Políticos a la carrera

Luis Carlos Rojas García.

Considero que la política, alejada de la politiquería, es apasionante y hasta sincera; Sin embargo, el ejercicio político no ha sido, no es y no será sincero. Y no es para menos, los intereses personales que existen dentro de la misma no dan espacio para realizar un trabajo honrado y respetable. Entonces, y como una suerte de plagio, debo decir que la carrera política es: “un caldo de cultivo de corruptos y malandros”, ya que, entre más poder tienen, más quieren. No obstante, y como siempre aclaro, no son todos, pero sí una gran mayoría. Inocente es pensar que se puede hacer política sin tener que pagar favores aquí y allá, y a eso se le llama corrupción.

Ahora bien, este año las promesas de unos y otros pululan en cada territorio y rincón; volvemos a ver a los mismos y a otros tantos posando para la foto, haciendo alianzas chocarreras y hasta dándose abracitos y palmaditas en la espalda. Para fortuna de los mismos, este país no tiene memoria, por eso no es raro ver que reeligen a esas jetas conocidas que en antaño hicieron cientos de fechorías, como, por ejemplo: embolatar el dinero de la ciudadanía. Y es que, no importa cuántas investigaciones tenga el don o la doña, desde que las cuentas den para pagar abogados; no importa que se hayan robado el puente, la avenida, la cárcel o que se hayan inventado estrategias para sacarle dinero a los motociclistas, a los hospitales o, para no ir muy lejos, que hayan hecho negocios jugosos con la comida de los chicos de las escuelas y colegios, y ni hablar de las universidades.

Por supuesto, la culpa no es de estos padres de la patria boba ¡Qué digo boba! Estúpida, no. La culpa es de la misma gente quienes, sin la menor vergüenza, se siguen vendiendo por las palabras bonitas, la sonrisa, las promesas, por unos pesos o por la fiesta de cada fin de semana en donde les dan de comer como cerdos de engorde. Uno pensaría que eso hoy en día, después de haber visto todo lo que hemos visto, no sucede, pero, sí, pasa todo el tiempo. Y uno los escucha (¡Hay que votar por el doctor porque le está sosteniendo el trabajo a mija! ¡Hay que ir a la reunión porque nos va a ayudar para mejorar el barrio! ¡Es que si el doctor gana nos ayuda con puesticos!) y luego, lo de siempre, el doctor anda muy ocupado y ya ni saluda. Por esta razón nada va a cambiar, porque es el sistema que tenemos y el que muchos compatriotas han aceptado como cierto, algo así como pretender que las notas en la enseñanza son el único fin, aunque de eso hablaremos luego.

¡Cómo sea! Los políticos andan a la carrera, y si usted es un poquito inquieto y de verdad quiere generar un cambio, lo invito a investigar. Sí, a investigar antes de votar por cualquiera de estos personajes. Para nuestra fortuna existe algo que se llama la internet, y la internet tiene buena memoria. Tal vez logren borrar algunos datos, pero siempre va quedando algo por ahí que le puede decir que ese candidato no es tan bueno como parece, que ha tenido un prontuario, que tiene algo escondido y con esos datos, vaya a las urnas y vote. Como dicen por ahí: “si la cuestión es de hambre reciba el plato, pero no le dé su voto”.

Realmente mi querido amigo o amiga, ya no es viable seguir vendiendo al país o a la tierrita por una teja o un tamal. Ya no aguanta que se le siga dando el poder a los de aquí y a los de allá, menos, cuando sabemos que vienen por más.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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