La Ibagué anónima…esa que pocos conocen

Una tarde de esas de “bochorno” de sol picante de congestión y de mucha bulla en el centro, decidí darme un paseo por esa atribulada ciudad, me adentre con valentía en esa casi impenetrable realidad que nos borra a diario la monotonía. Descubrí un nuevo mundo, el mundo del rebusque, del más vivo, del poderoso y del débil, del honrado, del amigo de lo ajeno, de la mujer fácil, del mentiroso, del ocioso, del mendigo, del verdadero menesteroso, del niño en la calle, del pan viejo, del licor barato y de una profunda e infortunada injusticia. Pude observar un panorama que nada le envidia a una jauría que a costa de todo busca su beneficio…y bueno a veces de los pocos que le rodean, vi una ciudad diferente, vi tal vez mi verdadera Ibagué, no la musical, no la que sueña con ser turística y amable. Es la Ibagué que a diario viven miles de hombres, mujeres, niños y ancianos que deben “guerrear” para conseguir algo con que comer.

Durante el tiempo que mis pasos recorrían metro a metro zonas desconocidas de esa ciudad que es de todos pero que a la postre no es de nadie, descubrí también las consecuencias de la elevada cifra de desempleo, vi como muchos caminaban sin rumbo y con la mirada perdida abrigando en una vieja y trajinada hoja de vida la esperanza de tener el rotulo o de elevar el estatus a empelado. Pude observar que los delincuentes pululan sin dios ni ley, (escribí dios con d minúscula por respeto al todo poderoso que no puede hacer nada porque nos dio el libre albedrío), buscando con rapidez la victima o la oportunidad para asestar el golpe del día y tener una “traba” plena o bueno a veces por alimentar a un abundante grupo de chiquillos que también han vagado por esas calles.

Observe también con asombro al nuevo rey de la calle, el soberano empleo informal, que se han convertido en el eje central de una paupérrima dinámica económica que huye cuando es espantado por la policía que cumpliendo miles de ordenes de los Altos Tribunales, buscan recuperar el espacio publico, ¿Pero para quién ese espacio?, bueno…eso que respondan los que “saben”.

Me aterró conocer la cantidad de familias desplazadas que con carteles que causan más tristeza exponen su realidad con errores de ortografía que relatan en silencio una cruel inequidad social y una dolorosa desocupación de nuestros campos, que por muchas razones los han obligado a vivir en la selva de concreto elevando las cifras de miseria, de desempleo y de muerte.

Un fuerte dolor de cabeza impidió que mi recorrido continuara, no sé qué pasó, lo que sí es cierto, es que a muchos de nosotros, de usted amigo lector, nos hace falta con una responsable frecuencia caminar por esa Ibagué oscura y real, nos falta conocer la radiografía verdadera de nuestro entorno de nuestra gente, nos hace falta conocer el dolor, el hambre, la soledad y la desesperanza que se refleja en los ojos de cada una de esas personas que se convierten en victimas de un sistema, de un estado que los desconoce.

Una pregunta final, ¿Somos socialmente responsables?

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