Recuerdos de Armero

Rafael Aguja

Rafael Aguja

Igual que a muchas personas, también la tragedia de Armero de hace veintinueve años nos dejó recuerdos, como los que se sintetizan a continuación.

El primero tiene que ver con Herlinda. Ella joven, bonita, inteligente y servicial fue secretaria de mi oficina de abogado en Ibagué y, para entonces, estaba de novia con un joven contemporáneo suyo y conocidos desde la infancia, quien andaba en busca de empleo, pero al no encontrarlo y siendo bachiller se incorporó a la Policía Nacional, ascendiendo al cargo de agente conductor. Fue asignado al Comando del Departamento, donde tuvo problemas con un oficial y fue trasladado al Distrito de Policía de Honda.

Herlinda y su novio se habían casado y procreado una preciosa niña, habiendo resuelto trasladar el hogar con enseres y todo a dicha población, para lo cual le prestaron el camión que conducía y en efecto, con trasteo y todo, salieron de Ibagué hacia Honda sobre las 6:00 de la tarde y al pasar por Armero resolvieron parar para comer y en ese momento se produjo la avalancha y hasta ese momento se supo de los tres.

El segundo, tiene que ver con una joven muy linda, despierta, activa y con grandes aspiraciones, hija de un peluquero de Cajamarca, cuyo nombre se me escapa. La conocí porque le defendí una hermana de una infamia convertida en delito. Dicha jovencita consiguió en uno de los juzgados municipales de Ibagué y, mientras tanto, estudiaba de noche. Aceptó un empleo de mayor significación en Armero y se trasladó a vivir allí. Igualmente fue sorprendida por la avalancha y nunca más volvimos a saber de ella. Recordamos su forma atropellada de hablar, sus ojos claros y sus aspiraciones, su sencillez y predisposición a servir siempre.

El tercero tiene que ver con una señora, cuyo nombre no he podido recordar, quien, además, de inteligente, preparada y bonita, era madre de dos niñas que aún no llegaban a los diez años, respecto de las cuales respondía por todo, porque su matrimonio con un profesional del agro había fracasado y éste se había desentendido de todas sus obligaciones. Ella buscaba empleo y le ofrecieron desempeñarse temporalmente y solamente por las vacaciones de la titular, de la oficina de recaudos de una empresa de servicios públicos en Armero. Estando en pleno desempeño de sus funciones “sorpresivamente” se le hizo un arqueo y se encontró un desfalco bastante significativo, del cual se le acusó, circunstancia que para ella se le convirtió en una verdadera tragedia familiar, económica y social. Me buscó como su defensor, proclamando su inocencia y pidiéndome que no la dejara procesar, aun cuando carecía totalmente de fondos económicos para sufragar su defensa y como tenía, para esa época varios procesos ante los juzgados de Armero, resolví hacerlo. Por fortuna la investigación penal en su contra fue asumida por una veterana juez de instrucción criminal acuciosa y absoluta y totalmente imparcial, que la llevó a establecer que el desfalco venía de atrás y que ella no era responsable del mismo. Hasta aquí todo bien pero la titular de esa oficina de recaudos, mientras tanto, hacía ostentación de buena vida, de lote bien ubicado para construir vivienda, de taller de mecánica propio para su compañero, a quien además como demostración de amor le regaló una ostentosa y poderosa motocicleta.

La investigación se enderezó contra ella y sus compañeros de trabajo para ponerla a salvo resolvieron realizar una asamblea general y hacerla parte de la junta directiva del sindicato. Aun cuando ya se había establecido la inocencia de la señora madre de las niñas y reemplazante temporal en la oficina de recaudos, el proceso penal no había terminado. En esto se produjo la avalancha y hasta el día de hoy nunca más se supo de la sacrificada madre y de sus niñas que se aproximaban a los diez años de edad.

En conclusión, de Armero nos quedaron también buenos recuerdos por la espontaneidad de sus habitantes, porque la política allí era activa, por los planes de desarrollo urbano y por el afecto con que siempre fuimos recibidos.

Por: Rafael Aguja Sanabria, abogado penalista, docente universitario.