Los amores perros de la educación y la política

Luis Carlos Rojas García

En la mayoría de personas profesionales y no profesionales existe un imaginario con el tema de ser docente, profesor, maestro o como se le quiera llamar, ya que piensan que ejercer la docencia es de lo más relajado que pueda existir. De hecho, muchos profesionales no docentes ponen sus ojos en la educación, y sobre todo en la educación pública, por verla como el ‘escampadero’ económico perfecto. Como quien dice: “no surgí en mi profesión entonces enseño”.

El problema es que cuando llegan a las aulas de clase la situación cambia y no tienen más alternativas que improvisar, porque conceptos los dicta cualquiera, pero educar, educar es otra cosa. No obstante, la educación y los requisitos para trabajar en ella al igual que en la comunicación social, se han prostituido y de qué manera. Aquí cualquiera que logre pasar el concurso y los que estén dispuestos a deber favores políticos, entran.

Ahora bien, conseguir trabajo como docente, para un docente licenciado, no es tarea sencilla. Y es que en la universidad no le cuentan toda la verdad a uno. Por ejemplo, a los estudiantes pocas veces les dicen que su cartón profesional no es que ayude de mucho si no se tiene un padrino político y que se necesita también un poco de suerte y, sobre todo, estudiar después de la universidad; aunque ya sabemos cómo es el tema del estudio en este país, todo un cuento de hadas maquillado con estadísticas y préstamos bancarios que nos pueden amargar la vida. Tampoco les dicen a los estudiantes que las hojas de vida en muchas secretarías van a parar a la basura; afortunadamente ahora todo es por internet.

Ahora bien, los amores perros entre la educación y la política, son tan viejos como la misma corrupción que se vive dentro de los dos gremios. Aunque no ha de faltar quien se ofenda y diga que no es verdad. Pero lo es, la cosa funciona así: a punta de favores y amigos con poder, no importa que haya un concurso, no importa que ahora todo sea por internet, si una persona quiere entrar, basta con ser amigo del amigo, primo, hermano e incuso amante. Lo mismo que pasa en las universidades en donde más de uno tiene un puesto porque se lo ganó con el sudor de alguna parte del cuerpo o porque están pagando una gota a gota mensual, y eso cobija también a muchos docentes. Aunque, soy claro, también existen cientos de personas que no tienen necesidad de esas cosas y logran entrar con el fruto de su dedicación y esfuerzo. A ellos mi más profunda admiración y respeto, porque hacer las cosas bien en un país de corruptos es cosa seria.

Lo paradójico de todo esto, es que uno escucha de parte del gremio de la docencia, estos discursos sobre el clientelismo, la corrupción, la oligarquía entre otros; uno ve las marchas y lee los miles de mensajes y correos que llegan al día en donde se lucha en contra de esa supuesta corrupción, pero cuando se trata de buscar empleo y va uno a sindicatos y secretarías e incluso habla uno con los que envían estos mensajes de lucha contra el poder, todos dicen lo mismo: “¡Búsquese un padrino político y verá que eso es de una, pero tiene que ayudarle con las reuniones y los votos, así sea una reunión pequeña!”.

El tráfico de influencias que se mueve entre la educación y la política es abrumador. Hace poco presencié y escuché en cierto lugar, cómo movían el tema de la contratación de algunos docentes provisionales, a quienes les vendieron la idea de que en caso de quedarse sin trabajo por los recientes nombramientos los reubicarían, y ¿A qué no adivinan? La pregunta del dichoso funcionario a los docentes provisionales fue: “¿ustedes a qué partido político pertenecen? Si pertenece a Duque todo bien que están mandando plata; fulanito de tal está recibiendo el billete y eso es fijo que si le hacen fuerza a Duque ahí tienen el puesto asegurado, pero ni se les ocurra mencionar a Petro”. Me quedé mirándolo y me dijo: “¡Mijo! Usted sabe que eso siempre ha sido así, dejémonos de bobadas y antes era peor; de todas maneras, ahora que pasen las elecciones las plazas se reservan para los partidos políticos que apoyaron a Duque”.

En resumidas cuentas, los amores perros de la educación y la política son más oscuros e intensos que cualquier película de Iñárritu. Aquí, no solo se ofertan contratos, refrigerios, equipos electrónicos y demás, aquí pasa de todo, esa es la educación en Colombia, una suerte de película grotesca en donde pocas veces ganan los buenos y como suele suceder, los perjudicados son los chicos y chicas, los perjudicados son las generaciones que vienen, porque un país con una educación mediocre, llena de carencias, amarrada a favores y a una relación tóxica con la política, un país en donde la gente prefiere destruir antes que construir, vender su voto por un papel o un plato de comida, es un país ignorante, con un gobierno manipulador y una población que definitivamente, le encanta vivir en la corrupción. Este es el país de la doble moral, es el país de las redes del miedo, de la mentira y de los medios igual o peor de manipuladores que el gobierno. Es un país condenado a repetir una y otra vez los mismos horrores, es un país que se resiste al cambio.

Por: Luis Carlos Rojas García, educador, cineasta.

Deja un comentario