La soledad de Osorio

Fernando Osorio

Columna del abogado Iván Ramírez Suárez.

Cuando Fernando Osorio ejercía como gobernador del Tolima (2005 – 2007) se hizo poderoso y notorio en la contratación departamental un puñado de jóvenes profesionales, algunos venidos de otros lares, que se conoció como El Grupo Oro y a quienes en mis columnas de la época denominé como Los ‘Yiyos’ del Tolima, en honor al ‘Yiyo’ (Julio Eduardo Riveros), asesor del Gobernador de Cundinamarca, capturado y juzgado por las fechorías que hacía con su jefe Pablo Ardila, también condenado.

De esta nefasta época le surgieron los grandes líos jurídicos al exgobernador Osorio que hoy lo tienen bajo prisión domiciliaria en Bogotá. En especial, los famosos convenios con fundaciones y corporaciones de fachada, toderas en su objeto social, que con total desfachatez de sus directivos hacían construcciones, desarrollaban interventorías, educaban a madres cabezas de familia, suministraban alimentos y hasta impartían capacitación a los docentes.

Si bien es cierto a Osorio no le han comprobado disciplinaria, fiscal o judicialmente que se haya apropiado ilícitamente de dineros del erario, es innegable que fue demasiado complaciente y permisivo -por omisión- para que funcionarios de su gabinete sí lo hicieran. Y con esos recursos apropiados nacieron matrimonios y figuras políticas que intentaron y/o lograron llegar a las corporaciones públicas municipal y departamental y tienen notoria influencia en algunos de los grupos políticos regionales.

De la misma manera, se crearon y fortalecieron empresas de exóticos personajes, algunos de los que han huido y otros lograron arraigarse bajo el honroso título de políticos -empresarios o empresarios de la política. Cuando creíamos que Osorio en tan difíciles y lacerantes episodios vividos hace pocos meses al imputársele cargos penales e imponérsele medida de aseguramiento tendría o recibiría un mínimo de solidaridad y agradecimiento de sus antiguos súbditos, éstos no solo lo abandonaron e ignoraron, sino que además olvidaron de tajo la paternidad del culposo benefactor.

Si fue humillante para el exgobernador salir de la sala de audiencias del Tribunal Superior de Bogotá esposado y bajo custodia de guardias del Inpec, más lo fue tener que ir caminando hacia el búnker de la Fiscalía para ser dejado en uno de los reclusorios temporales allí dispuestos, con la sola compañía y solidaridad de su fiel secretaria privada. Aunque algunos de los ‘Yiyos’ comparecieron a la audiencia, estaban era acompañando y pendientes de la suerte judicial del gobernador Óscar Barreto, morada a la que llegaron hace pocos años y en la que tratan de consolidar un poder similar que les permita conservarse firmes sumando pesos a sus siempre abultadas alforjas. El francés Michel de Montaigne (Francia, 1533 – 1592) escribía: por muy alto que sea el trono, siempre se está sentado sobre el culo.

Son los dos extremos del poder, y cuando se está sin él, se pasa fácil de la euforia a la soledad. Osorio por ahora vive su soledad.

*Este artículo fue publicado también en El Nuevo Día.

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