La mácula, un periodismo posible

Imagen de referencia.

Edwin Gutiérrez un joven ignoto periodista ibaguereño, haciendo lo que solo saber hacer el buen periodismo a lo largo de estos nueve siglos de abandonar el oscurantismo occidental, es decir esquilmar a esa fe paranoica basada en un mito hebreo judío llamado Jesús, dio apenas una semana atrás en re-publicar un texto de 1998 publicado en el desaparecido semanario Tolima 7 Días (octubre 14 de  1992), franquicia comercial politiquera de la otrora poderosa corporación mediática de la familia Santos.

Desde una mención de la editora política, Larisa Pizano, en la censuradora revista Semana la cual supieron borrar a la fecha de esta columna, pasando por la de  Noticias Uno, la del portal de RCN, de Pulzo.com, la del invasivo Publimetro.com, hasta Caracol.com, incluida la mención de Daniel Samper Pizano, o la del senador Gustavo Petro además del inusitadamente alcance internacional de la esquiva Telesur.net

Mas al final tan solo fue el veterano y ético periodista, antiguo corresponsal de El Tiempo, editor y reportero de radio noticieros regionales en un abanico de radioemisoras desde la desaparecida Voz del Nevado hasta Ecos del Combeima, del igual extinto Telenoticiero de las 7 y de otros tantos, cuando Colombia era solo tres cadenas de televisión pública y dos periódicos diarios nacionales, Humberto Leyton León, quien el pasado domingo cuatro de agosto de 2019 dio el justo crédito a su joven paisano y colega, en su portal de noticias El Cronista.co (la columna polémica que escribió hace 21 años el hoy Presidente Duque).

Los antioqueños, los caleños, los costeños o cualquiera de los otros advenedizos negociantes de la comunicación en la Ibagué o el Tolima, desde que apareciera hace siete décadas la vieja Ondas de Ibagué o se imprimiera el diario El Combate, sabrán reconocer lo propio, por propio.

Pero la macula existe, no por benévola sino por frentera, como antaño.

Como don Tulio Varón, como don Quintín Lame, como don Adán Izquierdo, como don Jerónimo Galeano al cual le cayeron las diez mil bombas de la Usaid que orgullosa le asesinaba, gracias a uno que otro apátrida tolimense, y que hoy nos enseña a hacer “buen” café y a salvar al planeta, junto a su meretriz alias Cortolima, la puta no científica de nuestras cuencas usurpadas que ni siquiera conoce.

Sin embargo, la Revista El Gallo y su joven mentor Edwin Gutiérrez, supieron este 2019 desmanchar la vileza que nos viste, desde 2002, sin más: 17 largos años, toda una generación perdida en el odio y en el engaño.

Y pensar que la prensa nacional ni le nombró, porque justo así nos ven, como los hermanos menores.

Mas no importa, vale la única y sempiterna mención de Humberto y su Cronista.co

Qué más da, gracias a Edwin y a noveles periodistas ibaguereños como él, le supimos dar al poder donde más le duele (al menos por un instante, por un solo  instante, antes que sus revistas censuradoras les disipen): en su rotonda moral de peleles.

Saltimbanquis, funámbulos, mequetrefes, don nadies ora arropados de asesinos ora de presidentes de la nada, que tras el contundente recuerdo de Edwin, el joven astuto periodista ibaguereño, solo le atinan a parlarle a la galería: «He superado muchos de mis prejuicios».

 La nada mental e intelectual.  El Padrino Pelao.

El padrino pelao, en 1930 con la voz de Gardel y su guitarra, la letra de Julio Cantuarias:

«Aquí, en esta casa,

osté no me entra.

Me son dado coenta

que osté es un colao.»

 

¡Saraca, muchachos, gritemos más fuerte!

¡Uy Dio, qué amarrete! Ni un cobre ha tirao…

¡Qué bronca, muchachos! Se hizo el otario.

¡Gritemos, Pulguita! ¡Padrino pelao!”

Usted no me entra, aquí en esta casa del Ibagué, señor Duque, usted es un colao.

Gracias Edwin.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.    

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