Los tales revolucionarios e intelectuales de la universidad no existen

 

Universidad del Tolima

Pedro es un colombiano que como a muchos le tocó estudiar a distancia para poder trabajar y mantener su hogar. Contra todo obstáculo y siendo ya mayor, validó su bachillerato e ingresó a la universidad de su tierra, con un montón de expectativas que en el curso de su carrera se fueron desvaneciendo como aquellas pompas de jabón. Aunque reconoce que conoció a muy buenos profesionales y no profesionales en ese lugar, no puede dejar de contener la tristeza al darse cuenta que hasta los buenos tienen que guardar silencio so pena de ser señalados y expulsados de la institución. Algo entendible a decir verdad porque como dice Calamaro: “las deudas no se pueden pagar con amor”.

Esta, es una de las tantas historias que suele uno escuchar en la universidad del Tolima (UT) la cual, desde hace ya varios años afronta todo tipo de problemas que van desde gruesos escándalos en la prensa, hasta cosas que no se cuentan por temor. Para hacer un pequeño “recorderis”, dentro de estos líos se destacan: (la rifa de contratos, despilfarro de dinero, obras inconclusas, contrataciones dudosas, administraciones corruptas, siendo estas algunas de las que han salido a la luz pública).

Sin embargo, hay problemas que van más allá. Según Pedro, algunas de las dificultades que tuvo que sortear en Distancia, un programa que pareciera una especie de sección para estudiantes marginados ya que no reciben la calidad en educación y otros servicios como deberían recibir siendo que es esta modalidad una de las que más aporta a las arcas de la universidad, estaban las que tenían que ver con profesores que sorprendentemente y de la manera más disparatada, se atiborraban de asignaturas o carga académica sin saber cómo ni por qué, las cuales llegan a atender el sábado al mismo tiempo; saltaban de salón en salón y más que dictar una clase era un espectáculo circense que los estudiantes, algunos no todos, aceptaban con tal de no tener que estudiar.

También le sorprendía la desidia con que llevaban los procesos de investigación que parecían un relleno de algo que no se toma en serio, sin dejar de lado que en distintas ocasiones tuvo que trabajar sobre el copie y pegue de la Internet promovido por los mismos tutores y quienes en muchos casos no tenían ni idea de lo que estaban enseñando y a leguas se notaba que estaban ahí por algún favor o porque la necesidad tiene cara de perro, como dice la frase popular.

Al ver tantas anomalías, Pedro, se dedicó a protestar durante un tiempo. Él y otros estudiantes eran guiados de manera disimulada por algunos profesores conocidos como intelectuales o revolucionarios, los mismos que incitan a los estudiantes a tirar la piedra, a levantar la voz de protesta, mientras ellos viven en las sombras. Aunque es obvio que estos personajes se porten así, ya que pese a que despotrican de la universidad cobran por la misma ventanilla a final de mes y no sólo eso, son favorecidos y hasta patrocinados con viajes, publicaciones y otras arandelas, que si bien es cierto, algunos se las ganan en buena ley y otros tienen que pelear por las mismas, les deja muy mal parados cada vez que se les escucha quejarse como si fueran auténticos marginados.

Ahora bien, como resultado de tanta inconformidad, en cierta ocasión, Pedro y sus compañeros de revolución, intentaron cerrar la universidad. Se reunieron entonces con un profesor quien les dio las ideas para llevar a cabo su plan. Las cosas no salieron como esperaban porque la gente no los tomó en serio, el día de la ejecución del cierre de aquella reja que custodia la Universidad del Tolima, Pedro vio que su “amigo” profesor llegaba al lugar. En ese instante se sintió respaldado y se le pasó por la cabeza que el hombre se uniría a ellos, pero desagradable sorpresa se llevó cuando intentó saludarlo y este le hizo señas con la cabeza para que no se acercara. —Pasó por mi lado como si no me conociera. Me quedé frío, sintiéndome como un verdadero idiota. Dejé los volantes que llevaba y me fui. Fue en ese momento cuando entendí que los tales revolucionarios e intelectuales de la universidad no existen—.

La gota que derrama la copa, según Pedro, es ver cómo le tapan la boca o mejor, cómo se dejan tapar la boca los estudiantes, para la muestra el siente botón: Hace poco, una estudiante de maestría, que por obvias razones no puedo nombrar, me confió el dilema por el que estaba pasando ya que uno de sus profesores no hacía sino manosearla y morbosearla cada vez que le presentaba algún trabajo. El sujeto, cuenta la profesional, tiene la mala costumbre de poner por el suelo a los estudiantes con palabras que hacen referencia a la incapacidad de los mismos y amenazas sobre perder el semestre, —Nos trata como si fuéramos tarados. Pero eso sí, usted viera al viejo asqueroso ese, no deja de cogerme cada vez que puede. El otro día me tocó ir a su oficina para una asesoría porque nos tenía amedrantados con el trabajo final y comenzó a sacarme la lengua de manera morbosa. Yo me hice la que no era conmigo, porque no me puedo dar el lujo de perder materias, eso sale muy caro, además, lo que menos quiero es repetir la materia con ese viejo verde—. Como esta profesional angustiada muchas otras, pero la mayoría prefieren aguantarse el acoso antes de denunciar. Lo que resulta curioso es que este personaje es lo que se conoce en el ámbito universitario como “eminencia” por sus estudios, conocimientos y reconocimientos. No cabe duda que el título, no hace mejor a las personas.

Por otro lado, un funcionario de una de las facultades de la UT me comentó, a modo de secreto, que una de las técnicas que tiene la universidad cuando ve que algún estudiante es muy revolucionario, que está moviendo las masas o que representa un verdadero peligro para su tranquilidad, es ofrecerle un puesto en alguna de las dependencias, con esto garantizan que todo siga igual. Lógicamente nadie se atreve a denunciar porque de una u otra manera, muchos están en busca de lo mismo. —Ya sabes cómo funciona esto mi hermano: ¡Divide y reinarás!—.

Pedro regresó de nuevo a la universidad para continuar sus estudios de posgrado, con cierto aire de reflexión reconoce que los años han pasado, y termina su relato contándome que a su regreso se encontró con que muchos de sus excompañeros de protesta ahora no protestan tanto, de hecho, ya ni lo saludan, se dedican a trabajar de manera acuciosa detrás de sus escritorios con unas ínfulas de decanos que no pueden con ellas. También escuchó las buenas nuevas ya que por fin se terminó el reinado de terror que tenía un funcionario acusado de corrupción, pero igual volvió a sentir la misma tristeza de antaño al darse cuenta de que la mala situación en la universidad es prácticamente la misma: profesores que antes eran catedráticos y cuyo discurso se regía bajo el lema de la revolución, ahora ya no hablan de eso, como tampoco son catedráticos, más bien de planta y como las plantas se han sembrado en sus puestos. No faltaron tampoco las noticias sobre las nuevas amantes de los amantes que hacen de las suyas, los escándalos con el asunto de los contratos, los problemas de Distancia y Presencial que no dejan de ser un asunto de ausencia de criterios por parte de los estudiantes para pelear por sus derechos de manera conjunta, el problemita aquel del restaurante que no garantiza alimentación para los sábados o la atención de salud pese a los cobros de la misma a través de un carné, las promesas de los decanos que no se cumplen ni aunque juren por el mismo Dios, las traiciones y los chismes de novela, las publicaciones amañadas, el clientelismo, el amiguismo, la prostitución, los abusos de poder, la ley del silencio, los alucinógenos, los profesores y estudiantes mediocres, los que van a comprar el cartón, la desidia en los procesos de investigación y mil etcéteras más.

No deja entonces de sentir uno el mismo malestar que Pedro, un malestar causado por la preocupación enorme al ver cómo se están devorando a la universidad de nuestros padres, de nosotros y de nuestros hijos, ante la mirada indiferente de unos estudiantes pasivos, de unos revolucionarios e intelectuales que no existen y frente a una comunidad que se la pone fácil a los corruptos para que sigan haciendo de las suyas en una ciudad sin memoria y sin sentido de pertenencia por defender lo propio. Si se sigue descuidando a la Universidad del Tolima, el daño será por el mismo estilo del causado por los señores de las multinacionales extranjeras.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor, cineasta.