¿Policias asesinos o estudiantes guerrilleros?

Julián Betancourt

Columna de opinión. 

“Policías asesinos”, “militares asesinos”, “estudiantes guerrilleros”, en esta guerra de lenguaje que alimenta el odio y la rabia de unos hacia otros y que alimenta las prácticas de agresividad hasta recaer en el desprecio por la vida se ha desarrollado los últimos acontecimientos de protesta social en nuestro país, y si vemos un momento  la historia, sobre la misma lógica se  ha desarrollado también nuestra cruenta guerra que según Ariel Ávila en su más reciente libro: “Detrás de la guerra en Colombia”, dejó más de 1000 masacres en tan solo 10 años. Todo girado en torno a la costumbre generalizadora de las cosas, no es bueno generalizar pues solo creamos más odio entre nosotros.

Los hechos y los responsables, ubicados unos en diferentes sectores sociales, estudiantes, profesores, trabajadores, y otros que llevan el sentir de un pueblo olvidado por el Estado; al otro lado de la orilla militares, y para el caso específico policía, responsables en ambas partes, no tienen la culpa; y tal vez si la pregunta fuera ¿Hay policías buenos? La respuesta seria Sí, hay muchos policías buenos en el país, llenos de sueños como cada colombiano que se levanta todos los días a trabajar a cumplirlos para ver feliz a su familia; o si por el contrario la pregunta viniera de la otra orilla ¿hay personas que protestan pacíficamente? La respuesta también seria si, existen esas personas que marchan cansados de un Estado gobernado por la ingobernabilidad, por el apaciguamiento, o simplemente como lo diría ella, Karen Díaz, joven universitaria, compañera de academia y con quien tenemos tal vez unas grandes diferencias ideológicas: “es indignante ver cómo nos matamos entre nosotros, mientras un Estado y un gobierno se hacen los sordos”, simplemente una visión realista y acertada en una mente joven que en su pensamiento de país propende por un futuro mejor.

¡No generalicemos! Escribía el amigo Zafra, compañero conocido en mi paso por el Ejército, hoy también exmilitar, y tiene toda la razón, pues cuando lo hacemos en el contexto citado y sin proponérnoslo, tal vez, sembramos el cultivo para cosechar más odió entre nosotros, cuando usamos nuestras redes sociales y el acostumbrado lenguaje belicoso en contra de  policías o personas de diferentes ideologías políticas, solo seguiremos causando más odió, y fallecimientos lamentables no solo como el de Dylan Cruz si no como el de Norma Patricia Galeano el  siete de septiembre de 1994 en la Universidad del Tolima, o José Libardo Martínez Trejos, subintendente de la Policía quien perdió la vida en en la Universidad del Valle en el año 2012, dejando sin padre a un niño de cinco años, y de muchos colombianos que han muerto tanto en protestas como en el mismo conflicto armado, para no ir tan lejos el más reciente asesinato en medio de un conflicto absurdo de más de seis niños en un campamento de las disidencias de las Farc y que aún no se esclarece.

Ya es justo que empecemos a entender que un país democrático no basta con que podamos elegir y ser elegidos, ya es justo que empecemos a entender que un país democrático es aquel donde comprendamos que todos tenemos diferencias, que todos no pensamos igual, que tenemos ideas dicotómicas, pero que a pesar de esto podemos encontrar espacios de dialogo en donde logremos consensos en busca de un fortaleciendo democrático, ya es justo parar aquí, pues son muchos los muertos de este país… ¿aun quieres generar más odio? Recuerda que somos colombianos y las víctimas, siempre van hacer el vecino, el conocido, el  señor de la tienda que con esfuerzo pudo hacer de  su hijo un policía, el mismo policía que con un préstamo en el banco pudo hacerle la casa a sus padres, el mismo policía que salió del colegio contigo, por eso sobra el comentario generalizador: «todos los policías son matones y reciben extorsión» o el hijo del vendedor ambulante que está en la universidad pública con el sueño de darle una casa o un mejor bienestar, sobra el comentario generalizador; «es un vándalo o guerrillero» el del campesino que por la violencia salió corriendo a la ciudad y ahora es albañil o celador, sobra el comentario generalizador «eso era colaborador de las Farc”.

Lastimosamente somos nosotros, que en orillas diferentes, cansados de las indiferencias sociales y la apatía Estatal peleamos, generamos este odió constante que se traslada a las redes sociales, a las calles, y que nos alienta la impotencia para sin titubear agredir a otro, pero somos solo nosotros los que en orillas diferentes también podemos hacer la diferencia como seres racionales, propender por el cambio y comprender cuál es el  verdadero problema, contra lo que de verdad debemos pelear juntos en paz y sin violencia.

Por: Julián Enrique Betancourt Nieto, politólogo, Universidad del Tolima.

1 comment

  1. Luis Orlando Avila Hernandez

    Tal vez la disyuntiva (peligrosa, por el partido de gobierno) entre estudiantes y policías, como todo en la violencia estructural a las élites legales e ilegales que se roban a Colombia desde el Frente Nacional, no sea el centro de su discusión. Tal vez, como la prensa corporativa trata de ocultar, es entre sociedad y lumpencracia. Al fin, los policías y los militares, a los cuales usted dice que perteneció, deben «tener» que servir a tipos como C. Gaviria (venta de las empresas estatales, A. Pastrana (indiciado por pederastia internacional), A. Uribe (próximo indiciado de la CPI) e I. Duque (próximo indiciado por crímenes de lesa humanidad por el bombardeo a 18 niños). Por su parte, los estudiantes deben y tienen que estudiar. La discusión es si lo pueden (o históricamente lo pudieron) hacer por falta de dinero, de opciones de instituciones publicas, de oferta de calidad o si acaso no los matan con balas recalzadas. Comparar por comparar, así sea con buenas intenciones, en vez aclarar, confunde para beneficio del stauto quo de la lumpencracia que Gobierna a Colombia, al Tolima y que llegará a gobernar a Ibagué.

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