Los niños 10

Niños futbolistas

El primero viste una casaca vino tinto, toma el balón de fútbol y se prepara para cobrar el tiro de esquina. El resto de los niños se alistan para cabecear, en busca de anotar gol o impedirlo. Con la magia en los pies, como los grandes magos del fútbol soccer, el cobrador empalma el balón con estética y furia. Los niños saltan porque sí, porque ese balón lleva altura, veneno, curva y se mete en el arco sin la ayuda de nadie. Un gol olímpico espléndido de un hijo de nuestra tierra. Un niño que pateó balones en Ibagué y que los sigue pateando. Bien podría ser James Rodríguez o Juan Pablo García.

Gol olímpico de James Rodríguez en Copa Pony Fútbol, año 2004: https://www.youtube.com/watch?v=po_tgpwqq28

Gol Olímpico de Juan pablo García, año 2016: https://www.facebook.com/floridary.paramogarcia/videos/vb.100004188064563/707275462755383/?type=2&theater

Uno con talante y el otro también, juntos hijos del mismo barrio, un barrio tradicional de la ciudad de Ibagué: El Jordán. Ese arenal inmenso, esa cancha de la segunda etapa que ha visto brillar jugadores espléndidos con despliegue de ingenio y fortalezas enormes pero con oportunidades escasas. Porque esta tierra los abraza con fuerza demencial, con la pesadumbre de la subsistencia, con el afán de solventar las necesidades básicas. Entonces, el proyecto de futbolista debe convertirse en carpintero, herrero o ir a la universidad si es que la vida les sonríe. Porque los empresarios deportivos de la ciudad son miopes o aventajados y siempre esculcan los pueblos chocoanos o vallunos para cazar talentos.

Y es que el fútbol profesional hace rato dejó de ser un escenario meritorio, deportivamente hablando, porque cualquier negocio tiene tramitadores, triquiñuelas, campos de acción e Ibagué y el Tolima son un campo con acción deportiva pero no empresarial.

Por eso James y su familia viajaron a Envigado, por eso Camilo Giraldo, un joven del mismo barrio se trasladó a Medellín a probar suerte en el Atlético Nacional cuando también era un niño, y por eso, muchos van y vienen porque no se trata de talento, en ultimas se trata de conexiones y el equipo profesional de fútbol del departamento está inconexo con los deportistas locales.

Hacen la del bobo, los forman para soltarlos, los forman para que no crezcan, los forman para que se queden estancados pues entre el dinero, el tramite, la llegada de entrenadores con comité de jugadores amigos y el desdén hacia el jugador tolimense; la puerta se cierra.

No obstante hay luces que no las apaga nadie, gente que brilla con luz propia. Talentos exorbitantes que no lo apacigua nada. Por eso sin muchos padrinos, las grandes estrellas del fútbol se hacen camino jugando, corriendo, mostrándose aventajadamente en el campo de juego. Ribery, Ronaldinho y el mismo Cristiano son muestras de ello.

Como Juan Pablo García hay un centenar de niños que valen oro, que dan pinceladas de crack en el campo de juego, que asombran a los adultos.

Otra escena: es un cobro de tiro libre, a una distancia más o menos de 18 metros. Juegan niños de 12 años. El técnico del equipo contrario llama a sus defensas para que no se metan de bajo del arco, añade que el cobro “está lejísimos para que se haga un gol desde ahí” al terminar la frase ya su pequeño verdugo lo condenaba a la desdicha. Un zapatazo que generó agarres de cabeza y madrazos, el balón sonó como coco que cae de la palma, como coscorrón a amigo cabezón. Un disparo certero que no lo iba a atajar jamás el arquero, un gol impensado para esa categoría infantil… “ese niño le pega al balón muchísimo más fuerte que yo”, aseguró un espectador que le hacía fuerza al equipo del otro bando. Juan Pablo busca con la mirada a su mamá (Floridary Páramo García), sostiene los ojos en ella unos segundos y alardea con movimientos de brazos su hazaña.

Ver video: https://www.facebook.com/floridary.paramogarcia/videos/vb.100004188064563/719981934818069/?type=2&theater

A Juan Pablo le queda y le toca seguir jugando. Que nadie lo cargue de protagonismos o exigencias. Que nadie le diga que no puede llegar a donde está James. Que nadie le corte las alas: ni en el campo, ni en la vida.

En últimas, muchas de sus actuaciones en el campo de juego parecen calcar y revivir la historia del 10 del Real Madrid, en últimas el jugador solo debe jugar y despreocuparse del resto.

En últimas este artículo no es para que lo lea Juan Pablo porque vitorearlo de más también puede ser nocivo. Este articulo tiene dos intenciones: incentivar el acompañamiento de los ibaguereños a los partidos de los talentos locales y vibras con su exquisitez y en segunda vía: cachetear a los malos empresarios del futbol porque aquí, como por castigo de Dios, nos tocaron todos. Ibagué está llena de “Juan Pablos”, “de James” “de Camilos” “de Mauricios” De gente que sabe con el balón. De eso, como tolimense, no tenemos duda.

Por. Germán Gómez Carvajal, Universidad de Ibagué.

3 comments

  1. Daniel

    Buen artículo, deja en escena el pobre acompañamiento en lo que respecta al deporte, en este caso el futbol, del que tanto Alardean muchos de los Políticos de Ibagué, pero así es con todos los Deportes.

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