La maldición de Armero, la historia detrás de la historia

De la tragedia de Armero se han dicho y escrito muchas cosas, algunas de ellas ciertas otras no tanto. Un ejemplo claro de ello es una película sobre la tragedia en mención, que sin bien es cierto fue un asunto comercial, también es cierto que el resultado fue realmente nefasto. No exagero cuando escribo que ha sido una de las peores películas que he visto, mas, porque ni siquiera se acerca a lo acaecido, y para rematar, como si se tratase de un aprendiz de cine, el director se centra en una historia chabacana e insípida que logra hacer que quienes conocemos lo que pasó en la ciudad blanca, terminemos odiando la película. El problema de situaciones así es que las personas que no saben mucho de lo ocurrido, terminan creyendo en lo que ven en la pantalla o escuchan por ahí.

No obstante, esta columna no se trata de semejante esperpento, no. A lo que me voy a referir a continuación es a una de las tantas leyendas que se levantaron después de la avalancha. Incluso, hoy en día no es raro escucharla por parte de algunos creyentes y los dedicados al tanato-turísmo en el actual Armero: me refiero a los guías y comerciantes que encontramos en el lugar y a los turistas por supuesto. De hecho, fue así como me encontré esta particular historia.

En uno de mis viajes a la ciudad de Honda conocí al padre Luis Eduardo Nieto Lucena. En medio de la charla me preguntó que, si había escuchado algo sobre el mártir de Armero, a lo que le respondí que si se refería al sacerdote que habían asesinado de una manera espantosa dos días después del Bogotazo. Efectivamente el padre Nieto hablaba del sacerdote Pedro María Ramírez Ramos, a quien le hicieron el proceso de beatificación y de quien se escribió el libro El beato Mártir de Armero, trabajo realizado por el periodista y escritor huliense Vicente Silva Vargas. El padre Nieto me contó que él había sido entrevistado por Silva, ya que conoció al Mártir en su época de infancia, y, además, porque el beato había sido muy allegado a su familia. Entonces, aproveché y le pregunté si era cierto que dicho Mártir había maldecido a Armero y a sus habitantes antes de morir. El padre Nieto sacó un artículo que él mismo escribió hace unos años en donde cuenta lo que sucedió en esos días.

Armero. Imágenes, suministradas.

Ocurrió que al sacerdote Pedro María Ramírez Ramos lo tenían amenazado de muerte por ser conservador. Él sabía que en cualquier momento lo iban a matar; para su infortunio y como todos ya sabemos, con la muerte de Gaitán se desató una ola de violencia sin precedentes en todo el país. Al padre le dieron una noche para que guardara algunas cosas y al día siguiente fueron por él. A diferencia de lo que piensan muchos, el sacerdote Ramírez escribió tres cartas, una al Obispo dando las gracias por haberle permitido laborar en Armero, otra a las hermanas que le ayudaron y otra bendiciendo al pueblo y a sus habitantes. Aunque eso no bastó para que lo asesinaran cruelmente y lo arrastraran por el pueblo delante de todo el mundo. No obstante, la dichosa maldición sí fue lanzada, pero no por el mártir, sino por el Obispo de Ibagué, Monseñor Pedro María Rodríguez Andrade, quien dijo lo siguiente según el documento escrito por el padre Nieto:

Por cuanto Armero deshizo al sacerdote que le fue enviado, no vivirá dice el señor Dios… no se apartará de allí la mano del Señor con la justicia y el rigor. No los libraré ni del rayo, ni del terremoto, ni de la muerte repentina porque allí fue vertida la sangre del inocente… Esa sangre se convertirá en maldición y me causa náuseas la ciudad que rebosó la copa de la abominación. Maldigan los ministros del Señor por cuanto no hubo hombre ni mujer que tomara la defensa del sacerdote. Yo requeriré esa sangre de las manos de los que tenían el poder… sus moradores tengan desgracia en casa y fuera de ella; en la ciudad y en el campo; en la vigila y en el sueño; sea que pasen o se detengan; en su carne y en sus huesos y de la cabeza a los pies no tengan nada sano. Que caiga sobre la ciudad la maldición de Moisés con respecto a los hijos de la iniquidad: que su nombre sea borrado del libro de los vivos… y sea borrada de la faz de la tierra… que sea devorada por los elementos descontrolados de la naturaleza y su suerte sea con los ángeles rebeldes, si no se enmienda. Amén”.

Dicha maldición les causó reproches por muchos años a los pobladores de Armero a quienes llegaron a llamar “los matacuras”. Por este hecho, no pudieron celebrar la eucaristía durante varios años, ni eran visitados por sacerdotes, y si por casualidad en el tren que pasaba por Armero iba algún grupo de sacerdotes, estos le daban la espalda al pueblo; incluso, se rumoraba que el pueblo estaba maldito, y no era para menos con semejante anatema que, curiosamente, años más tarde coincidió con uno de los eventos de la naturaleza más devastadores de todos los tiempos.

Si bien es cierto, la maldición de Armero y sus habitantes no fue más que una simple coincidencia, como ya lo he manifestado, también es cierto que actualmente se sigue pensando primero, que fue el mártir quien pronunció tan desagradables palabras, y segundo, se sigue contando esta historia a todos los turistas que visitan el lugar; de hecho, después de conocer la historia escrita en el documento y narrada por el padre Nieto, fui a visitar el lugar en donde tiraron el cuerpo del sacerdote asesinado, a unos metros del cementerio, y me causó curiosidad escuchar a uno guía contando justamente la historia de la maldición del cura asesinado. Intenté corregir su versión, pero tanto el guía como los turistas me callaron diciendo que así había sido y que nos les importaba saber nada más.

En resumidas cuentas, queda claro que detrás de la historia de la maldición, está la muestra fehaciente del comportamiento intolerante que ha reinado por años en este país, así como la ignorancia profunda madre de muchas calamidades. Las personas por lo general prefieren creer lo que escuchan sin investigar, sin leer; dan por cierto lo que otros dicen, lo que ven en las películas desastrosas como la mencionada anteriormente, se aferran a las redes sociales y terminan distorsionando la verdad de los hechos y armando sus propias películas. No obstante, y como ya lo he dicho y escrito en otras oportunidades: detrás de la historia siempre habrá otra historia.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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