Los tolimenses damnificados del poder en Bogotá

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Guillermo Alfonso Jaramillo.

Con la salida de Gustavo Petro, y el nombramiento de alcalde encargado para la capital, muchos coterráneos andan a la expectativa por saber si se les acabará el contrato, o si regresan a Ibagué a pasar afugias.

Todos han sido colocados por el exgobernador del Tolima y exsecretario de Salud y de Gobierno de Bogotá, Guillermo Alfonso Jaramillo.

Ellos son:

Hugo Ernesto Zárrate, actual secretario de Gobierno.

Freddy Humberto Pérez, ingeniero y excandidato a la Cámara. Tiene varios recomendados y ha manejado licitaciones onerosas en el Distrito.

Jairo Alberto Acosta, excandidato a la Cámara. Fue asesor de la secretaría de Salud.

Gonzalo Parra González, abogado muy cercano a Jaramillo.

Henry Rodríguez Pinzón, abogado y exconcejal de Ibagué. No solo él labora en el Distrito, también algunos de sus familiares.

Marco Emilio Hincapié, gerente de la Lotería de Bogotá.

Juan Ávila, excandidato al Concejo de Ibagué.

Nicolás Ricardo Espinosa, abogado. Tuvo varios contratos en Bogotá, e incluso sonó como candidato a la alcaldía de Ibagué por el movimiento Progresistas.

Milton Rengifo, quien maneja en Bogotá las relaciones con las alcaldías locales.

Ariel Lozano Gaitán, responsable de la Dirección de Seguimiento y Análisis Estratégicos (DSAE), del Distrito.

Gustavo Ernesto Rondón Ayala, economista de Ibagué, a cargo de la Dirección de Asuntos Étnicos de la Secretaría de Gobierno.

Podría pensarse que con tantos tolimenses que coinciden en las mismas dependencias, habría solidaridad de región, compañerismo y amor propio por la tierra. Una anécdota referida por los mismos afectados a periodistas de A la luz Pública, ilustra todo lo contrario: en 2013, se ordenó rifar un carro para contribuir con los gastos de la lista a la Cámara que encabezó Jairo Acosta, y cada boleta costaba un millón de pesos. El vehículo se lo ganó la abogada María Constanza Aguja, pero tras el paso de las semanas y dilaciones, no se lo querían entregar.

Este grupo de tolimenses y otros que por su escasa figuración no alcanzan a clasificar en la lista, le apuestan a que el presidente Santos nombre un alcalde para Bogotá, cercano a sus afectos, y que en lo sucesivo puedan seguir disfrutando de las mieles de la burocracia en la capital de la república.