Se le sigue debiendo al campo

Fotos: suministradas.

“A todos los Rigos que no han podido llegar a la escuela”.

Hace poco vi un comercial en televisión donde decían que la educación era gratuita en este país y que los niños se podían acercar a la escuela más cerca para matricularse, que no había excusa. Inmediatamente, recordé que el año pasado cientos de chicos del campo salieron del grado quinto de primaria; chicos, que por lo general estudian en alguna escuela de montaña; niños que tienen que caminar entre dos y tres horas para llegar a esa escuela en medio del verde. Recordé además la preocupación de varios de estos niños porque: no sabían si podían entrar al bachillerato ¿La razón? Muy sencilla: no hay un recorrido que los acerque al colegio, por eso, tienen que cruzar una montaña que parece no tener fin.

Los más afortunados recorren entre cinco y seis horas diarias ida y vuelta. Deben levantarse tipo tres y treinta de la mañana para salir a eso de las cuatro de la mañana, no importa que llueva, no importa el peligro, con la bendición de sus padres, agua de panela y un caldo, parece que es suficiente.

Llegan a los colegios y por supuesto, como todo es asunto de contratos, no les dan un refrigerio. Lo curioso es que en otros países los niños tienen hasta chefs encargados de su alimentación, claro, eso es en otros países, aquí pensar algo así es de ricos o de idiotas.

Ahora bien, hay chicos, que por más que quieran no pueden ir al colegio. Viven demasiado lejos. Por eso escribo que se le sigue debiendo al campo. ¿De qué sirve una educación gratuita cuando no hay los medios para acceder a ella? Eso es como tener un juguete y no poder disfrutarlo. No obstante, lo mismo ocurre con muchos niños en primaria, como me lo decía una mujer campesina: “Prefiero que mis hijos se queden sin estudio antes de repartirlos como perritos”.

Lo irónico de todo esto es que mientras en la ciudad los chicos juegan a hacerse daño y el gobierno sigue con su fachada de: “los estamos ayudando a todos”, la realidad que se vive es otra. Las ayudas no son más que condicionamientos para obtener votos o para que las minas sigan funcionando sin problema o para que unos y otros se beneficien con la necesidad de la gente.

Por tal razón, no me canso de decirlo: no ha existido, no existe y no existirá una Colombia educada con el pésimo sistema de educación que tenemos; no puede existir una Colombia diferente en donde los niños se matan por diversión o venganza, en donde juegan con los sueldos de los maestros y estos tienen que irse de amenaza para que les paguen; no puede y no podrá este país ser mejor con la clase dirigente que tiene, unos fulanos que dicen no tener para mejorar unas vías en el campo y poner una ruta que lleve a los niños a las escuelas y colegios, pero que si se pueden robar el dinero de los refrigerios escolares, de las ayudas, de los impuestos, de la salud y de todo a su alcance. Aunque no se puede culpar solo al gobierno, la gente también hace su aporte, el año pasado para dar un ejemplo, las personas que contrataron para repartir los refrigerios en el Líbano Tolima se desaparecieron y con ellos el dinero que manejaban, sin contar la manera cómo negociaban con los refrigerios de los niños. Afortunadamente se dieron cuenta y ahora tienen a una persona responsable, pero que igual que los chicos, está a la espera de su trabajo ya que no han legalizado el contrato para darles refrigerios a los niños ¡Y eso que les interesa tanto!

Finalmente, debo decir que a alguien le escuché decir que en sus tiempos no tenían refrigerios ni transporte y aun así llegan a sus escuelas, y tal vez tiene toda la razón, pero, como se lo dije en su momento, resulta que los tiempos cambiaron y no es posible ver a nuestros niños campesinos arriando vacas porque no pueden ir a la escuela. Es inaceptable que se sigan robando el dinero y que se desplace a los chicos, porque eso es lo que hacen, los desplazan cuando no les dan las posibilidades de llegar a esos lugares en donde se supone harán el cambio. No importa lo que diga la publicidad amañada de este país, lo que sucede es otra cosa, las estadísticas mienten, mienten en los congresos, mienten en las redes sociales, mienten en todas partes y la única manera de comprobarlo es están ahí, viviendo ahí, sufriendo ahí donde ocurren las cosas. Por eso no es raro encontrar en las trochas y caminos la muestra de lo pasa realmente en este país en donde la educación no es más que otro negocio que beneficia a unos cuantos.

Por: Luis Carlos Rojas García, docente, cineasta.

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