Ni de Uribe, ni de Santos, ni de Duque, ¡el Túnel es de todos!

Imagen: revista Semana.

Una de las obras más esperadas en las últimas décadas fue puesta en funcionamiento la semana anterior. Aunque aún le falten obras para su terminación total y sea de un solo sentido (Calarcá – Cajamarca), es un avance importante en materia de conectividad y reactivación económica en medio de esta aguda crisis.

Así el presidente Iván Duque, haya colocado el mármol más grande del país (casi más grande que el mismo túnel) con su nombre como el gran ejecutor de la obra, o que Álvaro Uribe, desde la detención domiciliaria se atribuya el proceso y el inicio de las obras, o que Juan Manuel Santos, diga que lo dejó en un 92 % en avances de construcción, el túnel de la línea es de todos los colombianos y no debe estar en una puja política de egos y de réditos electorales y económicos.

No importa que se hayan tardado más de 11 años en su construcción (el doble de tiempo de la mega obra del túnel del Canal de la Mancha en Europa – cinco años) o que se haya quintuplicado su presupuesto por demandas, corrupción y otras innombrables arandelas; esta obra significa un avance en materia vial muy importante para el país. El 80 % de la mercancía debe ser trasportada por esta ruta que conecta al occidente con el centro, convirtiéndola en un corredor comercial de altísima importancia para la dinámica económica de Colombia. La reducción de tiempos de transporte redundará en beneficios económicos, asimismo se estima una reducción de casi el 95 % en accidentes, en una vía que anualmente registraba entre 200 y 300 siniestros con pérdidas de vidas y cuantiosas pérdidas económicas.

La puja política sobre quien fue el gestor o realizador de la obra debe quedar a un lado. El exvicepresidente Germán Vargas Lleras, dice que hay muy poco que celebrar y destaca una serie de irregularidades que se presentaron en la obra, algo que es muy cierto. Lo que parece que no recuerda Vargas Lleras, es que durante su ejercicio como ministro y vicepresidente fue el encargado de las grandes obras del país, entre ellas el túnel de la línea. Parece que su columna es una autocrítica a su poca gestión durante ochos años que estuvo en el gobierno anterior. Se merece un coscorrón.

Esta obra es una oportunidad para que mejore la conectividad, para que se impulse el comercio, el turismo y se establezcan alianzas estratégicas entre le eje cafetero y el Tolima, como abrebocas a una sincronización de acciones que generen beneficios para las regiones en mención. No podemos quedarnos en la polarización de quién o quiénes construyeron el túnel. La conversación ahora debe ser como se explota este avance vial para el beneficio de todos en medio de las perores circunstancias económicas en la historia del país.

Cortar la cinta (que a propósito casi no lo puede hacer el presidente Duque), inaugurarlo, colocar el mármol más grande del país con el nombre en letras gigantes, no significa nada, solo son el alimento de gordos egos que desean pasar a la historia no por sus obras o acciones en beneficio de la gente, sino por el contrario, grabando sus nombres en la roca, que con el tiempo el sol, la lluvia, el humo de los carros y el inclemente paso del tiempo se borrarán.

Por: Andrés Currea Hernández
Comunicador Social – Periodista

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