“La mentalidad del atraso en Latinoamérica”

ALBERTO_DELGADO

Muy respetuosamente hoy me permitiré compartir con todos ustedes un artículo de Ricardo Vélez Rodríguez escrito hace un tiempo ya, pero que cae como anillo al dedo frente a las circunstancias de trato a los clientes en la ciudad de Ibagué. Ya sea el conductor de buseta que arranca su automotor sin que el usuario (niños, adultos y personas de la tercera edad) hayan terminado de subirse al vehículo o el funcionario de turno que ni siquiera levanta la mirada para saludar y atender al usuario, por ello recordé este artículo llamado: “La mentalidad del atraso en Latinoamérica” que comparto con ustedes:

“Cada día es más evidente que las cuestiones relacionadas con el desarrollo o el subdesarrollo de los países tienen bases culturales. El desarrollo de un país está en proporción directa con el espíritu de trabajo, de libertad, de pluralismo, de competitividad, de ética en los negocios, de solidaridad social. Paralelamente, el subdesarrollo implica bajos índices de realización de estas variables por parte de los ciudadanos en un determinado país. Siempre me ha impresionado mucho el tiempo que se gasta en nuestros países, por cuenta de la falta de una ética de la eficiencia profesional entre las personas. Es el médico o el abogado que no actualizan sus conocimientos profesionales. Es el empresario que quiere “sacar tajada” en su actividad profesional, aunque perjudique a la sociedad y obstruya el buen desarrollo de los negocios. Es la secretaria que no sabe redactar una carta o que comete errores constantes en la dactilografía de documentos. Es el burócrata que está ahí para desinformar a quienes lo procuran en la oficina gubernamental. Es el mensajero que gasta la mitad de su tiempo de trabajo observando en la calle a los tragadores de fuego o a los culebreros. Es el mecánico que nos devuelve el carro peor de lo que estaba. Es el funcionario del banco que se distrae conversando con su colega, mientras atiende confusamente y de mal agrado a los clientes. Es el enfermero que no sabe aplicar bien inyecciones, etcétera.

Es mi costumbre observar las filas y tratar de descubrir el motivo que las mantiene siempre vivas. 90% de los casos se podría afirmar sin exageración que al comienzo de toda fila hay un funcionario mediocre o una organización ineficiente.

Ante un caso de flagrante ineptitud profesional- como en los errores médicos, por ejemplo – la victima siente que reclamar es mal visto. Las personas que protestan por los malos servicios son consideradas, en nuestros países, como conflictivas. Es algo que impresiona, cuando se compara este comportamiento con el de ciudadanos que viven en países dominados por la cultura de la eficiencia. Es muy común ver a un francés, a un inglés, a un norteamericano o a un alemán defender con uñas y dientes el derecho a ser bien atendidos en aeropuertos, farmacias, clubes o almacenes.

Nosotros, los latinoamericanos, sentimos vergüenza de luchar por nuestros derechos del día a día. Hay como que un pacto de mediocridad, mediante el cual no exigimos el respeto a nuestros derechos civiles, a trueque de que ni el gobierno ni los otros se metan en nuestras vidas. “Ande yo caliente y ríase la gente”, dice el adagio castellano. La ineficiencia profesional es la otra cara de la moneda del insolidarismoclánico que nos afecta desde nuestros orígenes.

Si las personas que viven en un país hacen ese pacto en favor de la mediocridad, no hay poder humano que saque a ese país del subdesarrollo y del atraso. Podrían inventarse ideologías resentidas para explicar las propias miserias – como el tercermundismo: “somos pobres porque los otros son ricos”-. Pero mientras no nos encaremos seriamente, identificando en nuestras creencias colectivas y en nuestros hábitos los anti valores del espíritu clánico y de la ineficiencia, no saldremos adelante.

Esa toma de conciencia corresponde a un proceso amplio y duradero de educación para la ciudadanía, que se debe realizar ya en la primera infancia. Por haber comprendido esto, los coreanos del sur y los otros tigres asiáticos están hoy golpeando a las puertas del primer mundo. La profesión de profesor primario es, entre ellos, una de las ocupaciones más valorizadas social y económicamente. ¿Y en nuestros países?
Qué lejos estamos de valorizar la formación de la conciencia ciudadana, dándoles importancia a nuestros maestros – lo que implica prepararlos profesionalmente con denuedo y remunerarlos dignamente.

Nunca saldremos del atraso sin mudar nuestra mentalidad. Y esta solo mudará si decidimos ahora, valorizar a los que completan en la escuela la educación de nuestros hijos”.

Para terminar, una pequeña pregunta de mí parte:

¿Qué proyectos existen sobre cultura ciudadana y cultura del servicio en la ciudad de Ibagué?

Este es un tema al que poco o nada se le presta atención, la ciudad cada día más sucia, (los ciudadanos,si es que se les puede llamar así, pues el concepto de ciudadano atañe muchas responsabilidades que hoy no se evidencian en la región) tiran todas sus basuras en las calles, se ve desde los automotores como se arrojan vasos y bolsas desechables y el ciudadano de a pié pone su propia cuota, es el conductor que se parquea sobre la cebra y si se le reclama sabe contestar con una muy bien aprendida grosería. Hace poco vi como un taxista le pitaba con desespero a una anciana y aceleraba su vehículo amenazándola con atropellarla porque se estaba demorando mucho en pasar una intercepción. ¿Qué pasó con las buenas costumbres y el respeto por nuestros conciudadanos? ¿Por qué olvidamos tan rápido las enseñanzas de nuestros abuelos y padres sobre el respeto al otro?… Solo espero que a través de estos medios de comunicación, podamos poner nuestra pequeña cuota de reflexión sobre la responsabilidad que tenemos como seres humanos y ante todo como personas de bien.

 

Por: Alberto Delgado, economista 

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