Paranoia conspirativa a la colombiana

Luis Carlos Rojas García

Por teoría de la conspiración o teoría conspirativa se entiende la intención de explicar un evento o acontecimiento, sucedido o por suceder, en donde la política, la religión, la economía, la sociedad y hasta la misma historia, se ven intervenidas por un grupo poderoso que busca acomodar sus intereses personales. Ahora bien, las teorías de conspiraciones son tan antiguas como la vida misma y tan cotidianas como ir a comprar a la tienda, al punto que escritores, cineastas, cibernautas, universidades, profesores, estudiantes, comunicadores sociales, militares, tenderos, vendedores, gente del común, familias y, por supuesto, gobiernos enteros, se han beneficiado de las mismas, bien sea para una tarde de tertulia, para armar un debate, para justificar una masacre o para lo que sea. Aunque quienes más han salido favorecidos en estos casos han sido los gobiernos, quienes han tenido una buena cuartada para demostrar todo lo contrario, en caso de que la teoría esté en su contra, y, sobre todo, para dejar a dichas teorías en el lugar bien particular: una línea de tiempo y espacio fantasmagórico que solo obedece a la imaginación de unos cuantos, y, si le sumamos la consigna universal que dice: “confunde y reinarás”, las teorías conspirativas no son más que historias para grandes y chicos.

Por otro lado, podría enumerar cualquier cantidad de teorías conspirativas; sin embargo, quiero hacer alusión a la cuestionada teoría de conspiración del once de septiembre y las torres gemelas, en donde se hace referencia a cómo la administración de George W. Bush tuvo que ver con el ataque terrorista para poder declarar la guerra a Afganistán e Irak. Por supuesto, en ninguna mente cabe que un gobierno, en busca de intereses personales, participe en un acto tan atroz y despiadado, pero, el análisis que le hacen a estos sucesos son realmente sorprendentes. Documentales, películas, todo tipo de archivos y hasta canciones que en cinco minutos cuentan lo sucedido y cómo se venía orquestando el atentado lo dejan a uno perplejo. Lo más sorprendente para este caso, es la manera como evidencian una clara demolición de las torres que es una especie de prueba reina que nadie ve, entre otras cosas por supuesto.

Como ejemplo, dejo el siguiente link:

https://youtu.be/mCG6BEk_bSc

No obstante, y como ya lo mencioné antes, no cabe en ninguna cabeza que algo así pueda llegar a suceder, porque entonces uno comienza a preguntarse: ¿Qué clase de gente nos gobierna? ¿Quiénes están detrás del poder? Y un sin número de interrogantes que nos llevan justamente a la paranoia, mas, cuando los medios se empeñan en vendernos la idea que ellos y el gobierno de turno nos quieran vender.

Pues bien, nuestra amada Colombia no es la excepción a la regla cuando de teorías conspirativas se trata; sobre todo, en los últimos diez años y luego de la desaparición de muchos grupos narcotraficantes y guerrilleros. Los mismos que durante tantos años hicieron el trabajo sucio y a quienes caía como anillo al dedo echarles la culpa de todo (aunque eso también hace parte de la paranoia) porque si en algo se ha destacado nuestro país es en tener gobiernos decentes, incorruptibles, incapaces de atentar contra el pueblo. Por eso, todo lo que se ha filtrado en los medios que se atreven a denunciar, no es más que el afán de uno que otro por desestabilizar al país.

Por esta razón, aquí no cabe la idea de que nos venden miedo con estrategias propagandistas, auspiciadas por los medios de dizque comunicación para asegurar futuras campañas presidenciales y demás. Las marchas, las protestas, la corrupción de senadores y fiscales, también es parte de la paranoia que tenemos muchos. Y es que es tan imposible de creer que tengamos a un títere de presidente, quien con su discurso chabacano solo aporta a dividir y a confundir, así como tampoco podemos creer que un atentado terrorista se puede orquestar desde el mismo gobierno o que revivan a los muertos para adjudicarles el desastre. A nadie se le ocurre pensar que, aquí justifican la matanza, no solo de policías o militares, sino también de gran parte de la población civil del campo y de la ciudad, por eso los falsos positivos parecen ser una leyenda urbana, de esas que nos sirven a la mesa a la hora del desayuno, al almuerzo y a la cena, sin contar los intermedios. Nos sirven el plato de muertes a líderes u otras personas, tan atiborrado, que al final se ha vuelto costumbre escuchar que mataron a alguno y, lo que es peor, nos atrevemos a justificar esas muertes con la publicidad politiquera de los medios de desinformación.

Entonces, no cabe duda que nada de lo que ocurre en este país, desde que sea negativo y enlode el proceder y la imagen del gobierno, es verdad. Aquí no desplazan a nadie, no se roban miles de millones para empobrecer a la gente, aquí no venden las tierras y los ríos, aquí no comercian con órganos humanos y mucho menos venden personas, aquí no hay tráfico de animales, no se hacen negocios con empresas corruptas que se llevan a todo el que puedan por delante, ni se asesinan a testigos claves contra algún caso y luego se informa que fue un suicidio porque el testigo se tomó foto, utilizó su tarjeta de crédito para comprar el veneno y por si fuese poco, le contó a todo el mundo que lo iba a hacer, no sin antes dejar pruebas de su decisión fatal. Como quien dice: le faltó la selfie tomándose el veneno. Tampoco existe ese tal mercado negro, ni la Policía abusa de su poder, mucho menos los militares que son los héroes de la patria, etc.

Por todo lo anterior, debo decir que tenemos la cabeza llena de tonterías, estamos ‘empeliculados’ hasta más no poder, nos inventamos cada cosa y creemos en tontas teorías. Sencillamente, todo lo que podemos imaginar, pensar o preguntar, más allá de lo que muestran los medios o lo que nuestro honesto gobierno nos dice de la mano de su Fiscalía y su Senado, no es más que una paranoia conspirativa a la colombiana.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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