Lo que el profe se llevó

Luis Carlos Rojas García

Luis Carlos Rojas García

La educación en Colombia está enferma, especialmente la del sector público; de hecho, puedo asegurar que está peor o igual de enferma a la radio de Ibagué; y no es para menos, basta con darse una vuelta por los mal llamados centro educativos (eso incluye a las universidades por supuesto), para encontrarnos todo tipo de historias y situaciones extremadamente absurdas.

No obstante, la mafia y la doble moral que se maneja en la educación es la madre de todos los vicios y si le sumamos la ley del silencio el panorama no es nada alentador.

En una entrevista con la señora coordinadora de una escuelita cualquiera, una escuelita de esas que no se puede nombrar por temor a represalias ya que los profesores y profesoras hacen de todo menos enseñar, me encontré con que a finales del año pasado llegaron los computadores que tanto estaban esperando.

La oxidada sala de sistemas que albergaba los viejos ordenadores cobró vida una vez más. Los ojos de los niños brillaron de emoción cuando en la formación del lunes el rector, junto con el cuerpo docente, anunció de la nueva era tecnológica que los cobijaría a partir de ese momento. Alrededor de 20 computadores portátiles llegaron en varias cajas marcadas con el logo del Ministerio de Educación. Adicional a esto, llegó también una pantalla gigante y dos vídeo beam.

Sin embargo, no sólo los ojos de los niños brillaron con el resplandor de los nuevos equipos, también se dilataron las pupilas de las docentes nombradas y las provisionales, ya que, según parece, encontraron en aquellos aparatos un atractivo sin igual que las embrujó una vez abiertas las cajas. El efecto, según lo describió la coordinadora, se asemejó al que causaba el anillo de Sauron en Gollum, el famoso personaje de la película ‘El señor de los anillos’. Fue tal vez esa la razón por la cual las “profesionales” tomaron cada una un computador y los llevaron fuera de la institución sin que nadie les dijera nada.

Al principio, cuenta la coordinadora, las profesoras inventaron la excusa de tener que hacer planillas en sus casas; más adelante, cuando la coordinadora quiso preguntar por los aparatos se encontró con la desagradable sorpresa que entre profesores también existe el bullying. Debido a esto, prefirió quedarse callada.

El tiempo siguió su curso y de los equipos ya nadie sabe nada. La señora coordinadora reconoce que ha sido un acto de cobardía el no haber denunciado que, hasta las provisionales que salieron hace poco después de los nombramientos, se llevaron cada una un equipo, pero, como ella misma dice: “una cosa es lo cree la comunidad sobre la educación que les damos a sus hijos y otra muy distinta es lo que se vive aquí adentro. En escuelas como estas la convivencia es a otro precio. Mas, cuando uno viene de otro lado”.

La situación en cientos de escuelas, colegios y universidades es caótica. En estos “templos del saber” se tejen historias que suelen ser macabras. No sólo la corrupción empaña a la educación de este país, también está esa condición humana que, mediante el chisme, la cizaña, la envidia, los desfalcos, los romances de novela, el abuso de poder y hasta el robo de equipos, hace que se desdibuje la figura del educador convirtiéndolo en el hazme reír de los padres de familia y estudiantes.

Pero, más allá de esa triste condición que se podría mejorar, está la preocupante situación que vive esta escuela, la cual, es más común de lo que se piensa, ya que un buen número de profesores ven en estos equipos (computadores, tabletas, video beams y en general) un regalito extra que les da el Gobierno Nacional.

Está claro entonces que mientras siga reinando la mafia en la educación, la mediocridad y la ley del silencio, seguiremos preguntándonos por los aparatos que se entregaron en la escuela para la educación de los chicos y que, cual acto de magia, desaparecieron; hago referencia a los cientos de aparaticos que hacen parte de la lista de lo que el profe se llevó.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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