“Nunca, nunca había visto una mirada tan triste”

Miguel Salavarrieta

Esa mañana lo noté extraño. Le pregunté ¿Pesado el turno?, me dijo “no, no, vengo de viaje, estaba llevando a la pequeñita a Manizales, pero sabe qué, nunca, nunca había visto una mirada tan triste”. Estaba muy afectado y no supe qué decir, mejor dicho no había nada que decir. Sí, la pequeñita a quien refería es Angelita**, la bebé de nueve meses, sí de nueve meses, que hace unos días fue llevada al Hospital Regional de Líbano con signos de maltrato y posible abuso sexual.

Tristemente las cifras de tragedias como la de Angelita o del reciente caso de Sara Yolima en el vecino municipio de Armero Guayabal, son escalofriantes, ya que 23 casos de abusos a menores se presentan a diario en Colombia, según estadísticas del Icbf, mientras que Medicina Legal señala que 4.315 exámenes se han practicado a menores de edad entre enero y marzo de 2017 para determinar si hubo o no violación y se agrega que entre enero de 2014 y diciembre del año anterior 30.503 niñas menores de edad sufrieron abusos.

Todo esto es una catástrofe, no exclusiva de Colombia, sino del planeta y de eso nos da cuenta la prensa con noticias macabras como estas: ” Yuliana Samboní de siete añitos violada y asesinada a manos de Rafael Uribe Noguera” ; “En Jackson Country (EE.UU.) una bebé de 10 meses muere luego de ser abusada por el novio de su madre, un hombre de 32 años”; “Bebé de cuatro meses abusado por un soldado en Fuentedeoro en el Meta”; “En la India un padre le corta las manos a un adolescente de 17 años que había agredido sexualmente a su bebé de 7 meses”; “En Mar de Plata, Argentina, murió Yazmin Milagros de 11 meses abusada por sus padres”; “Padrastro viola y martiriza niña de 21 meses en Cochabamba”.

Y estas monstruosas noticias desencadenan todo tipo de reacciones como el llamado del Procurador a los alcaldes recordándoles la responsabilidad que tienen a través de las comisarías de familia frente a la protección de niños, niñas, adolescentes y mujeres y el apoyo a estas dependencias, advirtiendo de paso que “el presupuesto no puede ser excusa” para dejarlos desprotegidos. A esto se suman posiciones de políticos, emotivas marchas y recolección de firmas pidiendo el endurecimiento de penas.

Sobre la personalidad de un violador los medios de comunicación han difundido conclusiones de especialistas quienes indican que “La violación no es un acto sexual, es una agresión y está relacionada con la voluntad de ganar, de hacerse con el control de un objeto y ese objeto son las víctimas, niños, adolescentes, mujeres”. De igual manera se indica que sólo una minoría de los violadores comete este reprobable acto por satisfacción sexual. Asimismo se afirma que los abusadores con una conducta reiterada, que violan dos, tres y más veces, no pueden rehabilitarse nunca. Se explica que el agresor sexual con personalidad antisocial o sociópata “está en uso de sus facultades para determinar lo que es bueno y lo que es malo, pero es incapaz de sentir el dolor de los demás”.

Finalmente, otro especialista en psicopatología forense señala que “en los agresores sexuales, a menudo la lógica de sus crímenes es interna. Solo el criminal conoce por qué comete actos sexuales desviados”. Lo único cierto es que en Colombia no se ha estudiado a fondo qué hacer con estos individuos, hasta ahora son posiciones políticas y emocionales pero en algún momento se tendrán que adoptar las medidas y penas adecuadas con base en investigaciones científicas concluyentes. De otro lado y mucho más importante y grave es que tampoco contamos con implementación de las políticas públicas y acciones necesarias de prevención de toda clase de delitos violentos contra los niños, los adolescentes y la mujer. Sabemos que todo depende de “voluntad política”.

Debemos de tomar conciencia sobre estos temas y presionar en la dirección prioritaria siguiendo el orden lógico de las cosas ya que de lo contrario, desgraciadamente, serán muchos los seres indefensos víctimas que transitarán por la vida con “una mirada muy triste” como la de Angelita, si es que logran sobrevivir, mientras que nosotros seguiremos marchando de tarde en tarde, después de cada asesinato, repudiando los lamentables crímenes.

** Nombre cambiado para proteger su identidad.

Por: Miguel Salavarrieta Marín, periodista.

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