Periodismo curatorial: el antídoto contra la primicia, alias fakenews

Foto: revista Semana.

El jingle de cierta emisora mañanera que nacía en medio de los 90 (cuando el auge de la refundación de la patria hizo pleno furor de aceptación entre las cadenas nacionales de TV y radio, los “expertos”, las “autoridades”, los partidos tradicionales con sus vástagos empresariales y la mayoría de la muchedumbre cristiana católica y evangélica), se pudiera decir que fue la premonición de lo que se iba a venir en materia de periodismo: un dañino breve sonido agudo altisonante, que como en el experimento de Pavlov, precede a la necesidad predeterminada de dejar escuchar alguna salsa o vallenato clásico o tropical bailable de moda; es decir que ante la necesidad creada y la dependencia estimulada – como en los perros del científico ruso – al final al oyente promedio se le confunde (aturde) en cual sirve a cual: si tras el lesionante breve sonido le precede la melodía añorada (el premio), o por el contrario, tras escuchar la melodía predeterminada merecemos de vez en cuando un  jingle patológico (el castigo).

Para la misma época, coincidencialmente (¿?), los noticieros de TV de las corporaciones  (especialmente los de la dueña de la emisora del jingle) dieron en otro estilo de necesidad y dependencia: dramatizar sus iniciales 10 minutos de “titulares”, con el estertor vulgarizante cual burda imitación a la ficción de La Guerra de los Mundos de Orson Welles.

Como lo acertó Pavlov un siglo antes, pero con perros, algunos medios de radio y TV desde entonces lograron su efecto de aturdimiento al obnubilar el juicio crítico a sus oyentes o televidentes para que la refundación de la patria posesionara alcaldes, gobernadores, congresistas y hasta presidente,  mientras las masacres, descuartizamientos y empalamientos se aplicaban a los que no se dejaran aturdir.

Bajo esa impronta, desde los 90 hizo su agosto la primicia como el Know How de lo que se entendía (se negociaba) por periodismo, en la Colombia de la refundación.

Sin embargo, lo que no vaticinaron los émulos criollos de los hallazgos de Pavlov, fue la llegada una década después de la masificación del internet, de los podcast, de los blog, de los chats y finalmente de las redes sociales.

Se pudiera decir que fue el entierro de tercera de la primicia aturdidora, o como bien lo resumía Félix de Bedout en uno de sus últimos trinos: los medios corporativos no han entendido que ya no  manejan el mensaje.

Mas a la par fue el nacimiento de sus adláteres: la fakenews y la pos verdad.

Y es entre la muerte de la primicia y la procreación de sus alias, que deviene la necesidad del subgénero del periodismo curatorial.

Hoy la abrumadora cantidad de noticias de corrupción, sabotaje y espionaje (corporativo o militar, es lo mismo), no la puede abordar un solo buen reportero o portal de noticias o empresa alternativa de noticias.

A pesar de los excelentes y documentados reportajes, en lo regional, nacional o internacional,  la trama y protagonistas de los hechos muchas veces superan al presente o al pasado inmediato de la noticia, o superan el lugar de su ocurrencia (pasan de un país a otro), llevándonos necesariamente a que alguien cumpla el papel (curatorial) de documentar, procurar, archivar y soportar con fuentes bibliográficas para el reportero la información que da contexto a su noticia.

Y esto solo es posible en nuestra era digital, la que nos tratan de demonizar y satanizar quienes ahora intentan aturdirnos con el apocalipsis de las fakenews o de la pos-verdad.

Solo imaginar que una sola de las columnas de, por ejemplo, Daniel Coronell no contara con el eficaz enlace (hipervínculo digital) del oficio, el acta, la escritura, la foto, el audio o video que nos da contexto a lo que nos ha informado, para ayudarnos a cesar la horrible noche del aturdimiento y recuperar nuestro juicio crítico.

De esto y de su invitación al subgénero del periodismo curatorial, es que el profesor de la Universidad de New Hampshire (USA) e investigador de la colusión Trump – Rusia , Seth Abramson,  alienta a los periodistas y medios alternativos en su columna del 22 de noviembre en The Guardian (La relación Trump – Rusia es tan  compleja que necesitamos una nueva clase de periodismo, The Guardian, nov 22/2018):

La recopilación de tantos hechos dispares, permite a los periodistas curatoriales establecer una línea de tiempo general de los acontecimientos, lo que a su vez hace posible una “teoría del caso” holística pero dinámica: el término de investigación para la narrativa que mejor explica un patrón emergente de hechos.  El resultado es una comprensión de los eventos complejos que, a la vez, son más retrospectivos, adaptables y predictivos que cualquier artículo de una sola noticia o serie de artículos de una sola fuente.

Tal vez, bastante de esto faltó en la última excelente noticia acerca de los presuntos actos criminales del señor Fiscal General de la Nación y del poderoso grupo económico al que la ha servido (o le sirve), cuando vimos paralelamente informes de Noticias Uno, de María Jimena Duzán y finalmente del diario El Espectador, quienes a pesar del impacto, este les superó, posiblemente dando lugar a que los aturdidores de ayer hagan hoy de nuevo uso de los alias fakenews y pos verdad, con tal que salgan incólumes los presuntos bandidos, como lo advierte el mismo Abramson:

Las revisiones de este tipo no son el resultado de la incompetencia de los medios, la pereza o la mala conducta.  La verdad es más banal: el archivo de informes relevantes anteriores, que cualquier reportero podría revisar antes de publicar su propia investigación, es ahora tan voluminoso y extenso que cada vez más y más artículos son frustrantemente incompletos o incluso accidentalmente erróneos de lo que era el caso, cuando había menos medios de comunicación, archivos más pequeños y más fácilmente navegable de informes anteriores para que los reporteros pudieran analizar, y un panorama de medios menos internacionalizado. 

En lo regional, a pesar de los buenos intentos, los pocos periodistas y reporteros que le huyen al aturdimiento de los 90, con los pírricos ingresos de sus portales o noticieros, deberán echar mano a improvisados periodistas curatoriales entre los miles de estudiantes y autodidactas que tiene la ciudad y el Tolima.

P.D: el último libro de Seth Abramson, Proof of Collusion: How Trump Betrayed America (Simon & Schuster, 2018), contiene 1.600 pies de páginas y 2.000 citaciones  llevando al lector a un mar de fuentes y relaciones, imposibles en otras épocas.

Por: Luis Orlando Ávila Hernández, Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

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