Periodismo literario o literatura periodística

Carátula final-06Conocí a Alexander Correa Carvajal una tarde de pasillos llenos, audiencias de legalización de capturas, de acusación y de juicio oral en el tercer piso del Palacio de Justicia de la ciudad de la música. Un escandaloso proceso por abuso sexual ocupaba como una interminable sombra corredores y un puñado de periodistas judiciales muy de cerca cubría los pormenores del caso. Yo tenía especiales intereses judiciales, Correa tenia intereses periodísticos. A partir de entonces una serie de coincidencias de oficio y de pasiones comunes nos hizo entablar una entrañable amistad, que ha sobrevivido al tiempo, y sobre todo. A otro montón de amigos.

Descubrí con los días que Alexander Correa Carvajal, puertas afuera de los estrados judiciales, se había hecho contador público, lo que no le ha impedido nunca para también haberse hecho contador de historias. La primera de ellas, Joaquín Aldana. ¿Culpable o inocente? Que ya va por las dos ediciones, y que nos cuenta, a la mejor manera de los viejos y verdaderos cronistas, las historias de ese increíble y casi cinematográfico homicidio perpetrado por un coronel de la Policía, que cuando descubrió que su joven y bella mujer le era infiel, no optó por vender el sofá, sino asesinarla, desmembrarla y arrojar sus fragmentos a la vera de la carretera que de Ibagué conduce al municipio de Alvarado. Vino luego el libro Es la hora de nuestra muerte, Amén. Historias del crimen organizado, en el que Correa se adentra en los escabrosos y sangrientos laberintos del que hacer delincuencial de los hombres, desde sus interioridades psicológicas, abarcando no solo los episodios mortales, sino además desentrañando y develando los refinados delincuentes de cuello blanco. A mediados del 2013, regresa Correa con Algunas Sombras. Radiografía del periodismo que en palabras introductorias del mismo autor, “no pretende levantar un dedo acusador contra otros, ni mostrar de manera patética o demagógica al inmaculado e incorruptible de quien lo escribe, que también cometió errores y exageraciones flagrantes. Tampoco es un destemplado mea culpa, pero si, un proceso de catarsis y de revisión histórica necesaria”. El libro, en efecto es eso, pero también mucho más.

Libros ellos escritos a mano limpia con una magistral y acertada mezcla de ese género que Truman Capote, luego de publicar A Sangre Fría, denominara la novela de no ficción. Conjugación y consecuencia acertada que podríamos calificar como periodismo literario o literatura periodística. Dos géneros, dos estilos, que se han convertido en el ejercicio creador de Correa Carvajal “como la rama y el trono, que no pueden vivir por separado”, en palabras de Acosta Montoro.

Hoy, Alexander nos asalta de nuevo con otra osadía literaria. Y si bien es cierto que en las últimas tres décadas por lo menos, el tema del narcotráfico y su desgracia cosecha de odios y de sangre, ha ocupado kilómetros de páginas en periódicos del mundo entero, que en su desborde ilimitado de excentricidades de sus protagonistas y los miles de sus muertos, flotando en mares de sangre han sido excusa perfecta de telenovelas, seriados, películas y hasta muy rentable argumento para los novelistas light o escritores de supermercado, también es cierto que hoy tenemos en nuestras manos otra versión distinta, ahora de ese mismo fenómeno, a lo largo de cada capítulo que conforma su reciente libro.

El libro fiel a el proceso creador de los anteriores, es el resultado de una juiciosa y rigurosa investigación, basada en entrevistas, crónicas judiciales, interceptaciones telefónicas realizadas por las autoridades competentes, indagatorias, testimonios, audiencias y toda una serie de piezas procesales, que soportado todo ello con registros fotográficos de los acontecimientos, dan cuenta de la vida y la obra de uno de los narcotraficantes más reconocidos y buscados de nuestro país, nacido y criado en las entrañas mismas de eso que históricamente hemos dado en bautizar el Tolima Grande. Es ella, una crónica tan real como escandaloso, que mucho más allá del acontecer meramente policivo y judicial, se abre camino y penetra en el alma del personaje, su perfil familiar, desde su nacimiento mismo en un pueblito humilde de nuestra tierra caliente, que fue unas veces desempleado, vendedor de cosméticos por revista, arrocero, empresario de telecomunicaciones en Chaparral, caballista de paso en feria agropecuaria, enamorado, padre, amigo, fugitivo, presidiario, extraditado, otra vez presidiario, y en todo caso haciendo siempre gala de su remoquete… El Socio.

Diecisiete capítulos, a manera de breves cuentos, narraciones amenas y no por ello menos realistas, entre la rigurosidad y la exigencia documental de la crónica y la magia apasionada del cuento. Cada uno bautizado adrede con sugestivos y a veces irónicos títulos, que hacen más amena la invitación a su lectura: Las monjas se quedaron sin capillaMéxico lindo y queridoUna yegua lo delatóEl coronel salió general… por mencionar solo alguno de ellos.

Remata el libro de Correa Carvajal un quinteto de reseñas de prensa que en su momento dieron cuenta de las andanzas del personaje y sus otros socios, y una galería de imágenes fotográficas que nos ilustran de su periplo, y de paso nos traen a la mente a otra suerte de personajes que de una u otra manera se estuvieron involucrados en aquellos episodios, y que luego por cuenta propia, siguieron produciendo noticias de su propio cultivo.

En este, como en sus anteriores libros, Alexander Correa, nos vuelve a mostrar como el trabajo de informar y de contar historias, se alimentan del mismo elemento común: la comunicación, y ambos, utilizan una misma herramienta de trabajo, el lenguaje. Así, hechos y personajes, hombre y acontecimiento que bien puede ser ubicados, sin lugar a equívocos en el llamado Nuevo Periodismo, recordándonos de paso, que él está ligado a los orígenes de la literatura moderna y que ésta , si a en ocasiones es vista como un lujo, aquel es visto como una necesidad. Y recordándonos de paso ese mismo fenómeno en las páginas periodística-literarias en plumas como la del mismo nobel García Márquez, el brasilero Machado de Asís, el nicaragüense Sergio Ramírez, o nuestros vecinos del norte, Ernest Hemingway, Jhon Steinbeck y el mismo Capote, cronista de celebridades como la Monroe o los Kennedy, y más reciente la monumental obra de la mexicana Alma Guillermoprieto, por mencionar solo algunos de los que han hecho literatura y periodismo, la cara y el sello de la misma moneda, pero en todo caso una sola moneda.

Por: Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo, escritor, editor*.

*Este texto, fue leído en el lanzamiento de Eduardo Restrepo Victoria, la historia no contada de El Socio, de autoría de Alexander Correa Carvajal. El libro se consigue en la librería Wilches, del centro de Ibagué.