Malos aires

Andrés Currea H.

Nuestra querida ciudad de Ibagué, que recién cumplió 468 años de existencia, enfrenta un problema que lleva más de 20 años afectando a los residentes del sector de Buenos Aires. Se trata de los pestilentes olores emanados por la industria avícola que sin control alguno, está causando graves daños al ambiente y a la salud.

Esta situación evidencia que no se realizan de manera adecuada los procesos y procedimientos de limpieza y control de olores y desperdicios. Es perturbador para quienes habitan la zona aguantar la grave contaminación del aire, que genera proliferación de insectos y enfermedades en humanos y animales.

Quienes ingresan a la ciudad, provenientes de Bogotá, sienten cómo de manera repentina el ambiente se ensombrece por los nauseabundos olores que expelen las granjas avícolas ubicadas en Buenos Aires, que paradójicamente a su nombre, es una antítesis a la realidad del problema. Es una poca cálida bienvenida a las personas que visitan la ciudad, al tener el primer contacto con Ibagué, con fétidos olores, que no favorecen las intenciones de ser un punto importante de turismo y de la industria logística nacional.

La entidad ambiental encargada de vigilar, controlar y sancionar las afectaciones al medio ambiente, es la Corporación Autónoma Regional del Tolima (Cortolima) que más se ha convertido en un fortín político, de burocracia, que en una entidad que vele de manera decidida por salvaguardar el medio ambiente. Vale anotar que este no es el único problema ambiental que campea sin ser controlado, hay muchos como por ejemplo, la tala indiscriminada de árboles en el Cañón del Combeima, la siembra de cultivos en las montañas del mismo sector, entre otros que gozan de la falta de control.

También es inadmisible que la empresa que causa estas graves afectaciones al aire y en general al medio ambiente, no tome correctivos pronto para solucionar la situación, y adopten de manera urgente procesos que eviten que los olores propios de la actividad desarrollada no se desborden sin control afectando la salud de cientos de personas que habitan la zona. Creo que no conocen las políticas de Responsabilidad Social empresarial y Responsabilidad Ambiental.

Enviaré a Cortolima, un derecho de petición para que de manera clara expliquen si han tomado acciones sobre este grave problema y en qué estado están. Cuando tenga su respuesta la comunicaré a través de esta columna de opinión.

Por: Andrés Currea Hernández, comunicados social y periodista.

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