Misas con gel y tapabocas en la Catedral de Espinal

Imágenes: suministradas.

Feligreses podrán asistir con medidas de bioseguridad.

Después de dos meses de permanecer cerrada debido a la cuarentena por el covid-19, la catedral Nuestra Señora del Rosario, en el municipio de Espinal, Tolima, se convirtió en el primer templo católico del país en reabrir sus puertas para la celebración de eucaristías y otros oficios religiosos.

«Si comulga guarde la distancia». «Lávese las manos con agua y jabón». «Guarde la distancia de dos metros con la otra persona», dicen algunos de los avisos o recomendaciones que están en la entrada principal y en todas partes de este templo de arquitectura antigua declarado Monumento Nacional.

«Completamos dos meses largos sin comunión y sin misas, pero Dios nos perdonará», señaló una mujer de 65 años, quien quedó sorprendida al ingresar a la catedral pues, como ella lo dijo, nunca en su vida había visto una Iglesia con lavamanos.

Otro ciudadano afirmó que, «ni la casa de Dios respeta ese virus».

La expectativa es grande en esta población de 150.000 habitantes pues, a las medidas que deben cumplir los feligreses, se suman protocolos como desinfección de calzado, aplicación de gel antibacterial, toma de temperatura mediante reconocimiento facial y uso permanente del tapabocas sin el que nadie podrá ingresar.

El alcalde de Espinal, Juan Carlos Tamayo, afirmó que en el templo se instalaron los equipos para lavado y desinfección, además de señalización para que las personas se ajusten a esas mediidas que tienen como fin evitar la propagacion del virus.

“Hicimos la entrega del permiso solicitado por la iglesia Nuestra Señora del Rosario pues cumple con los protocolos de bioseguridad», señaló el mandatario.

Una reapertura gradual y con «mucha responsabilidad» también recomendó Jorge Bolívar, secretario de Salud del Tolima.

«Dios dijo: ayúdate que yo te ayudaré, por tanto, los feligreses deben ser responsables y cumplir a cabalidad las medidas de prevención», dijo el funcionario.

Uno de los más satisfechos con esta reapertura de servicios religiosos es el párroco José Orlando Salazar, quien señaló que en las bancas de la iglesia solo pueden sentarse dos personas, una en cada lado.

«Tenemos en la entrada una máquina electrónica donada por ingenieros, cuyas funciones son el reconocimiento facial y la toma de temperatura a cada persona», afirmó el sacerdote de 60 años.

«Confesiones por ahora no tenemos, pero sí tres misas cada día a las 7 y 11 de la mañana y otra a las cinco de tarde pues solo se permite, en cada celebración, el ingreso de 20 o 30 personas», aseguró el sacerdote.

Hasta para recibir la comunión se debe guardar distancia y la hostia se le entrega a cada persona en sus manos, previa desinfección del sacerdote.

En la preparación de la catedral y cumplimiento de las medidas de bioseguridad la parroquia invirtió siete millones de pesos, «recursos aportados con amor por la comunidad de Espinal».

Incluso el párroco conserva una lista del dinero que ofrendó cada familia.
Salazar confiesa que los meses de cuarentena han sido difíciles «pues para un sacerdote lo más duro es estar apartado de sus fieles, de sus ovejas».

Él hacia misas por Youtube y afirma que, gracias a Dios, «ya podemos reencontrarnos, eso sí, cumpliendo al pie de la letra las medidas de la Alcaldía y el Ministerio de Salud».

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