La renuncia del Papa Benedicto XVI

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Sorpresa, es el calificativo que más se ajusta a lo producido en el mundo entero, luego de conocerse la renuncia del Papa Benedicto XVI, quien permaneció 8 años como máximo líder de la iglesia católica en el mundo.

Es un gran ejemplo la decisión, difícil por demás, tomada por Joseph Ratzinger, quien reconoció que sus capacidades físicas son inferiores al reto de dirigir los destinos del mundo católico, y de la manera más humilde y sencilla dará un paso al costado el próximo 28 de febrero.

Sería maravilloso y casi un milagro que algunos dirigentes, funcionarios y otros hicieran un acto de contrición y reflexión y analizarán si están haciendo bien o no su trabajo. Es bueno ser responsable y si las cosas no funcionan, permitir que lleguen otras personas que lo hagan mejor. El Papa, renunció por disminución en su salud física, y en cambio hay algunos personajes que tienen disminución mental y aún así, en una eterna terquedad, continúan en sus cargos convirtiéndose en gigantescos muros que impiden que las cosas cambien.

No es posible que en algunos altos cargos permanezcan funcionarios que son objeto de sendas investigaciones y que sus acciones están empañadas por sombras de dudosos comportamientos éticos y morales.

Es sólo un símil o comparación el que plasmo en esta columna, desde luego guardando las proporciones con su Santidad Benedicto XVI y algunos dirigentes, funcionarios y otros, que campantes y soberbios hacen de las suyas. Lo hago también desde el valor de renunciar ante la más mínima muestra de incapacidad y ante los primeros atisbos de pésimos resultados.

Dios bendiga al Papa Benedicto XVI, un hombre utilizado para llevar el mensaje de paz y esperanza a un mundo carente de ellas.

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