Nueve poetas de tierra caliente

Nuevo poeta de tierra caliente

Nueve voces entre la tierra agradecida del llano arrocero y ardiente y un cielo limpio habitado por nubes viajeras que enmarcan la idílica geografía de Espinal, se dieron cita en las páginas de este libro para cantarle y escribirle a su tierra, a sus gentes, a sus costumbres y a sus sueños  infinitos. Todos ellos poetas, creadores apasionados y juiciosos, tan distintos entre sí, tan diferente y especial cada autor en el tratamiento de su palabra lírica; pero unidos por un mismo sentimiento: El afecto insobornable y honesto por su tierra y por el camino amado de sus almas para llegar todos, al territorio sin fronteras de la poesía.

 

Inaugura el libro Aura Nancy García, evocando en la palabra tranquila la nostalgia del amor, arraigado en el pasado y los recuerdos; ese amor que llama la poeta en sus líneas: ¨ Yo extraño/  Y extraño su color, dulce y mestizo, / Color de luna y miel, suave y dorado“. Dagoberto Capera luego mudando sentimientos por palabras tan precisas como emocionadas, amando como en una especie de oración a su terruño al que él llama: “…mi pequeña patria/ que cabe en el corazón de una mujer/ morena…”.

 

El niño-poeta Efraín García Suárez  que se negó siempre sereno a volverse adulto, porque deseaba continuar viviendo la ingenuidad y la alegría de la  existencia para convertirla, en un poema inacabable, para decirnos: “que yo soy el milagro/ Y me bebo la vida/ ¡Libertad!”.

 

Las crónicas fiesteras de Espinal desbordado de alegría en la cadencia fresca que se vuelve palabra, retrato de canción y escándalos felices de Héctor Fabio Rojas, donde “por ahí pasé las noches más ruidosas de mi vida“. Reflexiones serenas, limpidez en el tratamiento del lenguaje y de los seres que lo habitan en la voz de José Omar García recordándonos que “es el llamado de Dios/ que emana desde el alma/ de cada ser humano”; o de pronto la palabra angustiada de “mi noche que llega en las alas del recuerdo/ la tuya cae pesada de amarguras…”.

 

Los sueños encantados en las nostalgias del terruño y el afecto impecable por la madre que llega a las páginas sentidas de Luis Edgar Cardozo “…con olor a humo fresco, a hornilla y a café “; o  el verso dolido al Maestro del Gólgota donde “…ya no se ven las espinas/ que clavaron sus sienes“. El amor otra vez entre los puntos cardinales de todas las palabras y todos los silencios del amado, al que María Ruth Suárez le susurra entre sílabas enternecidas que desea “contar lentamente las estrellas de tu/ Cielo“.

 

Los versos telúricos, a veces míticos, rescatando ancestros o debatiéndose entre el tiempo y los ecos milenarios en los poemas de Pedro Nel Rojas como “viento fluido místico/ Y manto vivificante de la tierra“; o de pronto el anhelo de la dama  del Toboso para amarla en el silencio del papel recién escrito, la misma a la que “…te erigió sacro templo/ Sobre las cumbres silenciosas/ De la noche…”.

 

Novelista y poeta tan apasionada como desmesurada en la palabra precisa para el verso y para el  canto, que se enfrenta por igual al verso, al sueño, a la pesadilla o al grito abismal, para reinventar la vida o renunciar a ella, en una imperiosa batalla verbal Rosalba Suárez Rivera nos fustiga y nos sentencia: “no quiero avalancha de nombres ni de cuerpos/ No quiero manos torpes ni pasos indecisos“; o de pronto el grito que reclama por la ofensa diaria que le propinamos a la naturaleza: “cuando vengas, sólo encontrarás/ Un paisaje de árboles amaestrados, / Un río recto, pesado y opaco…”.

 

Nueve poetas, nueve respiraciones líricas que palabra a palabra, página a página, arman todo un universo de poesía fresca, para cantarle a su tierra más allá de todas las fronteras.

 

Por: Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo, escritor, editor.

 

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