La nauseabunda forma de utilizar a Dios para fines politiqueros

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La teología, incluso por encima de la política, es quizás el tema que más me ha apasionado en la vida contando la mayoría de áreas del conocimiento. Es por esta razón, que desde muy niño me encaminé de manera determinante en el estudio de la ciencia bíblica y de tratar de descifrar los misterios que envuelven al universo.

El paso por varias religiones y sus diversas formas de interpretar las escrituras, me han llevado a concluir que no es el tipo de creencia el que define qué tan buenos seres humano somos, sino las obras y las conductas que hablan por sí solas. De hecho, el mismo Jesús, reprobó algunas prácticas religiosas de su época por su exceso de hipocresía. (Fariseos y saduceos).

A estas alturas decir cuál es la religión verdadera sería una discusión bizantina puesto que el tema es bastante complejo. Más de dos mil años, 21 concilios ecuménicos, cismas y protestantismo, han dejado más diferencias que acuerdos. El cantautor guatemalteco Ricardo Arjona, manifiesta en su canción Jesús es verbo no sustantivo: “en este mundo hay más religiones que niños felices”.

La historia de la humanidad nos cuenta que cientos de guerras se han librado en el nombre de Dios y miles de muertes llevan el sello de la religión. Jesús dijo en su momento: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20:21-25) no obstante, miles de oportunistas con fines politiqueros siguen involucrando al Todopoderoso y utilizando la religión para ganar adeptos de una forma nauseabunda.

A la luz de la Biblia independiente del tipo de religión que profesemos ¿quiénes somos para atrevernos a calificar la condición de un candidato político a los ojos de Dios? La palabra dice que con la vara que uno mide será medido (Mateo 7:2) y existen algunas parábolas entre ellas la del Fariseo y el publicano, en la que el mesías dejó claro que Dios enaltece al que se humilla y aborrece al que se siente libre de pecado (Lucas18:9-14). El mismo Yeshua, evitó que lapidaran a una mujer (María Magdalena) por adulterio e invitó a que lanzara la primera piedra el que estuviera libre de errores (Juan 8:7).

Llevamos más de cinco siglos de haber salido de la Edad Media y del oscurantismo, pero conservamos en nuestros corazones ideas absolutamente inquisidoras. Desde 1991 Colombia fue declarada constitucionalmente un país laico, pero millones de colombianos al parecer quieren retornar al pasado en donde todo aquel que no estaba con lo que decía el Clero era declarado hereje.

La política está llena de fariseos del siglo XXI, que dicen creer en Dios y amarlo pero lo aborrecen en sus conductas: ladrones, mentirosos, calumniadores, avaros, fornicarios, etc. En efecto, de manera inverosímil todavía miles de colombianos alcahuetean y hasta premian a los políticos que realizan estas prácticas porque aducen ser creyentes. Lamento decirles lo que Jesús piensa al respecto: “En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros (fariseos)”. Agrego, que hasta un inconverso llámese ateo o no cristiano, tiene más oportunidad que aquel falso profeta al que Jesús desconocerá (Mateo 7:22-23).

Es la doble moral, la que tiene sucumbida a Colombia en esta cloaca de antivalores. Hemos hecho una Biblia a la medida nuestra, con la interpretación de acuerdo a nuestros propios intereses. Decimos seguir a Jesús, pero en lugar de amar y perdonar a nuestros enemigos, decimos con todo el ahínco que hay que exterminarlos. No tenemos problema en tomarnos el lugar de deidad para asegurar quiénes arderán en el infierno.

¿Qué cristianismo es válido sin amor? ¿Qué cristianismo viene de Dios sin perdón? No nos engañemos, que asistir a un culto religioso no nos hace cristianos. Pueden tomarse fotos, publicar cosas de Dios en el muro de Facebook, pero, Dios conoce a los suyos y es importante recordarle a los creyentes cuáles son los frutos del Espíritu Santo: amor, bondad, paz, mansedumbre, entre otros (Gálatas 5:22-23).

La película Mi nombre es Kahn, narra la historia de un musulmán que vive en los Estados Unidos, sufre el síndrome de Asperger (especie de autismo), y tiene que soportar toda la estigmatización de su religión después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. El protagonista sueña con decirle al presidente del país más importante del mundo que él es musulmán, pero no es terrorista. La mamá de Kahn le enseñó con toda sapiencia que en el mundo hay dos tipos de seres humanos sin importar: raza, ideología política y religión: las buenas y las malas personas.

El libro Cóndores no entierran todos los días, de Gustavo Álvarez Gardeazábal, narra la historia real del líder conservador de Tuluá entre los años 1946-1957, prestigioso hombre religioso, no faltaba jamás a misa y muy distinguido en esta localidad del Valle del Cauca. Detrás de esa fachada se escondía un jefe genocida de un grupo paramilitar de la época (Los Pájaros) que bañó de sangre a Tuluá.

El libro de Eclesiastés en su capítulo ocho dice: “el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo”. Cientos de gobiernos tiranos se han camuflado bajo el supuesto aval de Dios. En pleno siglo XXI cualquier decisión de voto debe ser autónoma y basada en el discernimiento más no en el miedo, ni en la imposición. Jamás olvidemos que Dios no tiene partido político. Mientras tanto sigo inmerso en mi raciocinio muy a lo Isaac Newton: “creo en el Dios que hizo los Cielos y la Tierra y no en el que han hecho los hombres”.

Por: Andrés Leonardo Cabrera Godoy
Comunicador Social
Especialista en Educación Cultura y Política
Docente

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