Un país de idiotas

Imagen de referencia. Revista Semana

Columna de opinión.

Aún sin reponernos de los memes generados por la intervención del presidente Duque donde afirma que fotos de informe sobre Venezuela aportadas por el Gobierno colombiano a la ONU, que resultaron ser falsas y de otra parte del planeta; son de «contexto». Llega la piratasdelcaribesca escapada de Aida Merlano. La verdad ya no recuerdo una de las desgracias de Colombia del mes pasado. Creo que fue el hecho, en el que Uribe maltrata a un muerto llamándole cobarde o la selección de Vinagre para la solución de todos los problemas del país, porque son del país (eso pasó esta semana). O esa, en la que los guerrilleros retoman las armas y una persona con discapacidad en sus órganos oculares sostiene un arma como muestra de la revolución, siempre en pie de lucha.

Estoy seguro que quien escribe el guión de lo que pasa en nuestro país está borracho, es un sádico, un niño o es un sádico borracho que está soñando su niñez. También tengo la certeza que ni en la imaginación de George Orwel, Ray Bradbury o Aldous Huxley pasan las cosas que pasan en nuestro país. El mismo en el que niños comen basura en el Vichada y en el que existen emprendedores que se vuelven ricos con el negocio de la comida de niños pobres: el desarrollo.

Tampoco hay duda que superamos con creces el «País de mierda» que sintió Cesar Augusto Londoño horas después que “gente de bien” mataran a Jaime Garzón. Hoy por hoy, sigue siendo la mayoría gente de bien, 10 millones de personas.

Pero el país ha avanzado, ahora somos el «País de megahipersupertriplecatresexaalamil Mierda«. Lo importante es no perder el humor. Nuestra capacidad de resiliencia o de importaculismo ante el caos diario, es de admirar.

En serio, yo también disfruté los memes de Aida Merlano. Disfruto y disfrutaré los que faltan del presidente Duque y otros mandatarios ligeros de juicio.

Esto solo refleja la habilidad de los colombianos de soportar la realidad o de aceptar que en esencia vivimos en un país de idiotas.

Por: Daniel Camilo Preciado, comunicador social y periodista.

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