Medios y periodistas perdieron

Germán Sánchez (izquierda)

Germán Sánchez (izquierda)

Mucho más que las empresas encuestadoras que no atinaron y ahora se llenan de excusas y razones para tratar de explicar lo que no vieron. Más que el Presidente Santos, que Roy Barreras, Armando Benedetti, Horario Serpa, Ernesto Samper, Claudia López, Piedad Córdoba, César Gaviria, Iván Cepeda, entre otros muchos otros rancios politiqueros del país, los grandes perdedores en la política con el plebiscito pasado del dos de octubre, los que sí lo hicieron totalmente fueron algunos medios de comunicación y varios periodistas del país.

Su falta de rigor noticioso, de neutralidad, de equidad informativa, de confundir adrede opinar e informar frente al plebiscito, los ubicó como dijo Juan Gossaín hace unos años: “en el mismo fango de la clase política” tradicional de Colombia, sin importar si esa clase era la que defendía el Sí o el No públicamente.

El habérsela jugado de manera descarada por una de las dos opciones, anteponer sus sentimientos personalistas, antes que su deber profesional de informar y permitir que el ciudadano sacara sus conclusiones y tomara una postura propia, los puso en el primer lugar en el podio de los perdedores. En especial en cuanto a credibilidad y respeto de parte del ciudadano se refiere.

El primer gran error fue haber generado y estimulado todo un clima previo a la votación de agresión, ataques aleves personales, descalificaciones sobre quienes votarían el No. Pensando torpemente, tal vez, que quienes lo hicieran serían calificados de uribistas, de residentes del ubérrimo, de paracos, enemigos de la paz, asesinos, insensibles, violadores de niños y demás epítetos y ese señalamiento público los detendría. Cuando nada más distinto a la realidad, porque ni militantes del Centro Democrático eran. Por el contrario, gente trabajadora, honesta, honrada y buenas personas como el que más.

Fue precisamente eso lo que al parecer motivo a miles a tomar una actitud silenciosa, que consideraron de elevado valor y altura moral, al pensar que esos acuerdos entre Santos y ‘Timochenco’ se podrían mejorar votando No para el bien común o como dirían los cuasi tiranos de la Corte Constitucional que tenemos en Colombia, que avalaron la pregunta plebiscitaria, tener una paz estable y duradera.

Que su voz de inconformiso se convirtiera en votos para que los acuerdos pudieran tal vez ser mejorados y ajustados, pese a tanto apabullamiento sistemático de medios y periodistas imponiendo el Sí a la fuerza, fue lo que lograron esos más de seis millones de compatriotas del No.

A miles de colombianos los hastió, los fatigó, se les volvió un karma escuchar noticias, leerlas o verlas, por ese espectáculo deplorable de periodistas en descarada campaña electoral señalándolos, cómo votar, diciéndoles qué hacer, cómo hacerlo, generándoles pánico permanente sobre el resurgimiento dela guerra urbana con entrevistas teledirigidas, historias de vida lastimeras solo de una de las partes del conflicto y titulares absolutamente subjetivos.

Pero lo más triste de todo esto es que los medios de comunicación se volvieron no cajas de resonancia política, sino las cajas políticas en sí mismas. Se portaron muchas veces como directorios partidistas, olvidaron su deber moral de ser equilibrados, neutrales, ponderados, informar de buena fe desde todos los puntos de vista del hecho y se casaron con una sola postura, por más que todos creyéramos que era el mejor.

Tal vez se quiso aplicar a la fuerza la teoría de la Aguja Hipodérmica o la Agenda Setting, que habla de inocular hasta donde más cierto tipo de información, sesgarla, manosearla, hasta que la gente se convenza que esa es la única y verdadera, que no hay más camino u opción distinta de esa que indica el medio de todas las formas y maneras todo el día.

Pero los colombianos parecieron reaccionar de forma distinta e irse por los mensajes sencillos y contundentes de otros sectores que expresaban un No frente a los acuerdos de la Habana de Santos y Timochenco. Gracias a Dios no solo escucharon las voces del hoy odiado (no sé si más bien sacrificado por los suyos) Juan Carlos Vélez, gerente del Centro Democrático, quien casi que reconoció que de forma ruin se envenenaron los mensajes creados por un sector frente al plebiscito.

Afortunadamente estuvieron también personas respetables como el abogado y exalcalde de Bogotá, Jaime Castro, quien siempre dijo sin punto medio que votar No en el plebiscito no significaba ser uribista, en lo cual tenía mucha razón. Como él, juristas destacados bajo el nombre “Mejor No” (Hugo Palacios, Estaban Jaramillo, Hernando Yepes, Pedro Medellín, Andrés Bernaza, Julio Bahamón, Nubia Martínez y Juan Lacouture) inscribieron su propia promoción y empezaron a explicar de manera reposada, profunda y tranquila en algunos medios de comunicación, en universidades y eventos gremiales lo que pensaban.

Por tanto, es mezquino e irresponsable lo que algunos medios, editorialistas y periodistas siguen señalando frente a que el No ganador es uribista o del Centro Democrático de Ordoñez o de ese Vélez exclusivamente, cuando allí estuvieron muchos otros que no van con esas doctrinas fundamentalistas. Continúan ciegos de su propio ego, de su orgullo, del dolor, la ira, que nos les permite en un acto de grandeza tener la humildad necesaria para reconocer que la embarraron al tomar partido de manera pública al informar, que faltaron a su deber para con la ciudadanía, a los principios elementales de la ética, la moral y la deontología periodística.

Para comprobar esto solo basta con que usted amigo lector entre a las páginas de ciertos medios radiales, escritos y televisivos para que se percate de la agresividad de éstos al hacer de forma disimulada comentarios peyorativos contra los colombianos que votaron No. Las preguntas desencajadas, el terror que querían sembrar como queriendo llamar a una revuelta popular sangrienta y casi a un segundo “Bogotazo” por ese triunfo de los contrarios, donde por su puesto los muertos serían de otros, mientras ellos seguirían en sus cabinas y estudios “narrando los hechos” como si fuese un partido de fútbol. ¡Qué nivel de irresponsabilidad!

Piensen que esto que escribo puede ser exagerado. Pero por favor escuchen de nuevo lo que decían, comentaban, reflexionaban y preguntaban al aire en vivo y directo por ejemplo María Elvira Samper, de Radio Sucesos RCN, Julio Sánchez de La W Radio, el siempre sin ponderación Darío Arizmendi, Darío Restrepo de City y El Tiempo Televisión y Yamit Amat de CMI, entre muchos. ¡Vergonzoso¡ Parecían meros politiqueros rabiosos luego de una campaña perdida.

Eso solo por nombrar las llamadas figuras del periodismo nacional y no caer en lo local y regional. Eso no puede continuar así. Incluso los últimos días todavía parecían cargar una especie de rabia insoportable en su corazón y mente contra los colombianos que no quisieron tragar entero sus publicaciones mediáticas; en una actitud soberbia como cuando alguien cree tener la superioridad intelectual para entender y mira al otro de lado porque piensa que su interlocutor que voto contrario, no le hizo caso o no le creyó no la tiene. Continuaban sus diatribas, mientras el país avanza por otro rumbo.

Qué lección y bofetada la dieron a estos y otros pseudofensores de la libertad de expresión e información, la democracia, la convivencia, la tolerancia y el perdón, los estudiantes universitarios que salieron a marchar unidos diciendo que el Sí y el No acabaron, y todos queremos la Paz estable y duradera. A trabajar, mejorar lo que se pueda de esos acuerdos y pa´lante, dijeron los jóvenes en marchas masivas a lo largo del país. Qué pensarán en su interior, en la soledad de su conciencia esos periodistas, directores, columnistas, opinadores y editores que no han querido reconocer su error y ni un solo “mea culpa” han esgrimido. No se han escuchado debates estos días sobre esa falta y falla, aparte de unas pocas columnas. Los editorialistas y periodistas escondidos egocéntricamente tras el escudo del derecho de difundir información y que ellos supuestamente jamás se equivocan.

Ojalá esto que pasó, y ahora que quedó al descubierto ante millones de colombianos cómo se comportan, actúan y piensan en algunos temas y momentos transcendentales de la historia del país varios medios de comunicación y periodistas, les sirva de lección para mejorar y enderezar el camino porque es por el bien de todos. Los medios de comunicación son fundamentales para fortalecer la sana convivencia y nutrir la democracia.

Por último, felicitaciones al Presidente Santos por el premio Nobel de Paz, es un estímulo para lograr la paz duradera firmando acuerdos estables con las Farc y el Eln, que es lo que queremos todos los colombianos. Gracias al mundo por ese espaldarazo, pero que el mundo también entienda que los colombianos les dimos una lección y ejemplo a seguir en procesos de paz.

Por: Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-, periodista, docente universitario.

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