Llega a Colombia el virus del Chinguenguenchón

Luis Carlos Avendaño

Luis Carlos Avendaño

Ahora ya se sabe del porqué de la actuación curiosa de más de un compatriota. Simplemente: fueron –fuimos- contagiados con el virus del Chingüengüenchon, para el cual: no existe vacuna. Hasta donde tengo conocimiento y al parecer, uno los primeros afectados en Colombia fue un periodista -o grupo de periodistas, la verdad no se sabe a ciencia cierta pues los investigadores que le siguen la pista al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, Pardo Leal y Luis Carlos Galán están al frente de este caso- de un tabloide del departamento del Magdalena. En una edición reciente del periódico y tras la eliminación de la selección Colombia del mundial de fútbol, se supo de la incubación del virus en los comunicadores cuya fiebre les llevó a titular: “Árbitro español: ¡hijo de la gran puta madre que te parió!”.

Si bien es cierto el titular pareciera no estar muy lejos de la realidad, llama la atención la manera como el virus del Chingüengüenchon, hizo escribir a un equipo periodístico el titular de prensa. En Ibagué y en Colombia, el virus de marras ha llevado a algunas personas a desarrollar una sintomatología que bien podría catalogarse como de “espiritualidad falseta”. Por ejemplo, personas que ayudan en la misa, y rezan rosarios al piso, y se dan golpes de pecho y se rasgan las vestiduras y colaboran con actos litúrgicos y por otro lado: son famosas por tener una lengua como pa´ trapiar la carrera Tercera. Es esa misma lengua con la que le hacen la vida imposible a sus congéneres de trabajo y con las que esparcen chismes en el vecindario y en su empresa –pasa en muchos colegios privados- de aquellos quienes no pertenezcan a sus “roscas” para así poder sentir un alivio frente a la infección. Otros afectados han caído más bajo aún: han perdido el uso de la razón y se han dejado “embaucar” por los mercenarios, perdón “mercaderes” de la Biblia.

En Ibagué, el Chingüengüenchon llevó al Renegado a creerse al hijo del Mesías. Es, sin lugar a dudas uno de los casos más sonados, sin dejar por fuera la afección que sufrió nuestro muy apreciado –y deseado sexualmente por más de una amiga- James Rodríguez. Apenas se bajó del vuelo chárter que lo trajo a Ibagué, el Chingüengüenchon lo fregó y le impidió presentarse a homenaje alguno. Aparentemente un contrato de exclusividad tampoco se los permitió.

Que se sepa, el virus ha contagiado a casi la totalidad de los integrantes de la mancha amarilla de la ciudad de Ibagué, impidiéndoles hacer uso de las direccionales en sus autos y colaborando con su actitud en general -cuando conducen- para que se justifique la implementación de las foto-multas. A propósito, un alto porcentaje de los concejales fueron afectados con el “virus” por lo cual, quedaron sus mentes por unos instantes un poco más turbadas de lo normal, llevándoles finalmente a aprobar las foto-multas.

Con el fin de hacer visibles otras formas de contagio o síntomas que presente el virus del Chingüengüenchon, este corresponsal queda atento por este medio, siempre y cuando el hijuemadre virus no lo ataque. Que se tenga conocimiento, otro de los efectos del citado virus conduce a las personas para que pasemos horas y horas y horas baboseando frente al computador en una vaina llamada care-libro –o care nalga, la verdad no estoy del todo seguro- total y absolutamente alienadas.

Hago una súplica pública por este medio al doctor Manuel Elkin Patarroyo, a los científicos criollos Rodolfo Llinás o Raúl Cuero con el fin de que se les conceda un permiso especial para ensayar con marranos o lagartos o ratas –de cuatro patas y que sean de cuello blanco por favor- con el fin de buscar una cura para el alma, una solución, una vacuna contra este mal. En mi caso particular, la forma de afectación del virus Chingüengüenchon, me ha llevado a subir unos cuantos kilitos de más, y a escribir verdaderas babosadas como la que su merced acaba de leer. Sorry for me. Amén.

Por: Luis Carlos Avendaño López, profesor de inglés, caricaturista.