Los contratos de Zavala: de los $25 millones a los nueve millones de dólares, un giro más al histórico despojo

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En una columna anterior, se observaba como de todo el dinero dado al Tolima para allanar la Paz de entonces, 60 años después el atraso y la exclusión a la producción campesina son más vigentes que nunca.

En estas seis décadas, la Agencia de Desarrollo Rural o ADR, una de tres las ramas burocráticas con la que se sepultó al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, fortín histórico de los más ricos del país – legales e ilegales – para producir sin invertir y con la plata del Estado, entregó más de nueve millones de dólares mediante el Convenio de colaboración 517 de 2017 a otra organización de la burocracia, pero esta vez internacional: la FAO adscrita a la ONU y parida después de la cumbre del Club de Roma en 1970, donde se dispuso inundar de agroquímicos al mundo entero, con mira a que los pobres fueran iguales a los ricos del planeta y de paso como avanzada occidental de la Guerra Fría. (Ver convenio aquí.)

El negocio (que en esencia es lo que es para la agencia burocrática extranjera), sencillo: hacernos (ellos y ellas desde Bogotá) y decidir por todos nosotros los planes de lo que debemos y no debemos hacer en producción agrícola y pecuaria en un país ya sin conflicto con la guerrilla de las Farc-EP, pero si con el terrorismo de ultraderecha vigente y camino a hacerse reelegir.

Entre los 10 departamentos del negocio, el Tolima, proporcionalmente le corresponderían más de 2 mil 500 millones de pesos, los cuales la experta FAO y sus burócratas de los Andes y la Javeriana (cuando no) con un equipo tripartita llamado Unidad del Plan (ADR regional y Gobernación del Tolima), en menos de nueve meses definen a quien, donde y cuanto se invertirá el dinero para la agricultura y la ganadería (la de los pobres excluidos y la de los ricos beneficiados) en los 47 municipios del Tolima, con la nueva rimbombancia del “Enfoque Territorial”.

El negocio empezó en octubre pasado. Se supone que a este mes de enero, ya se habrían realizado las reuniones territoriales (Fase III Prospectiva) en las seis regiones en las que desde Bogotá se dividió al Tolima, para que los de a pie participen.

La entelequia y la jeringonza diagnosticadora y planificadora, en 60 años solo cambió de la cinta entintada de la añorable máquina de escribir al procesador de texto en el costoso Smartphone.

Lo más asombroso del clientelismo internacional a la colombiana, es que el señor mexicano Rafael Zavala Gómez Del Campo, quien funge como director de la FAO en el país, al buscarle por su nombre en la herramienta del SECOP, aparece desde 2012 con varios “convenios” o para “enseñarnos” a sembrar o para “atacar” el cambio climático, los cuales suman varios millones de dólares del presupuesto colombiano, que finalmente a la hora de los balances aparecen como inversión en el campo.

Uno de los afortunados y millonarios convenios, además del mencionado 517, es el Contrato 0250 de 2015 con el cual el señor Zavala y su egida planificadora nos enseñaron (pues ya se liquidó) el “manejo sostenible y protección de la cuenca del río Combeima, como fuente abastecedora de bienes y servicios ambientales para la ciudad de Ibagué y el departamento del Tolima – Colombia”, con iniciales solo 770 millones de pesos de un acuerdo marco por más de 10 mil millones, los cuales Cortolima y el Gobierno Nacional se comprometerán a pagarle a la beneficiada y multiexperta FAO. (Ver convenio).

Y entre los nueve millones de dólares de hoy para que “sepamos” diagnosticar que sembrar, hasta los 3,5 millones de dólares de 2015 para “enseñarnos” a cuidar al rio Combeima, la politiquería internacional aliada con su mancorna regional y nacional (los Barreto, los Jaramillo, los Santos, los Yepes, los Chocos, los Martínez, los García y los miles de incestuosos y putativos locales del expresidente antioqueño), se irán quedando con la plata del posconflicto, la de todos, haciéndole otro gol histórico a los campesinos tolimenses y de paso al nuevo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, a los que a propósito ya les van aplicando una remasterizada versión del “Baile Rojo”, asesinándoles a sus excombatientes, con la mirada pasiva de la izquierda de puestos tolimense.

Al mismo tiempo, tanto la Cortolima que virtuosa y selectivamente multa a granel o la violada UT que reparte “planificadamente” el dinero para su “docta” burocracia (de izquierda y derecha, es lo mismo) o los neopárvulos gremios económicos que le cargan pancartas y ladrillos a los foráneos contratistas, hacen sigilosamente mutis por el foro, mientras algo de viandas les toque del nuevo directorio político: las agencias internacionales que desangran al Tolima, desde hace 60 años.

Soñar no cuesta nada: ¿Qué hubiese ocurrido si por algún albur del destino, se le hubiesen asignado directamente esos más de 15 millones de dólares de estos tres años, por ejemplo, a una de las decenas de asociaciones de maiceros de San Luis, Ibagué o Valle de San Juan o tal vez a los pequeños productores lecheros de Rovira, Villarrica, Chaparral o Roncesvalles?

La historia se repetirá para infortunio de los miles de pobres que apenas nacen y para el eterno beneficio de quienes hicieron del Tolima un medio con el que sus intocables herederos conserven las fortunas ganadas con el robo de los 25 millones de pesos de 1958, como los de la generación cola de marrano que hoy dirige a la política departamental y municipal, al decir de García Márquez.

P.D. A propósito ¿Por qué a las agencias desde Uribe se les bautizó como tal, será que al decir de Noam Chomsky, el colonialismo es mucho mejor cuando se le ordena al colonizado a usar la lengua de su colonizador?

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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