Perritos siguen muriendo de manera inexplicable en vereda de Alvarado

Yuma. Fotos: suministradas.

Varios canes han fallecido y se teme por una virosis, epidemia, o envenenamiento deliberado.

Algunos dicen que los están envenenado, todo parece indicar que se trata de una enfermedad viral y hay quienes aseveran que es producto de un maleficio lo que ha hecho que desde hace poco más de dos meses aproximadamente varios caninos hayan dejado de existir en la vereda la Caima en la zona andina de Alvarado.

La víctima más reciente del supuesto maleficio, del presunto envenenamiento o de una enfermedad es una pequeña peste quizá, fue Yuma. Mientras celebrábamos la victoria de Colombia, ella se convirtió en un recuerdo inolvidable. Yuma, era la otra guardiana de la escuela de la Caima y era por decirlo de alguna manera “todo un corazón”. Junto con Monchis (fallecido por causa similar a la de Yuma) pareciera como si hicieran turnos para cuidar ese templo donde se educaron al menos dos generaciones de esta vereda agrícola y ganadera de la zona templada de Alvarado: La Caima.

Ya no hay lágrimas para derramar entre los dueños de la perrita que tanta alegría dio a la vereda; única, con su cuello y patas blancas curiosas y coquetamente pintadas así por la naturaleza, embadurnada con un color acanelado, Yuma era poseedora de una elegancia envidiable y de una belleza natural que solo pueden poseer nuestros muy queridos perros criollos, de quienes dicen los expertos, son mil veces más inteligentes y agradecidos que sus parientes traídos sitios lejanos que hacen sentir seguramente a sus propietarios: europeos o norteamericanos o mejor familia o estrato.

En un tiempo en el que tenemos que ponerle nombres foráneos a nuestras mascotas -ojalá en inglés para tratar no hacer “el oso” siendo localistas, pues nos da pena reconocer que tenemos genes indígenas, africanos, etc, tales como Chester, Holy, Body, Molly, Sophie, Fucky, en fin, fue una odisea haber podido bautizar a Yuma con dicho nombre.

Yuma proviene de un lenguaje aborigen, (al río Magdalena si no estoy mal se le conoció con ese nombre, al menos en la parte correspondiente a su nacimiento) que significa “río del país amigo”. Siempre asocié a Yuma con la grandeza que representaba una perrita que de día era un ángel encarnado en un canino o mejor, en una canica pero que de noche se multiplicaba y no dejaba que nadie, absolutamente nadie, salvo las ranas, los ñeques, seguramente las almas impenitentes, los zorros y los murciélagos: rondaran por los alrededores de la escuela de la Caima.

Tras la muerte en el presente año de varios perros de manera presuntamente misteriosa, nunca llegamos a creer, (hablo de quienes la cuidaban en la Caima, empezando por una niña de risos de oro con un porte de holandesa que no que hablar ni mucho menos el suscrito) que se fuera mi guardiana de este mundo. Llegamos a pensar ingenuamente que debido a un presunto maleficio que se habría mandado a hacer a varios perros que ya se fueron este año para el cielo perruno, Yuma no sería afectada pues el amor que le prodigábamos en la vereda era un antídoto de gran potencia. No fue así y mientras Colombia gritaba y lloraba de alegría por el triunfo de los nacionales ante los polacos, conocí la noticia de la muerte de Yuma, quien entre otras cosas esperaba descendencia.

Su alma, si se me permite atreverme a usar el término, seguirá acompañando a los labriegos de la zona a sus faenas, para alegrarlos, como lo hizo por cerca de dos años. Sus latidos –inaudibles para los mortales pecadores que por allí rondamos- seguirán ahuyentando a los enormes y preciosos zorros que pareciera, estuvieran en cosecha por estos meses y a quienes, como todos sabemos, les fascina la carne de gumarra. Se fue Yuma a jugar con Monchis (q.e.p.d.), el otro guardián de la escuela de la Caima. Y, en medio de esta mescolanza de sentimientos, debo decir “que pena” por usar términos que parecieran hacer ver a los animales como personas, pero cada día, tal y como están las cosas en este mundo, no creo que existen mejores seres humanos, que nuestros amigos peludos…así pues: ¡Murió Yuma…viva Yuma!

Por: Luis Carlos Avendaño, educador.

Deja un comentario