Nos quieren compartir el plato

Venezuela, el país más rico en petróleo de Latinoamérica, hoy por hoy tiene a su pueblo comiendo de la basura; este parecería ser el punto de no retorno en el camino a la decadencia del proyecto socialista del siglo XXI que dejó Hugo Chávez como legado a Nicolás Maduro, quién no pudo enfrentar el talante de la fuerza opositora venezolana, dejando ver su desesperación.

Encarceló a Leopoldo López y el hasta el momento presidente de esta república de tradición democrática ante los mismísimos ojos del libertador Simón Bolívar, se convirtió en un dictadorzuelo tropical con ínfulas de héroe popular, que se niega a dar su último respiro aun cuando se encuentra sin duda alguna al borde del abismo, sostenido de las manos de presidentes de la zona, domesticados por la diplomacia económica populista a la que le deben hasta el aire que respiran.

Y este populismo que genera más pobres, este sistema que busca esparcirse por Latinoamérica implantando en nuestros jóvenes la idea de que esquemas sociales y políticos como Venezuela están bien, definiendo políticamente sus mentes implantando tesis romántica de la lucha popular, de la lucha contra los gobiernos, cuando a su vez esperan que sean estos quienes les den todo gratis, que la economía y la sociedad se mantenga a base de subvenciones y que esa idea de para todos todo sea el fundamento de sus vidas, hasta que se ganen su primer salario producto de su trabajo y no quieran compartirlo con nadie y la realidad los avasalle irremediablemente.

El pueblo valiente de Venezuela se ha volcado a las calles con un clamor unísono, ¡libertad!, contra todo pronóstico y ataque se mantienen fuera de sus casas, de sus trabajos, enfrentando a la Guardia Nacional Venezolana y a los Colectivos Chavistas que no son otra cosa más que fuerzas paramilitares financiadas por Nicolás Maduro.

Ahora bien, de lo anterior me nace una pregunta ¿Dónde queda el rechazo a las fuerzas paramilitares de la señora Córdoba? ¿Del señor Cepeda? ¿Timochenko? ¿Los beneméritos abogados de las Farc, el doctor Leyva Durán y Enrique Santiago? El ultimo que ni siquiera es colombiano. Es este el modelo que a viva voz apoyan y declaran legítimo, que abiertamente han dicho que quieren traer a Colombia, mientras el régimen “constitucional” usa la Policía y la Fuerza Armada cuyo deber es proteger al pueblo para que salgan a reprimir y a asesinar estudiantes, padres, hermanos, esposos, hijos.

Y para los que creían que cosas como estas no podían suceder en estos tiempos, que no eran más que fantasías románticas de los que aborrecen la izquierda, lo que ella representa en la historia política mundial, nuestro pueblo hermano come de la basura y nos quieren poner a comer del mismo plato.

Por: Daniel Augusto Aguilar Osorio, estudiante de Derecho.

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