La muerte que no es natural

Juan_D._Ortiz

Hay un dato que me tiene preocupado: cuatro muertes de jovencitas que no superan los 22 años de edad, me han dejado atónito durante los últimos días. Tres decesos  por motivos naturales y uno a causa de suicidio. Me abstengo de dar nombres y dictámenes médicos para no herir la susceptibilidad de familiares o amigos que lean esta columna, pero sí, la tasa de mortalidad a causa de muertes naturales en personas jóvenes ha incrementado en Ibagué.

Es raro escuchar que muere un joven por causas naturales porque todos tenemos la idea de que los únicos que pueden morir de enfermedades o “achaques” de la vida son los ancianos, los que ya han cumplido un ciclo en este mundo y necesitan descansar.

Se llegaría a pensar que una fuerte causa de fallecimiento en personas jóvenes son los accidentes de tránsito, suicidios o a causa de la violencia, pero dentro de la investigación respectiva encontré un dato interesante. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), Por primera vez en 50 años están muriendo más de 6 millones  de jóvenes anualmente entre 15 a los 24 años. Agobiante saber que me encuentro en ese rango de edad y que todavía no quiero morir; angustiante pero real.

Ibagué viene de unos acontecimientos fuertes respecto al tema de suicidios. Niños quitándose la vida de manera absurda harían pensar que debemos atacar este zurriago que nos azota desde el aspecto sicológico. Sin embargo, me surge una pregunta ¿Por qué la gente joven ya no es tan resistente, inmunológicamente hablando, como en épocas pasadas que era raro escuchar una muerte? ¿Será por el mundo en el que estamos, que parece más un productor de virus e infecciones, que de vida?

Me pongo en los zapatos de los padres de estas jovencitas. Es duro muy duro. Solo hay que vivirlo en experiencia propia para poder decir “lo acompaño en su dolor” como generalmente uno dice en un velorio.

Hay que estar preparado, dicen por ahí. ¿Pero quién está preparado para morir? Y más un joven. Nunca se está preparado. Es sorprendente y aterrador ver el crecimiento de las cifras que demuestran la muerte de jóvenes por motivos no provenientes de la violencia.

Duro cuando es un amigo con el que se compartió, el ocupante de un ataúd y uno se pregunta ¿por qué? Ojalá en la otra vida lo pueda entender.

Por: Juan David Ortiz

*Estudiante Comunicación Social y Periodismo

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