Las movilizaciones sociales y la recuperación de la política

Pedro Leal Quevedo

Se afirma que el 2017 será un año de agitación social y de aburrimiento político.

Un columnista lo expresa así: “los debates alrededor del acuerdo con las Farc y su implementación se volverán repetitivos e inútiles. …. El otro factor que algo animará el año será la movilización social. Hay varios hechos que permiten suponer que habrá gente en las calles y las carreteras protestando por lo uno y por lo otro. La reintegración de las Farc y su conversión en movimiento político se expresarán con agitación social y por tratarse de un año pre electoral habrá muchas fuerzas políticas tratando de canalizar el descontento por cualquier cosa y eso moverá huelgas y paros”. (Héctor Riveros en La Silla Vacía).

¿Será entonces más difícil la situación que las planteadas por el paro agrario y el camionero que lograron paralizar el país y a los cuales les atribuyó el Banco de la República el aumento de la inflación? ¿Si es así a que indicadores tocará, a que sectores políticos favorecerá en un periodo electoral, que efectos duraderos dejará?

A mi juicio tocará una de las instituciones centenarias: los partidos políticos, ya decaídos y carentes de afiliados y disminuyendo sus seguidores.

Múltiples factores han sido atribuidos como causas de su declive, pero hay uno olvidado y fundamental: habiendo sido creados para servir de correa de transmisión entre las gentes y el Estado para tramitar sus inquietudes, demandas y deseos sociales para que fueran atendidas y puestas en normas, se convirtieron en la correa de transmisión del gobierno hacia la sociedad e intermediarios de sus favores.

Esta inversión dejó huérfanos de atril, de micrófono y de presión hacia el estado y el gobierno a los sectores inconformes con alguna de las carencias e injusticias que los grupos sociales padecen. Esta ha sido la eterna razón por la cual se expresan los pueblos reclamando por la fuerza de los hechos transformaciones, modificaciones, políticas sectoriales o atención a grupos con comunidad de interés en un tema específico. O por subsidios, la nueva expresión de la política social que hicieron también suyos los gremios económicos hace muchas décadas.

Esa carencia de conductos resultó en los movimientos y movilizaciones sociales que buscan hacer visibles a los grupos que se consideran discriminados. (En el caso de los sectores económicos no suficientemente privilegiados).

Invertida la cadena los partidos no están preparados para servir de transmisión de la sociedad hacia el Estado. El gobierno comprometido por los acuerdos en realizar las inversiones hacia la consolidación de la paz y en crisis fiscal, no podrá aceitar la maquinaria partidista hambrienta de recursos para la campaña electoral de 2018. Una debacle para los actores políticos diferentes a los proponentes del gobierno de transición, esto es el partido de la guerrilla y sus aliados si los hubiere.

El centro de la acción política se trasladará a los movimientos sociales. ¿Cobrará vida el “partido de la rabia” al cual le confiere favoritismo presidencial el periodista, exministro y exdirector de la revista Semana Mauricio Vargas? Tal vez no resulte en partido sino en un movimiento de protesta que se expresará en las elecciones. La pregunta siguiente es si esa protesta morirá, cualquiera que sea su suerte, como es tradicional en los movimientos sociales, y como aconteció a la ola verde. O tal vez- ojalá – recorra los pasos de Podemos en España y una versión real de la centro izquierda se instale en el panorama nacional.

Cualquiera que sea el desenlace, la bola de cristal que visita recurrentemente a la política pronostica que saldrán damnificados los partidos tradicionales y que los movimientos sociales serán la recuperación de la política. ¿Más allá o solo en el 2017? Todo dependerá de la actitud de los partidos. La pasividad no decretará su fin, pero su vigencia e importancia dependerá de su capacidad para transformar sus funciones de acuerdo con las dinámicas actuales y los temas que conforman la nueva realidad.

Solo su sintonía con los movimientos sociales les asegurará pasar la crisis mayor, que pronosticamos inevitable. Si bien no es el momento para decretar la muerte de los partidos tradicionales, creemos que para ellos ha llegado el momento de estar alertas. Unos dirán: Dios los tenga en su santa gloria, otros opinarán: ¿qué haremos sin ellos?”; los más numerosos recordarán la balada de los años setenta: no puedo vivir “ni contigo, ni sin ti.”

Por: Pedro José Leal Quevedo. Ibaguereño. Médico Veterinario de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios de postgrado en Administración Pública en la Escuela Interamericana de Administración Pública en Rio de Janeiro; Planificación y Administración del Desarrollo Regional en la Universidad de Los Andes y Estudios Ambientales en la Universidad del Tolima. Consultor nacional e internacional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, Consultor del Instituto Interamericano para la Agricultura, Delegado para la reinserción del M19 y el EPL en Tolima, Huila y Caquetá, jefe de Asuntos Sectoriales del PNR, Secretario de Despacho de la Gobernación del Tolima en áreas agropecuarias y educación, catedrático de la Universidad del Tolima. Aficionado al análisis social y político. Padre de Lizza y Daniel, esposo de Esperanza.

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