La obra de Boris Porres en Ibagué

Imagen: suministrada.

Un manejo extraordinario (del color) lo suficiente, como para adentrar en el alma pictórica”, Edgardo Mayorga.

Desde el fascinante e inacabado universo del arte, arribó por estos días a Ibagué parte de la obra del maestro Boris Porres, nombre artístico de Fernando Amaya, procedente de Cali. La técnica del chorreo (dripping) y el derramado (pouring) están presentes en los trabajos de Boris Porres, quien hace algunos años recibiese una mención de honor en el Primer Salón del Arte Joven de la ciudad de Cali.

Parafraseando y traduciendo el lenguaje del artista en las conversaciones recientes sostenidas con el pintor, bien se pueden acudir a frases cortas que se le escapan: “manifestación fascinante, fantasía, belleza y plenitud”, todo ello gracias a un trabajo pictórico que impacta gratamente tanto a la retina como a ese ser subjetivo quien se deleita con los  cuadros de este gran embajador de la Sultana del Valle.

Boris Porres ha trascendido fronteras y ha expuesto, no solo en el occidente del país sino también en Centroamérica y el viejo continente, llevando ese color mágico que solo se produce en nuestra patria, con esa riqueza cultural  tan amplia que hace que cada región del país sea un continente en cuanto a manifestaciones de toda forma artística.

No pocos poetas locales han manifestado el deseo de dar forma poética a las pinturas que, en una colección privada, están de plácemes en la musical.  Hay mucho por decir de los hijos artísticos del señor Porres, no obstante, la ingeniera forestal de la Universidad del Tolima, cantante e intérprete de guitarra, Rocío Gutiérrez, hace un comentario contundente acerca de la obra del gran pintor, al conocer de él y de su obra  de tiempo atrás: “al observar las obras de Boris Porres el ser humano viaja en la nave de la evocación a un universo biótico en el cual corremos el esplendoroso riesgo de sumergirnos”.

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