Las Fuerzas de la Masacre de Israel

Fotografia del diario Haaretz.com, domingho 1 de abril de 2018.

Columna dominical del veterano periodista israelí y corresponsal en palestina para el diario judío Haaretz.com, Gideon Levy.

El tiroteo y masacre de 15 palestinos del Viernes Santo cristiano en la frontera de Gaza, muestra una vez más que el asesinato de los palestinos es aceptado más fácilmente por la opinión publica en Israel, que el matar mosquitos. 

El contador de la muerte marcaba salvajemente. Una muerte cada 30 minutos. De nuevo. Otro más. Uno más. Mientras tanto, todo Israel estaba ocupado preparándose para la noche del Seder (fiesta y cena judía en las dos primeras noches de la Pascua, asimilada sarcásticamente al Viernes Santo cristiano). Las estaciones de televisión continuaban transmitiendo sus tonterías.

No es difícil imaginar qué hubiera pasado si un colono (judíos que el mismo gobierno israelí patrocina para invadir tierras de campesinos palestinos) hubiera sido apuñalado por un palestino: emisiones desde el mismo lugar de los hechos, abrirían en vivo los estudios de los noticieros. Pero en Gaza, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) continuaban masacrando sin piedad, con un ritmo horrible, mientras Israel celebraba la Pascua.

(Ver video https://www.facebook.com/haaretzcom/videos/10156150289916341/)

Si había alguna preocupación, era porque los soldados no podían celebrar el Seder. Al caer la noche del Viernes Santo, el recuento de los cadáveres palestinos había alcanzado al menos 15, todos ellos con fuego real, con más de 750 heridos. Tanques y francotiradores contra civiles palestinos desarmados. Eso se llama una masacre. No hay otra palabra para eso.

Un portavoz del ejército israelí nos proporcionaba, cómicamente, alivio y nos anunciaba orgulloso por la noche: “Se frustró un ataque de disparos. Dos terroristas se acercaron a la cerca y dispararon contra nuestros soldados”.  Esto vino después de la duodécima muerte palestina y de quién sabe cuántos heridos más.

Los francotiradores disparaban contra cientos de civiles palestinos, pero solo dos de ellos que se atrevieron a devolverle el fuego a los soldados que los masacraban, fueron tildados de “terroristas” y sus acciones calificadas como “ataques terroristas”, por tanto su sentencia: la muerte. La ausencia de toda autoconciencia crítica, nunca se había interiorizado a tal profundidad en las IDF.

Como de costumbre, los medios de comunicación israelí se prestaban con su atroz apoyo.  Después de las 15 muertes, el presentador de noticias Or Heller en el Channel 10 News informaba que el incidente más grave del día había sido los disparos por los dos palestinos. Otro presentador de noticias, Dan Margalit, “saludaba” al ejército.

A los Israelitas se les volvía a lavar su cerebro y se les sentaba ante una cena festiva con espíritu de autosatisfacción.  Más avanzada la noche del Viernes Santo cristiano, la mayoría de los israelitas cenaban, festejaban y recitaban el salmo: “Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen“, impresionados por los recuerdos bíblicos (la Torá) de la propagación de plagas y entusiasmados por el asesinato masivo de bebés (el asesinato de los primogénitos egipcios, la décima plaga).

El Viernes Santo cristiano y la noche del Seder judío, se convirtieron en un día de sangre para los palestinos en Gaza.  Ni siquiera puedes llamarlo un crimen de guerra, porque allí no hubo guerra.

La prueba con la cual se debe juzgar a las IDF y a la indiferencia patológica de la opinión pública israelita, es la siguiente: ¿Qué pasaría si en cambio, manifestantes judíos israelíes de ultraderecha, ultraortodoxos u otros, amenazaran con tomarse la Knéset (el Congreso de Israel)? ¿Sería que el público lo entendería y lo aceptaría, tras arrasarlos con el ataque de tanques o francotiradores? ¿Quedaría impune y en silencio el asesinato, por ejemplo, de esos 15 manifestantes judíos en su hipotética toma al Congreso? Pero si por el contrario, varias decenas de palestinos desarmados, encerrados desde 1967 en Gaza y Cisjordania, lograran ingresar a Israel, a una zona que fue milenariamente su país, ¿eso sí justificaría su masacre?

La muerte de los palestinos es aceptada en todo Israel más a la ligera, que el matar mosquitos. No hay nada más subvalorado en Israel, que la sangre palestina. Si hubiera cientos o incluso miles de muertes, Israel todavía “saludaría” a las IDF.  Este es el mismo ejército cuyo comandante, el bueno y moderado Gadi Eisenkot, es recibido con inmenso orgullo por los israelíes. Por supuesto, en las entrevistas de los medios durante las vacaciones religiosas, nadie le preguntaba acerca de la masacre prevista y nadie le preguntará ahora tampoco.

Pero es un ejército que se enorgullece de dispararle a un granjero en su tierra, mostrando el video en su página web para intimidar a los habitantes de Gaza; un ejército que se enfrenta con tanques contra civiles palestinos y se jacta de cien francotiradores esperando a los manifestantes palestinos, es un ejército que ha perdido toda moral y ética. Como si no hubiera otras medidas. Como si las IDF, tuvieran la autoridad o el derecho de disolver manifestaciones en Gaza, a su paso, amenazando a los conductores de autobuses de no transportar a los manifestantes palestinos hacia un territorio como el de ayer, donde la ocupación ha terminado hace tiempo, como todos lo saben.

La desesperación de los hombres jóvenes palestinos se cuela desde Gaza, armados con armas ridículas, marchando decenas de kilómetros sin herir a nadie, solo esperando ser atrapados, para escapar de la pobreza de Gaza, tras ser encerrados en una cárcel israelí. Ello tampoco afecta la conciencia de nadie.  Lo importante es que las IDF presenten con orgullo su captura.  El presidente palestino Mahmous Abbas es responsable de la situación en Gaza. Y Hamas, por supuesto. Y Egipto. Y el Mundo Árabe y el mundo entero. Simplemente, Israel no. Solo es olvidarse de Gaza y en consecuencia, los soldados israelíes, nunca cometieron masacres.

Los nombres de los muertos palestinos fueron publicados en la noche. Uno de los hombres masacrados se estaba levantando de sus oraciones, otro recibió un disparo mientras huía. Los nombres no conmoverán a nadie. Mohammed al-Najar, Omar Abu Samur, Ahmed Odeh, Sari Odeh, Bader al-Sabag.  Esta columna es demasiado pequeña, para nuestro horror, para enumerar todos sus nombres.

Traducción realizada por: Luis Orlando Ávila Hernández, Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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