Racistas de pura cepa

Luis Carlos Rojas García

Muchos de los que viven en la burbuja del sueño americano y que se la pasan comparando al país de origen con el extranjero, estarán pensando que eso del sensacionalismo es cosa de los latinos, pero no, simplemente no. Eso de copiar modelos, comportamientos, modas y hasta protestas no es solo cosa de los de sur, no señor, los del norte hacen exactamente lo mismo; lo que sucede es que como los ven que son de mejor familia, siendo todos iguales, pues pareciera que todo les queda bien, y hasta les sacan películas para que se refuercen su dizque principio de libertad y de defensa de la humanidad. Pero, a la final el sensacionalismo es el mismo.

Por ejemplo, luego del asesinato de George Floyd, el tema del racismo, que es el pan diario de cada día en todo el mundo porque no es cierto que esto tenga que ver con los países extranjeros y los inmigrantes, se dispararon las alarmas por los casos que están ahí, como guion de película o novela, esperando su oportunidad de salir a la luz.

Fue así como comenzamos a escuchar una frase que se ha puesto de moda: “racismo sistémico”, ya que eso de las frases que se pegan como: Castrochavismo, terrorista, Petrochavismo entre otras, pues tienen su encanto y hacen lo propio en todos aquellos que tragan lo que se les da sin detenerse por un instante a masticar lo que se están comiendo.

Por supuesto, el racismo es una realidad; hace menos de un mes por estas tierras se destapó algo parecido a un escándalo de racismo; sin embargo, así como se destapó así mismo se volvió a cerrar porque se trataba de una mujer indígena. Sí, los indígenas de por aquí no es que la tengan tan fácil como los de allá.

Ocurrió que la mujer llegó a un hospital de este lugar, mal llamado paraíso, y tuvo que soportar los insultos de los enfermeros antes que una atención. Rogó por su vida y no hubo quién se compadeciera ella. Entonces, a sus 37 años encontró la muerte en un centro médico. Dejó a siete hijos esperando su regreso a casa. Murió rogando por su vida. Sin embargo, la reacción no fue más que una suerte de regaño por parte del primer Ministro, una pequeña nota en los medios y se acabó.

No obstante, si por aquí cae nieve, por Colombia, país de racistas de pura cepa, no todos, pero sí una gran mayoría y aunque no cae nieve, tampoco escampa. En los últimos días hemos visto, no solo a la clase política en cabeza del Matarife y el atembado de Duque demostrar que poco o nada les importa la suerte de los indígenas y del país entero, sino, además, al colombiano de a pie, insultar, amenazar y hasta protestar en contra de la protesta de los indígenas que exigen, con mucha razón, se les respete la vida, como lo dice la constitución. Y no es para menos, primero, los indígenas llevan muchos más años que cualquier otro colombiano en Colombia; segundo, porque han sido víctimas de todo tipo de crímenes y aberraciones desde la misma llegada de la invasión española.

No cabe duda entonces que el racismo no es solo en contra de la gente de color o de los orientales, el racismo habita entre nosotros, y solo cuando la gente que lo practica tiene que salir del país, es que comienzan a entender cómo es que duele que los menosprecien, los humillen, los amenacen y hasta que los asesinen por color, creencia o por simple sospecha.

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor.

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