Sálvese quien pueda

Luis Carlos Rojas García

Volvió el fútbol, se acabó el confinamiento, todo el mundo a la calle a seguir en el rebusque y, aunque los memes nos hagan reír, la realidad, la cruda realidad no es tan graciosa, mas, cuando tenemos que ser testigos de los crímenes contra la población del campo y de la ciudad. Mas, cuando no podemos hacer mayor cosa para evitar tanta injusticia, tanto dolor y, por supuesto, tanta violencia y sangre. Como decía la abuela: “Estamos cagados y con el agua lejos”.

Podríamos decir que con los hechos recientes el país está dividido, pero, la verdad es que esa ha sido la estrategia desde hace mucho tiempo atrás, dividir para reinar: No obstante, a la final no es más que la misma masacre de pueblo contra pueblo, de gente sin oportunidades que creen que vistiendo un uniforme pueden hacer lo que se les venga en gana y de gente armada de piedras y palos que salen a protestar y a destruir todo lo que más puedan para sentar un precedente frente a la barbarie que nos tiene corroídos.

Entre tanto, los mismos de siempre, sentados en sus cómodos sillones, observan complacidos; todo funciona de acuerdo al plan: divide y reinarás. Pero, el toque final lo dan las redes sociales en donde podemos leer todo tipo de salvajadas y, por supuesto, los medios de comunicación que ahora, por no decir desde siempre, están al servicio de los patrones del poder, no todos, pero sí los que tienen la entrada fija a cada hogar colombiano, hogares en donde muchos solo tragan sin masticar lo que les quieran decir.

Entonces, comenzamos a preguntarnos: ¿Qué podemos esperar de un pueblo ignorante que prefiere la guerra antes que la paz? Nada ¿Qué podemos esperar de un pueblo que tiene todas las pruebas habidas y por haber de cómo compraron la presidencia con dineros del narcotráfico? Nada ¿Qué podemos esperar de un pueblo que justifica cada muerte, que tiene el descaro de decir que las niñas merecen ser violadas o que todo aquel que piense u opine diferente merece morir? Nada ¿Qué podemos esperar de un pueblo que ha visto masacrar familias enteras, que ha sido testigo de las innumerables fosas comunes o de los muertos que van represa abajo y que con el partido de fútbol siguiente olvidan todo? Nada. Simplemente no podemos esperar nada de nada, solo la muerte, porque ahora es tan fácil morir a manos de un policía, un soldado, un grupo al margen de la ley o por quien sea que no guste de lo que estemos haciendo, por simple sospecha o porque estábamos en el lugar equivocado a la hora equivocada y hay un montón de personajes que necesitan justificar muertes para sus propósitos personales.

En Colombia, dice una frase popular de esas que se cuelan ahora en las redes, no necesitan aprobar la pena de muerte, basta con estar en desacuerdo con este gobierno corrupto, basta con ser líder social, indígena, niño, anciano, manifestante, estudiante, mujer, periodista que hace preguntas lógicas y directas, artista o simplemente basta con caerle mal a alguien para que lo sentencien a uno a dicha pena.

Sí, Colombia, parece ser que es un país diseñado para unos cuantos; un lugar que lo que tiene de hermoso lo tiene de peligroso; Colombia parece ser un juego macabro en donde no queda más remedio que gritar: ¡Sálvese quien pueda!

Por: Luis Carlos Rojas García, escritor. 

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