Los juegos del hambre

Luis Carlos Rojas García

Hay una frase popular que expresa algo así: “cuando alguien está lleno se le olvida que los demás tienen hambre; una frase demasiado inclusive, a decir verdad. Tal vez por esta razón y cual, si se tratase de una película, los de abajo siguen aguantando hambre y pagando el precio, mientras que los de arriba se dan el lujo de tirar el alimento y desperdiciarlo a su antojo porque saben que siempre van a tener qué comer en la mesa, al menos eso piensan. Sin embargo, ese comportamiento egoísta no es solo de los de arriba bien arriba, no, basta con ver a los que están un poquito antes de los de arriba bien arriba y lo que hacen para satisfacer su hambre.

Así es, el hambre es tal vez el asesino en serie más mortal de todos los tiempos, lo paradójico es que de él pocos hablan. El hambre sin lugar a dudas es causante de la descomposición social en la que vive la humanidad entera; el hambre hace que las personas perdamos los estribos y terminemos convirtiéndonos en caníbales, no importa a quién tengamos que comernos porque el hambre nos vuelve literalmente locos. Lo más aterrador del caso es que el hambre se convirtió en el juego favorito de quienes entendieron que a través de la misma pueden controlarlo todo, incluso, generar terror como lo vimos recién comenzó la pandemia más popular de todos los tiempos ¿Recuerdan cuando los supermercados quedaron casi vacíos en varios lugares del mundo?

Aunque usted no lo crea estos juegos son reales y llevamos jugándolos desde hace mucho tiempo, incluso me atrevo a decir que son tan viejos como la misma humanidad; no es exageración afirmarlo porque si se fijan detenidamente en los juegos en donde los que tienen le dan migajas a los que no y hacen con los mismos todo tipo de experimentos, se podrán dar cuenta que todos tenemos hambre, algunos, hambre física, otros llevan consigo la peor hambre de todas: ¡El hambre de poder! Y gracias a la misma y a las malas mañas no hay quién los pueda detener. Hemos visto varios ejemplos de ello, desde masacres, violaciones, robos, hasta guerras mundiales que ahora poco no nada se recuerdan, pero que son el alimento de quienes andan hambrientos por controlar, manipular y enriquecer sus arcas y su ego. Los mismos que quieren guerra al desayuno, al almuerzo y la comida, y si les queda un espacio también en las onces, medias nueve, chupao o en el algo, frase utilizada en el campo, y, para colmo de males piden guerra para llevar.

El problema de todo esto, y no quiero ser pesimista, es que nos acostumbramos tanto a jugar a esto que dudo mucho que podamos cambiar las cosas, no importan que las cifras nos demuestren una cantidad determinada de muertos, no interesan los mensajes que nos invitan a reflexionar, a cambiar nuestra forma de vida, a amar, a valorar y demás, el hambre siempre va a estar ahí, reclamando y exigiendo lo suyo, y cual si se tratase de una suerte de huésped no deseado vivirá por los siglos de los siglos en el estómago y la mente de una sociedad que todo destruye para saciar su hambruna y de esta manera poder ocupar un lugar en los eternos juegos del hambre.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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