Mala educación

Luis Carlos Rojas Garcìa, ‘Kaell García

Luis Carlos Rojas

A propósito del día del maestro. Siendo aproximadamente las siete de la mañana en una calle del barrio Libertador de Ibagué, una mujer asomada desde el balcón de su casa le reclamaba a su hijo porque se encontraba dando vueltas por la calle cuando se suponía que debería estar en clase ya que horas antes había salido para el colegio que queda a una cuadra de su casa. El niño, de unos doce años más o menos, le respondió que tenían que ir a protestar, pero cuando la mujer le preguntó el motivo de la protesta la respuesta del infante me dejó perplejo y estoy seguro que a la iracunda y preocupada madre también. Sencillamente no sabía, pero esa era la orden que les habían dado en el colegio los profesores.

Unos metros más adelante, un grupo de estudiantes del colegio que está ubicado al lado de la improvisada estación de Policía, corrían en estampida con la única intención de cerrar la vía que conduce a Villa Restrepo. En medio de las populares arengas de “el pueblo unido jamás será vencido”, se tomaron el CAI, se subieron a uno de los vehículos de transporte público que transitaba a esa hora rumbo a los barrios contiguos al Libertador y lo detuvieron, por si fuera poco, comenzaron a provocar e insultar a los policías que los custodiaba.

Mientras tanto, en la parte alta, cual espectadores de cualquier partido de fútbol, sentados en las sillas de la tienda que queda justo al frente del colegio, con tinto en mano y uno que otro cigarrillo en la boca, los profesores los observaban con ademan de complacencia. La mamá del chico al ver lo que pasaba le ordenó que entrara inmediatamente a la casa so pena de ir ella misma con chancla en mano por él. El chico no tuvo más remedio obedecer.

Resulta paradójico escuchar las constantes quejas de los maestros referentes a: los estudiantes de ahora no respetan, no quieren estudiar, nada les gusta, se comportan como delincuentes, son apáticos a las clases, son rebeldes etc. Sin dejar de lado además, todas esas excusas que inventan los profes en donde el gobierno, la sociedad, los padres de familia y en general, son los únicos responsables de la actitud de los muchachos. Todos son culpables menos ellos.

Ahora bien, cuando observamos a niños, que no superan los quince años, crear desmanes como los descritos anteriormente, es cuando nos preguntamos, sin querer aparentar ser puritanos: ¿Qué es lo que les están enseñando los profesores a nuestros hijos en las escuelas y colegios? ¿Cómo es posible que citen a los muchachos a clase y luego se los lleven a protestar, a cerrar vías, a insultar y a provocar a las autoridades? Pero lo más cantinflesco ¿Cómo es posible que los estudiantes ni siquiera sepan por qué y para qué están protestando?

No es un secreto que pese a la belleza y riquezas de nuestro país, Colombia es un territorio violento, literalmente nuestra historia está escrita con sangre. Por tal razón resulta preocupante que los “maestros” del vandalismo sigan haciendo de las suyas en las instituciones educativas permisivas, con la consigna de luchar por la igualdad de derechos y condiciones, ya que por lo general existe una facilidad imponderable de exigir derechos pero poco o nada se enfatiza en los deberes.

Se puede llegar a pensar que este asunto de promover el vandalismo es exclusivo de las escuelas y colegios del sector público, pero la realidad es otra; en universidades como la del Tolima por ejemplo, también existen los “maestros” del vandalismo que promueven el desorden y la violencia con argumentos falaces para luego esconderse en las sombras de sus sueldos. Ahora encuentro significativa la frase aquella de Tom Hanks interpretando a Forrest Gump: “Tonto es el que hace tonterías”. Así que no deja de causar escozor el comportamiento tonto de los dueños del saber y lo que es peor, que promuevan la tontería. Una cosa es protestar, pero incitar a un grupo de niños a cometer sus primeros actos delictivos es imperdonable ¿Acaso los profes no tienen la capacidad de enseñar a sus estudiantes que se puede protestar sin recurrir a lo vandálico?

En conclusión y sin ser enemigo de la protesta, creo que ya hemos tenido suficiente con tanta violencia como para que estos personajes ilustres, maestros, profesores, tutores o como se les quiera llamar, que por cierto celebran su día con mensajes emotivos y amañados, no todos, pero si muchos, sigan promoviendo la ignorancia y la cultura del odio que tanto daño nos ha hecho. A la escuela deberíamos ir con la intención de aprender a llevar una mejor vida, no a convertirnos en los futuros delincuentes de la mano del profe cuyos intereses van más allá del querer enseñar a protestar.

Por Luis Carlos Rojas García, Kaell.