Los quemados son otros

Luis Carlos Rojas

Luis Carlos Rojas García

Tal vez en otros tiempos a la población de este país le importaba votar por algo más que veinte mil pesos; pero, el presente siglo es distinto a los demás en muchos aspectos. Claro que políticamente hablando algunas cosas se mantienen, incluso desde los griegos ya se veía un malestar por culpa de los intereses ocultos de los mismos. En este sentido, referirme a la manera como se roban el dinero de los contribuyentes para luego utilizarlo en las campañas, es una redundancia. Hablar sobre la manera como amenazan a los trabajadores de ciertos lugares, muy culturales por cierto, para que voten por algún candidato, se tornaría molesto, porque si no denuncian los directamente afectados para que lo va a denunciar un entrometido como yo.

Ahora bien, tratar de hacer entender a más de uno que cuando se piden favores a estos señores a cambio de un voto es el equivalente a fomentar la corrupción, es tan perdido como hablar con una pared, aunque estoy seguro que entiende más el concreto, ya que ha sido una de las herramientas de captación de votos por excelencia de los politiqueros. De otro lado, enredarme en asuntos como la vergüenza que le hacen sentir a uno amigos, compañeros y familiares que no son capaces de conseguir algo por su propia cuenta si no es pidiendo ayuda a los corruptos, es crearme un dolor de cabeza sin necesidad. Sin dejar de lado por supuesto, que si entro a debatir temas como el de la teja, el tamal, el ladrillo, la gaseosa, el empleo, el contrato sostenido, el puesto en la emisora, en el hospital, en la empresa, en el colegio entre otras cosas, es todo un cliché.

En este sentido, debo aclarar que mi apatía por el tema político poco o nada tiene que ver con que no me interese el futuro de mi país o de mi ciudad, no; lo que sucede es que a la mayoría de habitantes de este pueblo Multicultural, de colores vivos, de música y platos variados, de gente echada “pa’lante”, esos temas poco o nada les importa porque siempre van a tener una excusa para ser parte del circo. Pero lo que estas personas no quieren ver es que aunque se declaren inocentes y necesitados, son tan cómplices como los mismos corruptos que eligen para que gobiernan al país. De ahí que reafirme la idea de que: atrás quedaron esas épocas en donde se advertía un sentir político, que a veces era absurdo y violento, pero que al menos demostraba la idiosincrasia de un pueblo que pocas veces se vendía por una limosna o que se prestaba para hacer alianzas de dudosa reputación con partidos políticos de nombres circenses. Era una población diferente, ignorante en muchos aspectos, pero luchadora y bien parada. Para esa gente que ahora está abandonada en algún ancianato, enterrados en cualquier cementerio o en alguna parte del país, la frase aquella de “la fiesta de la democracia” no se entendía como “lo que no nos cuesta lo volvemos fiesta”.

La corrupción va en aumento y a más de uno en este pueblo le brilla el ojo, deslumbrado por alguna promesa. Hoy, más de uno salió a las urnas con la esperanza de recibir un regalito o un favor. Hoy, millones de colombianos vendieron su conciencia y de paso les enseñaron a los más jóvenes a seguir con la cadena de corrupción que tiene a este país hundido en la miseria, tanto material como intelectual. Hoy, pocos votaron por un candidato que realmente trabaje por el bienestar colectivo. Y aunque a muchos se les llene la boca diciendo que lo malo de la rosca es no estar en ella, extiendo mi mano a los que no se dejaron comprar, a todos los que mañana se van a despertar tranquilos, sin el ardor en su piel porque perdió el candidato al que le apostaron todas sus cartas, el mismo que ya no les va a poder hacer el favor. Esa es la realidad de las elecciones señoras y señores, los que se queman no son los políticos, los quemados son otros.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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