A propósito del comandante: el acaparamiento de lo estatal como proyecto totalitario

Mauricio Villanueva

Mauricio Villanueva

Reflexión sobre la realidad venezolana.

Todo el proyecto ideológico de la revolución del siglo XXI no hubiera sido posible sin la infección completa de todos los estamentos estatales, su influencia y poder deberían pasar por todas las instituciones, y por todas las ramas, desde los procesos electorales, hasta el debilitamiento del Estado de Derecho mediante el decreto recurrente a estados de “emergencia económica y nacional”.

La democracia trae siempre sus pros y sus contras, tiene sus vacíos y sus vicios ya instaurados, así lo indicaría Schmitt: “es propia de la democracia, en primer lugar, la homogeneidad, y , en segundo lugar – y en caso de ser necesaria- la eliminación o destrucción de lo heterogéneo”, la democracia no solo nace como el mejor mecanismo para la protección de las libertades y de los derechos ciudadanos, sino también como el privilegio de las mayorías y la supresión de las minorías, “quien domine el 51 % podría ilegalizar, de modo legal, al 49 % restante”.

Es fácil por lo tanto, recurrir a la fuerza supresora legítima que el Estado de Derecho brinda, en él, se legitima el trato desigual a lo desigual, Sánchez afirma siguiendo la teoría de Schmitt que “debajo de la democracia duerme la monarquía y debajo de todos nuestros caudillos duerme Fernando VII”.

Nacen pues, seguido de la fachada democrática los tiranos y usurpadores conquistando por medio de coerción y las herramientas incluso estatales e institucionales, la rendición de las minorías o su destrucción selectiva y consentida.

Para Chávez no fue tan difícil lograr la metástasis de su proyecto en todos los ámbitos de la sociedad venezolana, Chávez “fue capaz de imponer su voluntad y quebrantar la de los demócratas por medios extramilitares, como por ejemplo la coerción y la intervención económicas, el fraude, el engaño, una feroz maquinaria propagandística, la represión, la cárcel, el chantaje posibilitado por el uso indiscriminado de los ingresos petroleros”, la dictadura al estilo antiguo pasaba a un segundo plano, dentro de la revolución del siglo XXI se gestaba la dictadura moderna.

Su principio dictatorial se dejó entrever gracias al uso desproporcionado de la excepcionalidad como estado, capaz de permitir la arbitrariedad, el abuso del poder, la centralización de las decisiones estatales, políticas y económicas, así sucedió mientras duraba el asalto a la autonomía e independencia de las instituciones, tal como la enseñanza hitleriana lo estipula, “depredar un Estado de facto mediante mecanismos de excepción, vulnerando los principios constitucionales o creando una constitución itinerante, cortada a la medida de sus necesidades de dominio”.

Chávez cumplió al pie de la letra el acaparamiento de lo estatal como base de su proyecto totalitario, dictatorial, por lo que el orden en la dictadura moderna no es despreciar la democracia, “es seducirlas y conquistarlas para liquidarlas; dominarlas para corromperlas. Usarlas desde dentro, para destruirlas.” Hoy Venezuela no es lo que antes despreciaba la ciudadanía; pero seguramente tampoco es lo que imaginaban dándole el poder a un caudillo que supo entretenerlos, cegarlos y dominarlos.

Por: Mauricio Villanueva,  politólogo.

En Twitter: @maurovillan

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