todo. Por esta razón, no es raro encontrar manipulación de todo tipo en las redes sociales o la nefasta desinformación que se bombardea a diario en este lugar que es como la biblia de muchos y como el complejo de periodista de otros; tampoco es raro encontrar que hasta en los vídeos más simple y sin edición se tiende a manipular; lo mismo ocurre con las fotografías de caras sonrientes o parejas felices, los escritos, los memes y ¡Cómo no! Las noticias provenientes de los medios y ¡Claro! No puedo dejarlo pasar, la publicidad de los políticos corruptos que ganan elecciones a punta de terror. Y que quede claro que no he nombrado a los Duques, Uribes, Pastranas y a toda esa ralea que parece salieron de los mismísimos infiernos para gobernar al mundo.

Finalmente, voy a decir que mientras el hombre destruye al mundo con alguna invención tecnológica, yo voy a seguir disfrutando de un género que pese a la cantidad de clichés que maneja o convenciones como le llaman algunos, sigue siendo uno de los favoritos de pequeños y los grandes, sigue siendo la excusa perfecta para abrazar a nuestra paraje o a nuestros hijos en el cine o bajo las cobijas, un género que nos deja volar la imaginación más ahora que parece que por fin se acerca el final de los tiempos de la raza humana y que de las profundidades de la tierra emergerán monstruos y demonios que le darán la bienvenida al Apocalipsis. ¡Claro que con tanta cosa jodida que vemos en nuestro país y el mundo esto sería una verdadera fiesta!

Por: Luis Carlos Rojas García, docente, cineasta.

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