Nuestra bacanísima atención al público

Luis Carlos Avendaño

Luis Carlos Avendaño

Como soy colombiano, soy masoquista y por tercera en el año vez fui a pagar el servicio de cable y telefonía fija por los lados de la carrera Tercera entre calles Décima y Once en Ibagué. Como siempre, la dependiente me recibió con cara como si ella padeciera de un severo estreñimiento y como si yo tuviese la culpa de sus males. Siempre es la misma vaina. Y después aquí la gente se queja que porque los hipermercados y almacenes de cadena de otras ciudades al establecerse en la musicalia: traen a personal foráneo.

Pero…esa cara de “control de buseta” tan tristemente célebre en personas que atienden público en una ciudad capital del departamento, generalmente es la norma y de manera triste, muchos turistas se llevan la imagen que por todo el departamento la cosa es igual. Me da pena decir esto, pero cuando a uno lo atienden bien en Ibagué… uno se siente extraño como si le estuvieran mamando gallo y suele preguntar al asesor de dónde es. Comúnmente el parroquiano es de provincia –de la cordillera en su mayoría- o de origen paisa.

Por supuesto hay un pequeñísimo porcentaje de locales que saben del servicio al cliente. Y es que, a uno, más que lo atienda una vieja que esté buena o, como dirían las mujeres, un triple papito, lo que busca es que, al menos no lo maltraten, le den la información oportuna, cierta y a tiempo. Quienes atienden público aquí, justifican su notable falta de amabilidad diciendo “es que yo no soy lambón”. ¡Qué ignorancia por Dios! No es lamboneria, no. Es que, toca tratar bien al cliente porque es quien nos paga el salario. Toca romper con esos paradigmas machistas que llevamos en nuestras venas, según los cuales, por ejemplo y para el caso de los caballeros: éstos no puede ser amables con otros congéneres, sino sólo con el personal femenino. A ese machismo –el mismo que se esparce desde México hasta la Patagonia- le debemos que un varón por ejemplo salude a un conductor al subir al bus y este le conteste de mala gana, estando de buenas. Esos mismos conductores despliegan una actitud opuesta cuando una mujer pasajera saluda al pagar su pasaje en la buseta.

La cuestión es que, los empresarios en la ciudad, los administradores, digamos, pareciera que poco invirtieran en capacitar a sus vendedores. He ahí el otro lado de la moneda. No se le puede exigir a quien no se le capacita. No pocos de estos hombres de empresa practican estrategias de mercadeo bien peculiares. Por ejemplo, creen que con poner un bizcocho de vieja que tenga el culo grande con el pelo alisado y amonado, como asesora comercial y con poner música de reggaetón que se escuche a 5 kilómetros a la redonda en su negocio, ya con eso se van a tapar de plata.

Como en Ibagué lo tratan a uno según como se vista, ocasionalmente los vendedores lo ven a uno vestido normalito y suelen salir con aseveraciones imbéciles como por ejemplo: “Qué pena: ¿usted si tiene con que comprar esto? O, a veces, simplemente con la actitud de displicencia del personal de ventas al primer contacto visual con el cliente, ya le están diciendo al potencial comprador y sin necesidad de abrir la boca: “usted tiene pinta como de chichipato, seguro es de la familia Miranda, ¿Por qué mejor no se abre de aquí como la yuca?”. ¿No les ha pasado acaso que uno habla con un vendedor o vendedora en una dependencia pública y/o privada quien ni siquiera levanta la cara para mirarle la jeta a su interlocutor? Y todo por estar chateando o metido en el Facebook.

Por eso, una posible estrategia para evitar ser lesionado cuando vaya de compras en la capital tolimense puede ser el vestirse de traqueto o cambiar el acento, para infundir un poco de respeto en el excelentísimo asesor comercial.

Así pues, le recomendamos señor comprador que la próxima vez que se vaya de compras por la capital de la tierra firme y para evitar un dolor de cabeza y lo atiendan A LO BIEN: se haga usted pasar por peruano, ecuatoriano, boliviano, mexicano, en todo caso, lo importante es que la nacionalidad que su merced asuma… termine en ano.

Por: Luis Carlos Avendaño, profesor de inglés, caricaturista.