¡Manos arriba: la intervención o el suicidio!

Orlando Ávila

Orlando Ávila

El dilema de la docta burocracia.

Cada semana en nuestro Tolima, paralelo a los nuevos escándalos de robos al Estado, es decir a todos (60 billones de pesos al año, según dijo antes de irse en fuga la corrupta excontralora italo-colombiana de derecha, porque al nuevo, el liberal costeño, aun no le cuadran ni la calculadora ni las sumas), se oye y se lee a los periodistas locales sobre el más reciente suicidio: del niño, de la niña, de los púber, de los adultos, de los ancianos, uno más, sin más.

Al rompe, el grito en el cielo de concejales marginados, de diputados en nómina, de gerentes de directorio político, de líderes de barrio, de ambientalistas, de sesudos izquierdistas, de uno que otro, a veces, profesor o maestro, de noveles o diplomados, psicólogos en lista de nombramiento, todos a una como en Fuenteovejuna: que fue por la pérdida de valores, que es un fracaso moral, que fue la falta de fe, que fue la internet, que fue por el mundo de hoy tan diferente al de antes donde nadie se moría. ¡Qué fue que, qué fue que!

El suicidio existe – para uno o para todos – como salida (insana o no), a lo perturbante de la existencia terrenal (por demasiado placer o por demasiado dolor, o por la ausencia de uno o de ambos) tanto así que Sócrates como el amado Oscar Wilde, se desvelaron (y hasta se suicidaron, corporal o socialmente, no importa) por enseñarnos.

Ahora si lo que reinase fuera la tesis moral aupada por los vates de la provincial brigada anti-suicidio (acantonada, por ahora, entre cristianos evangélicos o católicos, o entre marxistas ungidos por los anteriores), que frente a los mismos periodistas locales piden a gritos más contratos, más presupuesto y obvio más burocracia, para inundar de “intervenciones” o “diagnosis” hasta el ínfimo reducto de privacidad de la familia tolimense más empobrecida, a causa de sus mismos colegas de la Nación, ya entonces denunciados por la excontralora en fuga, cabría pues que dichos soldados de la cruzada por la nueva restauración moral tolimense, mirasen, por ejemplo, en la misma historia bíblica de Judas Iscariote, o de Santiago el Justo, o del mismísimo apóstol Pedro.

Más de 800 mil seres humanos se suicidan anualmente en el mundo según la OMS (2016), no contando a los que deliberadamente se les suicida masivamente por ejemplo, con las hambrunas de la Guajira o aquí más cerca, con las mismas hambrunas del des-tolimensado Triangulo del Tolima, o con los 50 años de la guerra colombiana que simplemente desapareció a 175 mil compatriotas (FGN 2014), o con los que a diario se causan en nuestro Tolima con su orgulloso índice de 5.8 % (2015) de severidad de pobreza del Dane (pobres que nunca se alejan de la pobreza, sino que van hacia la pobreza extrema o la indigencia).

Alguna vez el humanista Erich Fromm dijo “si yo soy todo lo que tengo y luego pierdo lo que tengo, ¿entonces quién soy?” Por allí se debería empezar, entendiendo quienes somos como sociedad y no “interviniendo” ni “diagnosticando”, lo que es de la esfera del puro plano de lo individual/personal, lo que en últimas es lo único que nos queda de esencialmente humano, en un mundo totalmente controlado por lo virtual, por la fe y por el robo de lo público.

Luis Orlando Ávila Hernández
Ingeniero agrónomo,
Propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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