Recordando a Rosalba

Rosalba Suárez, primera de izquierda a derecha

Rosalba Suárez, primera de izquierda a derecha

La semana anterior se marchó la pintora y escritora tolimense Rosalba Suárez Rivera. Padecía una dolorosa enfermedad que más que carcomerle el cuerpo le lastimaba inclemente el alma. Rosalba, había adelantado estudios superiores en la UIS, fue periodista en el frente y vanguardia liberal, entre otros diarios de circulación nacional. Docente universitaria y directora de talleres de creación. Autora de los libros “Siempre amanece”, “Huelgo”, “Oscilando entre el grito y el silencio”, e incluida en múltiples antologías de cuento y poesía, en el ámbito nacional e internacional. Su novela inaugural, Tanifabú, publicada en septiembre del 2004 por Papeles Sueltos Editores, recibió la aceptación y los elogios de la crítica literaria más exigente.

El autor de esta nota, escribió el prólogo de su libro:

Tanifabú es un espacio construido de realidad y ensueños, situado por igual entre los puntos cardinales de la fantasía en el inacabable territorio de un planeta sin fronteras u en el rincón más limpio del corazón de los seres humanos. Ese mundo habitado de misterios gratos, de tribus que se multiplican como las semillas o las arenas de un mar encantado, pervive arropado bajo el techo infinito de Arizabú, ese cielo inventado con el que de pronto podemos soñar mientras acariciamos sus constelaciones que emanan inagotables días de esperanza, donde cada instante, cada fracción de tiempo, se mide por la intensidad de los amaneceres ensartando página a página las perlas de la eternidad.

Su autora, Rosalba Suárez Rivera, conoce en la memoria y en el alma ese planeta mágico poblado de túneles secretos, de aves innombrables, de animales de colores, vegetación exótica y mares helados con puertas embrujadas que nos conducen a la tierra de todos los asombros; en una fiesta donde cada ser puede mudarse de anfitrión a invitado, tocado tan solo por la vara mágica de la palabra que se vuelve poesía; y donde cada capítulo es una historia nueva que en su conjunto va armando la unidad de ese relato que parece contarse así mismo, llevados de la mano y de la pluma encantada de su creadora.

El libro, un periplo sin fin a la sensibilidad de un público de ventanas abiertas a la inocencia y al recurso salvador de todos los sueños, desde la misma ilustración de su caratula y sus dibujos interiores, pintado todo corazón adentro por ese hombre, que como todos los grandes, llevo siempre un niño eterno adentro, Efraín García Suarez, su hijo, cómplice en ese viaje sin escollos al centro mismo del alma de la humanidad.

Por: Jesús Alberto Sepúlveda Grimaldo
Escritor, editor

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